Retrato de la mano muda

He convocado a la mano como testigo de sensaciones táctiles, más que como un instrumento del sentido, he cuestionado y exigido una declaración clara de mi rostro. Como respuesta, nada, la mano permanece impasible, con la mente en blanco y la mirada perdida.

No sé qué pensar.

Es mi mano y estamos des unidas. La muevo pero el movimiento no coincide con la sensación. Está inmóvil, como hipnotizada,  más que nunca se siente la inmovilidad. La sensación de mi mano es distinta a la visión de la misma.

Es raro hablar en sentido real del tacto, como cuando se habla del interior, suena abstracto. Distinto es cuando el asunto es de la forma: La mano es blanca, tiene cinco dedos y sus líneas se proponen de manera particular, los patrones digitales muestran algo irregular a simple vista, se observan minúsculas líneas diagonales entre una articulación y otra de los dedos, las uñas recortadas. Las líneas de los nexos son visiblemente pronunciadas, la palma de la mano ligeramente más larga que la longitud de los dedos, y con el ancho forma casi un cuadrado. Los patrones capilares predominan en líneas onduladas o en forma de torbellinos. Respecto a las líneas de la vida, recuerdan una ramificación subterránea de cualquier cosa.

Desafortunadamente hoy la mano no ha podido decir más. Se cae de sueño.Aunque es una mano abierta, solo ha revelado lo que ves, y eso es muchas veces indescifrable. Más valiera estar muda.

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de Magritte.

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Del Existencialismo de Sartre

Todo lo que pensamos es nuestra existencia; ya sea que uno ante ceda a lo otro. La cuestión es y  ha sido a través de los siglos, determinar qué es lo que antecede.

Descartes, sí, Descartes decía que  “ cogito ergo sum” “Pienso, entonces existo” o ¿Era al revés? No, ese es el decreto cartesiano.

Desplazandonos unos cuantos siglos hacia acá, hasta los albores del Existencialismo, Sartre  confirmó en la Náusea que “Pensar es existir” pensar en forma de conciencia claro está, de modo que cuando: “Él corre, el corazón corre, el corazón late, es día festivo, el corazón existe, las piernas existen, el aliento existe, existen corriendo, latiendo (…) la existencia toma mis pensamientos por detrás, y cuidadosamente los expande desde la parte posterior, alguien me toma por detrás, me fuerzan a pensar desde atrás, por tanto, a ser algo tras de mí, respirando en ligeras burbujas de existencia”

En otra ocasión afirma que aun cuando éste (el pensamiento) parece abrumar porque se hace imparable pensar cada movimiento: “ El cuerpo vive por sí mismo una vez que ha comenzado, pero al pensamiento, yo soy el que lo continúo, lo desarrollo, existo”

En pantalla se puede leer bastante sobre la filosofía de Sartre, su humanismo-existencialismo, y puede que uno que otro párrafo te aclare algunos elementos que al leerse en las obras con su lenguaje filosófico, pasan a veces de largo, o pasan directamente del razonamiento a un espacio intuitivo en la conciencia. Al leer dichas explicaciones a veces se experimenta un dejà vú, esto ya lo había vivido.

Una de las cosas que me alegró leer después de “El Ser y la Nada”  fue cómo la filosofía de Sartre se opone al concepto Freudiano del inconsciente, que afirma que nuestras acciones y decisiones tienen su mayor motivación en el inconsciente, teoría que como Sartre, yo he desechado como excusa aceptable para quitar a los humanos la característica de la libertad que el individuo ejerce en cada acción.  Aquí un enlace que ejemplifica lo que digo: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-92272014000300006 ejemplos como el anterior hay muchos así como hay detractores.

Si actuamos movidos por circunstancias externas, aun cuando lo hacemos sintiéndonos orillados a actuar, somos libres de tomar una u otra acción,  considerar las consecuencias, valorar los resultados y ponerlos en una balanza. Incluso el no actuar ante ciertas circunstancias es una decisión, así que actuamos libremente independientemente o a pesar de los antecedentes. Decidir con libertad es la única forma de no vivir como esclavos de las circunstancias.

