LUZ GRANDE

La luz es más grande que tu,

más grande que yo,

la fábrica, el río y las escuelas;

más grande que las tiendas

departa-mentales,

es tan grande

e insidiosa para el insomne,

como insignificante

para el noctámbulo

que duerme de día.

 

Y hay una luz, aún

más grande que la luz…

cuando me veo en tus ojos.

 

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Beatriz Osornio Morales, de Caligrafías de Sol.

Imagen de la red.

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Diálogo de Pequeños Silencios

(Los silencios discutían una tarde tranquila a orillas de la palabra)

-Dices que hablar por hablar es lo mismo que estar mudos.

-Sí, el problema no es cuando te veo frente a frente, la postura se entiende…más no siempre se goza de tan prestigiada postura como es la presencia.

-¿Entonces cuál es el meollo del asunto según tu?

-Los pequeños silencios… pero no como problema, sino como posibilidad ¿Me entiendes?

-Si los interlocutores no se miran, sobran las posturas, las palabras tendrían que bastar.

A eso me refiero precisamente. Las palabras nunca bastan…(pequeño silencio) ..eh, una mano sobre la otra en postura relajada, bajar los ojos en determinado momento, como sintiendo vergüenza…¿Me entiendes? (pequeño silencio)

( otro silencio)

-Si los interlocutores no se miran, la palabra es la determinación de lo que habrá de continuar, la medida…No hay silencios.

-Los hay, intermedios entre una palabra y otra, una frase dista de la siguiente en cuanto al receptor, hay distancia entre las palabras.

-Pero están las pistas del tono… dependiendo de cómo se digan las cosas, las pautas se van desdoblando puntuales como si emisor y receptor estuvieran frente a frente intercambiando posturas. Sonrisas.

-¿Podría existir el diálogo con solo palabras?

-Ellas son el diálogo en su postura, de la misma manera que las formas de las cosas visibles interactúan entre sí por medio de sus bordes, colores y espacios

—(pequeño silencio)

…y al observarlas podemos relacionarlas.

(pequeño silencio)

¿Sigues allí?

-Aquí sigo (pequeño silencio, mano izquierda acariciando la ceja derecha)

-¿Estás de acuerdo?

El otro silencio voltea hacia el monitor de la televisión.

-¿De acuerdo con qué?

– Con lo que hemos hablado…Siendo silencios…

-Los silencios no siempre hablan de lo mismo, por fortuna. Tú dices una cosa, el otro, otra, y el otro es sólo silencio.

-¿De qué hablas ahora?

-Respecto de la relación entre las cualidades de las cosas. Sigo pensando que las palabras de por sí, no son el diálogo como has dicho. La forma no es la cosa. El color no es la cosa, el espacio…

(pequeño silencio)

-El silencio tampoco es el diálogo…

(silencio prolongado)

-No, no lo es. Entonces ¿Qué es lo que hace que las palabras persistan y los diálogos expiren?

pequeño silencio-

-¿Los hombres?

-Quizás, y tal vez la vida…

 

 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

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HOJAS

Relámpagos

mano que escribe

en el otoño, estruendos…

lluvia de hojas

sobre letras salpicadas

de luz.

Las hojas secas

ayer intactas, caen un día

todas de golpe,

del verde

caen con el aire

a la luz,

en los parabrisas de los autos

llueven,

en el pasto quebradizas

caen, con la lluvia

y el viento fuerte

llueven,

con un rumor

de movimiento de rama,

caen, como vuelco

de hojas

en mi cuaderno

llueven. Y.

La luz se hace otoño.

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Beatriz Osornio Moral. Imagen de la red.

Nostalgia por el instinto

Debilitada por la inmovilidad le sorprende otro noviembre, y otro amanecer en que no hay más que una resaca de nostalgia por el instinto. Para evitar las paredes verde agua que le producen una sensación de nausea, cierra los ojos y piensa que sería bueno levantarse a trabajar, a  mover el cuerpo, a bailar con la poca alegría de los huesos, mejor aún conseguirse un amante cada mes, visitarlo en secreto dos veces por semana, los días que no tenga función; abandonarlo cuando sea tiempo, dejarlo llorando, olvidar, llorarlo hasta el cansancio, desaprenderlo de memoria en el libreto de coreografías pasadas, maldecir mientras camina a la parada del metro. Cree que las grandes ideas se conciben así, casi por accidente pero en movimiento.

