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De Sus Sueños Literatura Poemas Series

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Obra de arte: violetas Artistas y arte. Artistas de la tierra
I
La flor del miedo crece 
no se sabe bien si
de un escollo tierno,
o del desierto inundado
por extremas tormentas
que violan la semilla.

II  
La indefensa violeta 
crece, 
y crece de las flores 
la tinta nocturna,
distinta a las flores del sol.
Esa flor  te mira 
desde la obscuridad.
Te mira más fijamente 
que un niño.

III
Ya en otro tiempo
nos vaciaron el plato las violetas,
llenando de hojas secas
 el jarrón  marfil.
Pétalos sin raíces
nos  traspasan
los ligamentos de las manos,
desquebrajándonos el cabello
quemado en la epidermis, 
luego de instantes
escurren
mis dedos en los suyos, 
florecidos. 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red
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Interes Social La Musica y yo Uncategorized

Lost on You

Hay una canción que canta un brindis a todo lo que perdí en ti, que a parte de tiempo, no sé qué nombre le daría.

Solían ser muchas las cosas que me hablaban de ti. Solo porque no soy de las que se dejan al abandono, por puro orgullo me convencía cada día que yo también te había abandonado, incluso te abandonaba a diario.

Con el tiempo son menos las cosas que saben tu nombre, ya ni el abandono se llama como tú, y eso que no lo he intentado, realmente en lugar de esforzarme en olvidarte, decidí acordarme de mi todos los días, y para tu sorpresa (seguro te sorprende) encontré una mujer completa; no creo haber perdido gran cosa en ti, acaso, unas cuantas tardes enamoradas en las que me apegaba a ti. Sólo que esas tardes en su momento fueron un plus que no tienen porqué  ser pérdidas ahora.

Todas las cosas que perdí no son esas tardes, no sé cómo se llaman, quizá sean las cosas que sentía solo contigo, pero si no las sentía antes de ti, no eran pérdida, ¿Por qué considerarlas pérdida, si de ello puede resultar algo maravilloso?

B.O.M

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La magia del Momento Literatura Poemas

Estallido

Con la dimensión de las manos,
acunando a un guiño, 
sosteniendo la ostia;
el redondeo de tu cuello,
reconozco la vida de la ciudad.

La primera hendidura, piel
la segunda, deseo.

El infante estira la mano
pero no alcanza a tocar, muerde,
la distancia de las cosas es vasta,
devora hasta el origen de tus tormentas.

¿Cómo se mide el miedo con el que
choca en las aceras la ciudad?

A media noche 
el tiempo va a otra dimensión, 
donde a veces  encuentra una salida.
Minutos antes de morir 
llega al primer paso, la vida entera.
Y ya es hora de desaprender 
lo aprendido.

Esta nueva letra 
sabe acariciarte el rostro, 
experta en la geología de la epidermis, 
con sus capas sensoriales, disemina
la intensidad con que te toca.

¿Cuántos años viajan en su vientre?

Siglos, de por medio ciudades y metrópolis, 
glaciares, galaxias subterráneas estallan,
 con solo tomarte de la mano y saltar a la rayuela,
 juntos.



Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red
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Mirando el reloj

Hay un gato en mi buró.
El desdichado se la pasa
lamiendo los pelos y los bigotes.
¿Lo habré imaginado?

Se tira de espaldas
y siento que tira el tiempo del reloj.

No importa el tiempo.

La flexibilidad felina 
es escurridiza,
no puedo quitarle los ojos
de encima.


Beatriz Osornio Morales. imagen de la red
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El abismo son las guerras

Primera Guerra Mundial - Las Guerras Mundiales

El abismo no es el día que comienza,  ni la noche  escondida tras de éste.

Ni el límite con el contorno de las horas inacabadas. 

No se sabe lo que vendrá y por señales oscuras, el hombre supone adversidad.

Pero el abismo podría existir en la contemplación de una flor, por recurrir a definiciones;

el sol del oriente en su inmaculada claridad carece de suelo.

El abismo es el tiempo donde soy y estoy ausente, lo que sale desde el centro del ser y cruza las fronteras de la piel para destruir. 

El abismo son las guerras,  una y otra las guerras se hacen en poder de los hombres. Las diplomacias son temporales; tarde o temprano la fuerza del abismo humano continua.