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Beatriz Osornio Morales. imagen de la red.

Una Ciudad de Alas Blancas: poema completo

 

“pero dime quienes son ellos, esos/ acróbatas un poco más etéreos que nosotros mismos”

 

I

Me considero loco.

Pienso que si nos agarramos fuerte

llegaremos a otra ciudad de alas blancas.

 

Con un poco de suerte

un poco de olvido, así es más fácil saltar.

 

De un medio día a otra memoria

de una ciudad a otra isla,

de un encuentro a otro

pero solos,

nos llevará el salto

a un signo

de promesa cumplida.

 

II

Aquí en el cielo raso de este edificio

el aire es fresco, tengo miedo…

el viento se adivina

lleno de pájaros negros,

es duro alcanzar la cuerda invisible

entre los rascacielos, duro,

de no ser por la benda de los ojos

podríamos ver más allá.

 

Dicen que basta con impulsar los pies,

soltarse del cuerpo.

Saltaremos juntos mi reflejo y yo, tú

de edificio en espejo

de espejo en edificio.

 

III

Estoy aquí porque me quedo.

No sé estar con nadie.

Me quedo nomás

a cuenta de una caricia multiplicada,

solo.

Aquí en el frío del cristal,

echandote de menos

el vapor quema

con la herradura del fuego.

 

Por la señal de tu cuerpo

asciendo -primero-

 

IV

Saltar

con los pies juntos y los brazos abiertos,

saltar a un aire más íntimo.

 

En la calle soy loco, disidente

punta del caos y del sismo.

 

No me dejes caer en la oscuridad.

 

¿Sigues allí?

 

loco, perseguido por manicomios

de flores y campanelas,

y cláxones de autos

enredados en los brazos.

 

Enredame las piernas

como raíces alrededor del dorso,

para no descender más hondo

alrededor del anima.

 

V

Al final de toda avenida

hay una galería de idiotas.

 

Yo soy el peor de los locos,

el sol es otro,

la señora del carbón, doña Lucha

el mercado negro,

la niña de las diademas, el tragafuegos,

el señor manco de los caramelos, y

tú junto a mi,

loco sin más oficio

que la locura.

 

VI

Detrás del vidrio

lleno de libros no escritos, ventanas,

adioses que llegan o se van a la cama,

se quedan los besos

colgados a la pared y a las medias,

los sueños de un clavo oxidado.

 

Alguien dice hasta mañana, buenos días,

¿Hay alguien allí?

“Quedarse a puertas abiertas,

irse a puertas cerradas,

es lo bueno del cristal.”

 

La noche no tiene puertas

solo crepúsculos,

aberturas adelgazadas,

llagas en la mirada.

 

Que nos libre la noche

de estar solos,

pacíficos, acompañados, que nos libere

de los títulos y los gobiernos,

de los ángeles y el día de descanso,

de la alegría sin tentaciones,

líbranos

que de los idiotas nada nos libra.

 

Dicen que es duro estar vivo,

yo digo que es duro estar muerto.
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Beatriz Osornio Morales, cita de Reiner M. Rilke, imagen de la red.

El misterio de los guantes

 

El misterio aumenta cada día desde aquella mañana de sol radiante, en la que después de una larga jornada de viaje, Celia desempacaba ininterrumpidamente, acomodando las cosas en el armario, mientras repasaba en su mente cada sueño y despertar que sucedió durante la noche en el autobús, donde difícilmente los sueños nos acompañan por el sobresalto que consume la vigilia del arribo.

Las piernitas del niño se estiran con dificultad, que no llore, va a despertar a medio mundo…

Una plegaria sedativa para mantenerlo callado; duerme niño.

Ha caído la luna como flash, pero la rechaza el cristal de la ventana.

El conejillo de la tranquilidad salta nuevamente al precipicio de una bestia, la sombra: ¡calma niño, estoy aquí!