A pesar de su cuerpo débil, a pesar de estar sola, quiere ir al bar, sentarse en la barra luciendo su cabellera negra y su vestido guinda que tan bien le sienta, pedir un JackDaniels derecho, un cigarrillo largo de esos que se fuman en las películas francesas y un vaso con agua, inventarle al barman una desgracia o pretender que tiene un oscuro secreto. Y antes de que decida ordenar el cuarto whisky tomar un taxi a ninguna parte, recorrer las calles de la ciudad entera y de vuelta.

En el taxi piensa que los sueños solían ser premoniciones, como el diseño de los pisos. Antes de entrar en algún lugar por primera vez, le sucede que ya conoce el color y el diseño de los pisos, lo mismo con las plazas públicas en distintas ciudades, y el interior de las cúpulas de iglesias, coreografías completas que la hicieron  famosa, también fueron producto de sus sueños. Pero ahora los sueños, de un tiempo a la fecha son cosas a medias, inconclusos de los que no es fácil despertar y volver a tener fe, ni fama.

Un hombre que me quiere es todo lo que tengo -le había dicho al barman-, dos hijos y un corazón tullido que no sabe corresponder al cariño, por eso estoy aquí bebiéndome la amargura del desamor propio.

Con el cuerpazo que tiene usted puede tener lo que quiera -dijo el barman- entre el ruido de la licuadora que mezcla una margarita, y las copas bajadas del peine con movimiento acostumbrado- Podría ser bailarina de cabaret, o de esas finas que bailan en los teatros y viajan por todo el mundo en sus exhibiciones, o modelo famosa, empresaria o… viuda con dinero!- ella le sonríe con indulgencia. El barman descansa las copas en una escarcha de sal.

En la cama trata de moverse, los dedos primero, una pierna, un brazo levantado al aire para mantener el equilibrio, como cometa, la otra pierna le cuelga de la cama, la cara casi totalmente inexpresiva, inmóvil, aunque por dentro sienta que un volcán de dolor le erupciona las vísceras. El dolor de la carne es un alivio cuando recuerda que todavía queda tiempo y vida, esto es distinto.

La enfermera le alcanza el certificado de alta junto con su ropa, y pregunta si le gustaría una silla de ruedas para bajar a la salida del hospital, a lo que responde negativamente con un movimiento de cabeza.

Ya está sobre sus pies al menos, entumecidos por el frío de la inmovilidad amenazan con desplomarle en una semana, un mes, un día, pero sus demonios adentro gritan más fuerte, ¡Levántate, anda!

En la bitácora de citas del hospital, al final de la lista, Sección Quimioterapias, queda junto a su nombre asentada la fecha para la próxima radiación.

En el taxi es presa de pensamientos insospechados. Las cortinas de terciopelo rojo se abren desde el infinito que dibuja la oscuridad superior,  pausadamente se descubre la figura de una mujer bailando sobre las luces de un azul tenue.

Frente a un residencial de departamentos el taxi se detiene por unos segundos pero nadie baja. En seguida el taxi vuelve a encender la marcha.

 

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Beatriz Osornio Morales,  imagen de la red.

La Partida (Tercias)

La gente asume que todavía te quiero

por tu nombre y esa bendita costumbre

de seguir tus pasos donde no hay camino.

 

En mi mente sigues tú recordándonos:

Trazas a  ciegas las calles de Morelia,

y  con dedos blandos lías un nuevo lienzo,

 

calcas  las fibras de mi piel en tus yemas

yo existo en  ese tembloroso sendero

y alcanzo a prenderte de mi pozo en llamas.

 

Como muertos en la escena del crimen;

admitamos que mi rostro, el tuyo,  y también

los garabatos del recuerdo eran ciertos.

 

A pesar de la orfandad entre los gremios

dicen las habladurías que sí te quiero,

vivo o muerto dibujo en el pavimento.

 

Pero tus pasos ya no son tú, son signos

crueles,  indicios de perpetua  partida

y la ciudad en constante movimiento.

 

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Beatriz Osornio Morales, imagen de la red. Magritte, El espejo falso.

De Halloween y El Día de Muertos

 

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Hará cosa de una semana y media…algo así, hice una suplencia en la primaria. Me tocó trabajar con el equipo de educación especial; un grupo reducido de unos cinco estudiantes.