El abismo es la pregunta que nunca, nunca se contesta, y no temo decir que el abismo, es solo un pensamiento en el corazón del hombre; la tierra sostiene sus pies.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Cuenteando Interes Social Literatura

El viaje

Un viaje por los mundos surrealistas del artista sueco Erik Johansson |  Gallery | CNN

Se terminaba el verano del año 2013 cuando Aarón emprendió nuevamente el viaje, éste parecía encajar perfectamente en el tiempo y, lo que encaja en el tiempo, es buena razón para pensar que también encaja en la realidad.

Para Aarón este viaje es el mismo viaje de siempre, y por tanto no cabe ni en un tiempo concreto, ni en ningún lugar preciso. Así que contaremos la historia en tiempo presente. Sobre la marcha tal vez haya necesidad de referirnos a distintas escalas y lugares fronterizos del laberinto del tiempo que es la vida, si es que cabe la comparación.

Siento el peso del viernes, no solo mi viernes, siento el viernes de los demás; el viernes de Melani, Roy y Marcel, mis vecinos, eso es lo malo y lo bueno de los días que no trabajo, pero el café ayuda a sopesar el peso de los días.

A medio día Melani, mi vecina, toma las llaves del carro y sale de prisa explicando algo a lo que nadie le pidió explicación “En 15 minutos tengo cita con la maestra de Tony (su segundo hijo) para revisar los progresos que el pequeño ha logrado o no, en sus terapias de lenguaje del último cuarto de semestre. Me preocupa mi hijo…” concluye cerrando la puerta del auto.

Aarón levanta la mano para decir adiós a Tony que se deshace en pequeños y aparatosos adioses.

Tony nació con una deficiencia en el desarrollo cognitivo, lo que le impide crecer como los demás niños. Aprende más lentamente, su habla vino tarde, tiene seis años y su lenguaje todavía es limitado en palabras, a ratos ininteligible. Pero lo que le falta en palabras lo compensa en actitud social, siempre que ve a un conocido, corre a saludar y a querer jugar, lo que prueba que los niños no discriminan, basta que les sonrías y ya está, si acaso se mantienen lejos de las caras largas.

“A veces ese niño me hace pensar en mí, no en la forma de hablar, dicen que yo hablé mis primeras palabras antes de los once meses y desde entonces no paro, de eso siempre se quejaron mis padres y Lucía, mi hermana, que por cierto es muy callada. En lo que me siento cercano a Tony, es en que siempre me sentí extraño en mi propia casa, entre mi propia familia. A él, lo hacen a un lado los chicos de su clase, burlándose de su pronunciación, y en su casa, el padre muestra predilección por los dos hermanos, quizá porque con ellos no tiene que esforzarse más de lo normal para comunicarse”

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A las 4:30 Roy gira la llave del auto para apagar la marcha, mientras verifica que el auto quede bien estacionado en el driveway, y suspira aliviado de que por fin sea viernes. Antes de entrar a la casa, recuerda que olvidó la caja de herramientas en la camioneta. Se quita la chaqueta sucia

de varios días de trabajo como jardinero, la cuelga en la manija de la puerta y regresa a la camioneta.

Cansado de espiar o imaginar la vida de sus vecinos, Aarón recuerda que ese mal hábito, es un callejón sin salida, y casi involuntariamente se abandona a otra observación gratuita, donde el atardecer brilla en un petirrojo, a esto se reduce el viernes; un pájaro rojo parado en la barda, siendo observado desde la ventana por Aarón, a quien le parece oír nuevamente las voces.

“Más tarde limpiaré las herramientas para mañana” Infiere Roy al entrar. Marcel escucha desde el sillón donde ha estado viendo televisión toda la tarde, pero no responde.

“¿Escuchaste Marcel?”

“¿Eh? ah, si, no te preocupes.

“Y el lunes que tú regreses de trabajar espero que hagas lo mismo. Es terrible empezar el día con las tijeras tiesas de clorofila seca y lodo”

“Está bien Roy, ya entendí. ¡Te haces entender muy bien, hombre!”

Roy pone la caja de herramientas en el piso tras de la puerta y se aleja sin más haciendo muecas con las manos. Marcel continúa viendo el televisor. Retoma la escena de la película donde Clint Easwood saca el gran Torino del garaje, y con una sonrisa de liberación maneja por la calle que se encuentra casi vacía por ser temprano en la mañana. Mientras se aleja manejando con el amanecer a sus espaldas, en la pantalla, letra por letra se va dibujando la palabra FIN.