El ruido del motor se vuelve imperceptible ¿qué estará pasando?…la mujer se esfuerza por recuperar el oído y…en la labor de desempacar la maleta se topa con un par de guantes grises: -¡Dios! no recuerdo haber empacado esto, es medio verano.

Cuando el niño ve los guantes en las manos de la madre, da unos pasos hacia atrás atemorizado… un ¡uy! casi nulo fue su reacción.

Celia no toma importancia, el hecho algo ridículo le parece gracioso y retaca los guantes en el otro armario. Pero hay algo que no sabe explicar, una sensación desconocida, cada vez que alguien cruza el umbral del armario, se siente una fuerza extraña, como si alguien vigilara desde alguna cerradura secreta.

El mismo hecho de retrasar el relato, ha de ser motivo de consternación. Han transcurrido cinco días desde el primer intento, y Celia aún no logra articular secuencias.

Ocurrieron entradas y salidas de barcos en la marina, cambios de habitación, llamadas a la recepción, pero nadie logra todavía abrir el armario donde la mujer colocó los guantes. Presencias que van y vienen pero… Quizá sean las presencias otro misterio en los guantes. El niño simplemente no sabe.

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

Quiere la Tarde

 

Quiere la tarde dormir la lluvia de tres días

que se duerma en el remanso del corazón que sueña,

y cuando llegue la zozobra, la pesadilla, la humedad

exorcice los monstruos del cuerpo,

que se consuma la calidez en los poros.

 

Que duerma la lluvia hoy

mañana y el siguiente mañana,

que se duerma la lluvia en una canción de cuna

no aprendida,

que sueñe la música de las gotas

en la piel desnuda.

 

Quiere dormir la lluvia en mis labios

y despertar la nostalgia de mil noches contigo.

 

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

Caleidoscopio Temporal

Sé que estás allí. Ví tu mensaje iluminar la pantalla de mi celular pero no lo abrí. Ha pasado mucho tiempo desde que hablamos la última vez, y muchas cosas han ocurrido desde entonces. El pensamiento se hace marañas solo de pensar en eso, e intentar abrir el laberinto.

Las nuevas arrugas pasan inadvertidas y todas vienen conmigo a buscar un libro perdido; el título es vago y no lo aprehendo de una vez, he tenido que irlo repitiendo mentalmente por los pasillos. Huelen a polvo, los pasillos.

Los títulos se coagulan en los ojos como sangre recién derramada, una mancha informe, multiforme, ilegible y poderosa, solo sé que lo que busco empieza con la i mayúscula, y que por la foto que ví en la computadora, la portada tiene que ser anaranjada, las letras blancas. No recuerdo ya si la imagen de la portada era un sol negro, un hoyo negro, o un torbellino que succiona la materia, o una masa atmosférica  negra que se hunde en un punto lejando lejano. La dislexia me esta irritando sobre manera.

A lo lejos suena el timbre de un teléfono que no es el mío, me recuerda tu mensaje. Lo veré en cuanto pueda. La gramática se apodera del momento: ¿por qué? en lugar de ¿porqué? La verdad es que no encuentro mucha diferencia de significado. Quizá nunca entendí lo suficiente su poder asociativo. El “porqué” dice el diccionario de la REA que se refiere a la mención de causalidad, pero de una manera explicativa supongo. En cambio “por(espacio)qué” alude a una cuestión. En mi percepción irracional  alude también a una causalidad pero de forma interrogativa y requiere de acento al final para confirmarlo, ¿además de los signos interrogativos?…

Una voz muda repite en mi mente “I am Number Four” el título del libro que busco. He recorrido todos los estantes contra la pared y nada. Algunos títulos sobresalen de entre la maraña “Muerte en Venecia” Thomas Mann. Los de Ray Bradburry se aglomeran coquetamente en mis ojos, con familiaridad saltan emocionados al caleidoscopio…quiero familiarizarme con esa palabra.