En vísperas de Halloween, se tocó el tema, que además de ser la festividad favorita de una de las para educadoras del equipo de base, es uno de los días que emocionan a los chicos.  La explicación del tema fue acompañada con un video de History Channel para niños, el cual explicaba más o menos detalladamente los orígenes de la celebración de Halloween en USA. Según esto, con la llegada de inmigrantes de Irlanda, arribó a estas tierras dicha celebración. Los antiguos celtas, llegado el final de octubre solían celebrar una gran fiesta llamada “Samhain”  significa etimológicamente: El final del verano. Coincidía con el final de la cosecha y el final del año, fecha en que almacenaban provisiones para el invierno y sacrificaban animales a sus dioses. Los antiguos creían que los espíritus de los muertos regresaban al mundo de los mortales la noche de Samhain, hoy Halloween.   Su regreso era visto como una travesura contra los vivos, por lo cual se hacían fogatas y se disfrazaban con el fin de ahuyentar esos espíritus. Por eso ahora para celebrar, los vivos se disfrazan con atuendos terroríficos para asustar a esos espíritus y mantenerlos al margen de nuestro mundo. Ese es en esencia, el fundamento de la celebración.

Me sorprendió mucho porque después de esa explicación Halloween ya no me pareció tan trivial ¿Trivializar siglos y siglos de tradición?

Una de las cosas que màs me sorprendiò es la diferencia entre Halloween y El Día de los Muertos, su esencia y su forma de celebración. Comenté al final del video que en México nuestra celebración de los muertos es todo lo contrario. Bueno, también regresan los muertos  al mundo de los vivos la noche del 1 y 2 de Noviembre, pero nosotros no queremos asustarlos. Nosotros los esperamos con altares de flores, misas y ofrendas, las cuales incluyen sus alimentos y bebidas favoritas, sus fotografías, pan especial y unas simpáticas calaveritas hechas  y adornadas con azúcar. Celebramos, visitamos los panteones, comemos y bebemos en su memoria, algunos se disfrazan de catrinas y catrines. Considerando que la celebración del 1 de Noviembre conocida como El Día de Los Muertos, para nosotros, tiene sus orígenes primero, en que las antiguas culturas de nuestro país, que consideraban a la muerte como una deidad,  o un paso a otro ciclo de vida, y luego, en lo que es conocido como el Día de Todos los Santos, no debería sorprender a nadie que a nuestros muertos, los esperamos en lugar de ahuyentarlos, pues ya sea que a causa de un sincretismo religioso que quiso alejarnos del paganismo, o ya se trate de una cosmogonía ancestral, para nosotros, nuestros muertos son más santos que muchos vivos.

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Los estudiantes y los miembros del equipo escucharon atentos y también se sorprendieron de las grandes diferencias tradicionales, no sabían cómo se celebra en México el Día de los Muertos. Todos concordamos que las diferencias enriquecen cada una de nuestras culturas, y que en lugar de tratar de copiar o criticar unas u otras, tendrían que ser estas diferencias en tradiciones, motivo  de orgullo y riqueza cultural.

 

Texto: Beatriz Osornio Morales, imagenes de la red.

Una Ciudad de Alas Blancas II

II

Aquí en el cielo raso de este edificio

el aire es fresco, tengo miedo…

el viento se adivina

lleno de pájaros negros,

es duro alcanzar la cuerda invisible

entre los rascacielos, duro,

de no ser por la benda de los ojos

podríamos ver más allá.

 

Dicen que basta con impulsar los pies,

soltarse del cuerpo.

Saltaremos juntos mi reflejo y yo, tú

de edificio en espejo

de espejo en edificio.

 

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Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

 

UNA CIUDAD DE ALAS BLANCAS

“pero dime tú quienes son ellos, esos/ acróbatas un poco más etéreos que nosotros mismos”

 

I

Me considero loco.

Pienso que si nos agarramos fuerte

llegaremos a otra ciudad de alas blancas.

 

Con un poco de suerte

un poco de olvido,

así es más fácil saltar.

 

De un medio día a otra memoria

de una ciudad a otra isla,

de un encuentro a otro

pero solos,

nos llevará el salto

a un signo

de promesa cumplida.

 

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Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

Cita de Rainer Maria Rilke