DETECTIVE DE SUEÑOS

 

No, no me observo mientras duermo como lo soñé un día,  aunque reconozco que me gustaría  poder hacerlo, así que una noche preparé café.

Para mantener despierta  a una persona toda la noche,  y poder descubrir el mecanismo de los sueños recurrentes que venía teniendo desde poco tiempo  después del accidente,  necesitaba por lo menos 500 gramos de grano molido, pero no había café en la casa,  así que puse una olla de agua a hervir y me apresuré a la tienda.

Había contratado un psicólogo que se hace llamar “el detective privado de los sueños” conocedor del asunto, según su anuncio en la sección amarilla donde lo conseguí. El anuncio me pareció sobresaliente del resto por la simpleza en que está redactado:

“ Si persigue sueños sin conseguir alcanzarlos, Si desea encontrar sueños fugitivos,  Si le asecha la sombra de misteriosos sueños, o si tiene sueños recurrentes que le aterran  y desea revelar el misterio de su significado, no lo piense más…llame al Tel. 755-2230  de día o de noche le atenderemos”

Cuando regrese de la tienda ya hervía el agua, lista para agregar el polvo insómnico. Subí la flama a la estufa;  el hervor no tardó en resolver los gránulos y  el intoxicante aroma del café pronto inundó la casa.

El detective llego a los pocos minutos. Era un hombrecillo flaco de peculiar apariencia,  barba tupida y oscura, estatura regular a baja para un hombre, tez almendrada y pelo crespo relamido hacia atrás con alguna sustancia briosa, vestía un traje oscuro.  Al abrirle la puerta, de inmediato uno se imagina un Freud joven. Pero el nombre que dio no tiene nada que ver con la imaginación. Dijo llamarse El Sr. Martínez.

Habiéndose instalado mi detective secreto, café en mano, me desvestí como si estuviera sola. Saqué del cajón de la mesita de luz,  la ropa ligera de dormir, en octubre puede haber todavía una que otra noche calurosa. Miré al espejo, lo que no hago nunca, pero esa noche era distinto, me sentí como cuando alguien sale de casa y de pronto tiene el presentimiento de que no volverá, regresa de la puerta y se despide de las personas con un beso, o ya en la calle voltea a mirar la casa por última vez.

Por fin, me metí entre las sábanas limpias, cerré los ojos con la respiración un tanto agitada. Hasta entonces, el detective había sido paciente infiriendo apenas una que otra respuesta monosilábica a mis preguntas: Sí, No, Quizá. Esas eran sus respuestas. Estaba yo pensando en eso, abandonándome poco a poco a la suavidad de las sábanas,  cuando de pronto,  oí el ruido de sirenas de la patrulla que ya circundaba la escena. El detective toma su radio y acercándolo a su boca, comienza a hablar mientras presiona el botón trasmisor.  “Primera fase del sueño: Expresión de repentina agitación” se retira la grabadora y la coloca sobre la almohada con el micrófono receptor hacia la mujer dormida. Era un caos, no sé de donde aparecieron todos esos carros. Grito, grito fuerte pero nadie parece oír, estoy atrapada en el carro volcado, el cinturón de seguridad está atorado. Grito más fuerte. En eso noto que alguien más está junto a mí, es un hombre, no reconozco su cara, la tiene volteada hacia el otro lado, como tronchada, también está herido. No puedo más, el cuerpo todo me duele y algo no está bien con mi pie izquierdo, no puedo moverlo. ¿Porqué nadie de entre  todos esos carros viene al auxilio? Grito al recordar un nombre, grito aterrada, “es Andrés” repito como loca, “es Andrés” Luego, todo es oscuridad.

La mañana siguiente la alarma del despertador no sonó,  desperté tarde y con el cuerpo adolorido, como cuando has hecho ejercicio o te han puesto una paliza. Ya había salido el sol y por poco no alcanzo el tren para mi trabajo.

Durante el día no recordé nada de lo que había ocurrido la noche anterior, hasta que, después de un largo día de clases ajetreadas y juntas con padres de familia, llegué al cuartito que rento. En mi portafolio encontré un sobre cerrado, lo abrí de inmediato y no podía creer lo que estaba leyendo, hasta que leí el encabezado recordé lo que había ocurrido la noche anterior, mejor dicho, parte de lo que había ocurrido. El encabezado en la carta leía: Significado del sueño recurrente: “Temor a perder a un ser querido”

Sin dar crédito absoluto a lo que acababa de leer, arrugué el papel y lo tiré al contenedor de la basura junto con el sobre. De pronto me di cuenta de que ahora yo tenía mi propia teoría sobre los sueños y no necesitaba un diagnostico para entender me a mí misma.

Es posible que en los sueños no se nos presenten las escenas detalladas con la fidelidad de las experiencias vividas. Un recuerdo es más simple de contar, así que lo contaré.

Iba sola en el momento del accidente donde el conductor del otro carro murió, según la ley,  salí libre de cargos porque las pruebas señalaban que había sido la otra persona quien provocó el accidente al pasarse la luz roja. Con todo y la determinación de culpabilidad, el hecho dejó en mí además de unas cuantas lesiones físicas, secuelas de trauma. Después de eso empecé a tener sueños parecidos, que de tan parecidos pensaba yo que eran el mismo, salvo algunas variaciones,  también soñaba  repetidas veces que venía una mujer mayor a mi puerta y me entregaba un objeto irreconocible, otras veces eran fragmentos del accidente lo que traía.

Vaya a saber si un diagnostico cure las emociones vividas, o simplemente el tiempo dirá.

 

Beatriz Osornio Morales