El sonido de la calefacción me envuelve como una cómoda sábana donde el tiempo parece que se detiene.

Respecto al tiempo…otra vez, uno es más consciente de él mientras se está en movimiento, así he aprendido mejor su esencia. Cuando manejo en el carro, el tiempo es igual a distancia,  y no deja de sorprender cómo se abarca el espacio en tan poco tiempo. De repente siento que aun estoy dándome cuenta de un tiempo cuando ya estoy en otro, unas cuantas millas más allá, ¿diez respiros? Cuando uno se mueve en el espacio el tiempo se expande en uno; he allí la variación de los tiempos de cada quien. El tiempo verdadero no es uniforme ni simétrico, ni siquiera aprehensible en el lenguaje.

Lo que sé es que llegó el momento de leer tu mensaje tres horas después.

La biblioteca está casi desierta, no importa lo que hayas dicho en tu mensaje, puedes decirme lo que quieras y todo estará bien con el tiempo, a tiempo.

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Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

En el reino de Olvídame

Antes de irte…

quédate  a mirar un segundo

los castillos en sus altas torres, las luces,

y el puente donde nos encontramos

cabelleras al viento,

las manos frías

buscaban calor,

en ese puente

duermen hoy los indigentes.

 

Detente y piensa

en la reina vestida de azúl,

con la manzana exquisita por delante,

la bolsa repleta de condones, caramelos

y agua de colonia barata.

 

Quiero que me olvides.

Será como viajar al horizonte

en el desierto.

En el reino de olvídame

yo también te olvido.

 

No  pienses demasiado

ya has visto las señales;  

el rey y la reina, los ninfómanos,

los paraísos perdidos

en la vecindad,

quedan los laberintos del deseo

lo propio y lo inapropiado, las

cañerías derruidas,

el deseo carnal, primigenio instante,

es cosa de recordar;

pero el olvido es el lugar

perfecto para renacer,

olvídame, excepto en ese instante

bajo las luces de Bengala.

 

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

A las Puertas del Tiempo

Yo rara vez me despido del tiempo, de los emisarios del tiempo, de los números de año, o de los diciembres. Creo que nunca lo he hecho. Para qué. En el fondo sabemos que el tiempo es continuo y fluye con el cauce del río heraclitiano.

Acaso uno puede intentar perpetuar de alguna manera un momento en el caudal que arrastra la memoria a la frugalidad del recuerdo; hechos específicos son lo único que podemos tomar como símbolos para definir cada día, cada año, cada mes, cada año o emisario del tiempo. Ante eso, ¿Qué sucesos definirían mi 2018? ¿y el tuyo?

En mi caso, es y ha sido parte de una etapa, pero aun las etapas nunca se cierran del todo, al menos yo no las cierro, y me da igual si se cierran o permanecen abiertas de par en par, o como una puerta entreabierta por donde el otro lado espía, ya la muerte se encargará de cerrar algunas de ellas de una vez por todas.

En cambio yo he tomado y habré tomado decisiones  una y otra vez de acuerdo a mis circunstancias particulares, de acuerdo a lo que soy y con todo lo que soy, esa es mi única obligación con la vida, SER, y escribirlo,  ya sea que con ello se abran o se cierren las puertas del tiempo.

A mediados de este año abandoné (abandonar sí puedo) temporalmente el blog de paradoxia  www.etcetreadeluz.blogspot.com y entré de lleno a Una Luz Más, este rinconcito donde he encontrado a muchos de ustedes. Fuera de los blogs personales, publiqué en un par de revistas. En Octubre se publicó  Sobre una Pecera en Solo Novela Negra https://punica.es/?s=sobre+una+pecera, y este mes  Mundo de Locos en el No.34 de la revista El Narratorio http://elnarratorio.blogspot.com/p/blog-page_60.html aquí les dejo las puertas abiertas.

En el plano histórico y social, sólo puedo decir que socialmente he tenido un buen de desilusiones, pero no solo en el 2018, ya venía ocurriendo desde que tengo uso de razón.

A las puertas del tiempo me siento satisfecha con lo poco que me queda de este año. Espero seguir escribiendo en este blog. Me viene bien después de que lo tuve abandonado por tanto tiempo.

Esto no es una despedida sino un estar con  ustedes queridos lectores, por este medio se han establecido hermosas conexiones de retroalimentación por aquí y por allá. Cada visita, cada comentario me enriquece y aprendo de lo que ustedes me aportan aquí.

Felices fiestas para ustedes y buenos augurios para el 2019. Espero seguir contando con su presencia. Salud!

 

 

Beatriz Osornio Morales

Viajes con Truman

He viajado algo esta mañana. Primero estuve con Truman Capote en New York, sentados en un restaurante de Manhattan frente a su amigo millonario, George. Truman y yo escuchamos a George narrar la desesperada situación presente de su enredada vida. No basta ser millonario para tener una vida envidiable.

Si pasas tiempo con Capote seguramente vas a experimentar momentos contrastantes.

Truman que al principio pareció resistente a un encuentro con George, con quien según él no tiene nada en común, sin embargo es su amigo, termina tomando le las manos en la miseria de su sufrimiento, la soledad y la casi total pérdida en el alcoholismo y trata de confortarlo,  y a la vez desea poder hacer algo para salvarlo de su desdicha.

“TC: (Al mesero cuando George ordena un trago) Que sea sencillo.

George: (En tono poco agradable) ¿Estás diciendo que he tomado demasiado?

TC: Si tienes que regresar a la oficina, sí.

George: -No voy a regresar a mi oficina. No he estado allí desde principios de noviembre. Se supone que tuve una recaída nerviosa, un breakdown por exceso de trabajo y fatiga. Se supone que debo estar descansando tranquilamente en casa, cuidado tiernamente por mi adorable esposa, quien se ha encerrado en su cuarto de pintura, pintando barcos, un barco, el mismo maldito barco una y otra vez”

Y así, nos bosqueja George la espiral de su desdicha. No importa contar detalles, ni apuntar el dedo a una causa específica, a una persona específica, solo basta decir en este caso, que es admirable la empatía del ser humano ante el sufrimiento, ojalá hubiese más personas con empatía.

De New York a New Orleans, solo me tomó voltear unas cuantas páginas para encontrarme en una banca de la plaza Jackson, aprendiendo nuevamente parte de la vida de Truman Capote. New Orleans es el lugar donde nació y creció, y escuchándolo hablar, no puedo evitar sentirme parte de su soliloquio. Truman es un escritor que con frecuencia se presenta como un personaje más de sus libros, quizá sea debido a su empeño en retratar la realidad lo más fielmente posible. Pero he dicho soliloquio solamente porque en esta serie de relatos su narración es mayormente en primera persona, aunque en algunos relatos de la misma colección maneja mejor el diálogo sin intervención de un narrador, lo cual permite que la historia se vaya contando por los personajes, sus decires y acciones, como en la vida.

“Aun así, un muchacho sale; y ahora estoy aquí de regreso en New Orleans, mi lugar de nacimiento, mi antiguo pueblo, asoleandome en una banca del parque en la plaza Jackson. Siempre, desde los días de escuela, mi lugar favorito para estirar las piernas, y para ver y escuchar, para bostezar y rascarse, y soñar, y hablar a solas. Quizá usted sea una de esas gentes que nunca habla consigo mismo, es decir, en voz alta, tal vez piensa que solo los locos hacen eso. Personalmente, yo considero una cosa saludable mantenerse acompañado de ese modo”

¿Y quién en este negocio de vivir no ha tenido momentos de soledad acompañada? El que sea libre de pecado tire la primera palabra.

Y con esto los dejo para yo seguir disfrutando de mi café caliente.

 

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Texto: Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

Fragmento 1: Del relato: Hello Stranger, parte de la serie de Conversational Portraits

Fragmento 2: Del relato Hidden Gardens de la misma serie.