Desde su lugar, Aarón escucha abrirse la puerta de Melani, ha vuelto. Le sucede con los vecinos de puerta contigua que escucha cada ruido casual como si estuviese pendiente de sus vidas y éstas se mezclaran con la suya, pero solo a veces es consciente de ello. Enseguida, Aarón vuelve a escuchar a lo lejos un sonido de patrulla, el cual lo remonta a otra realidad que lo persigue a donde quiera que va:

En el desierto no hay muchos recursos donde esconderse así que tendrá que correr, si no quiere que esta vez, sí lo alcance la migra.

Empieza a correr en dirección izquierda de la carretera que divide el horizonte, pensando que, o mejor dicho, imaginando que el lado izquierdo de cualquier cosa, de cualquier situación es el lado torpe del movimiento, los policías no son ajenos a las trampas del movimiento. Eso le salvó el pellejo en otras ocasiones. Así que corre lo más rápido posible. El agente de la patrulla que desde el principio lo miró perderse en los espejismos de arena, prende las luces de la sirena y acelera, formando una gran nube de polvo a su paso. Aarón sigue corriendo. De pronto, se le agotan las fuerzas, le tiemblan las piernas, no alcanza la respiración bajo el sol inclemente que desciende del pico del cielo, esa gran montaña de la cual, la tarde sería su cima. Entonces,

vencido por la fatiga y la sed, se deja caer cerca de un pequeño montículo de arena, donde espera poder esconderse de los agentes. Maldice en voz alta, porque está seguro de que si pudiese llegar al otro lado del montículo, estaría a salvo, pero en lugar de poderse mover, sufre un acceso de tos. Hace un esfuerzo por levantarse, entonces se da cuenta que la nube de polvo se aleja en la dirección opuesta.

Los oficiales al encontrarse sin camino, sin visibilidad (el polvo) y sin prófugo que perseguir, deciden retomar la carretera y proseguir patrullando el área, como si aquel incidente no hubiese ocurrido.

Después de unos momentos, Aarón recupera el aliento y vuelve a la carretera, donde espera algún auto para pedir ride. Por fortuna no pasa mucho tiempo antes de que un vehículo asome a lo lejos. Al principio se veían solo unos puntos brillantes en la distancia, Aarón pensó que serían un espejismo más del desierto, del sol, o de su fatiga, con todo, no pudo evitar sentirse emocionado, casi delirante. Caminó un buen tramo con la mano levantada en señal de “ride” antes que el viejo Renault disminuyera la velocidad a unos diez metros de él.

El conductor del viejo Renault (Un hombre de mediana edad, de cabello cano y avanzada calvicie) para sorpresa de Aarón, empieza a disminuir la velocidad en cuanto se cerciora de que el bulto en la carretera no es producto de su imaginación, o una figura de polvo, de esas que forman los remolinos. Es un hombre.

-¿A dónde vas amigo? –pregunta el hombre del Renault. Más tarde Aarón aprenderá que se llama Zacary en este país.

-A cualquier pueblo en esa dirección –responde Aarón apuntando con el dedo índice en sentido en el que maneja Zacary.

-Yo solo llego a Renho. Si te sirve de algo súbete.

Aarón se sube al auto que lo llevará, a lo que espera sea un nuevo mundo, un mundo definitivo, menos escarnioso.

Beatriz Osornio Morales

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El poema del soneto

Surrealismo, psicoanálisis y el estudio de la psique en la pintura -  ttamayo.com

Algo así como  media hora de tinta azul, y monotonía esforzándose por pensar algo concreto, y nada; esa cosa insustancial de la que tanto se habla en filosofía, la nada astuta del nihilismo. Entre lo concreto y la nada está el nihilismo.

Quiso hacer un poema del soneto, expuesto a sus medidas, despojado de la rima. No es seguro que lo haya logrado, el caso es que, hay un plano con esqueleto azul, desde donde se erige un castillo cerca del medio día.

Concluyó que el soneto no es un poema de la noche, digan lo que digan. Uno se figura que ocurre en plena luz del día, como algunos crímenes insólitos, te encuentran desarreglado, ya sea que aun lleves la corbata bien puesta, pero con la bragueta abierta, por descuido, el labial corrido, no falta alguna vulnerabilidad.

B.O.M. imagen de la red

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Naturaleza muerta


Escena de la película de Jia Zhang ke “STILL LIFE” una película paradojicamente, llena de vida y que yo llegué a ver por Septiembre de 2009.


Desde abajo se aprecia la figura de un hombre golpeando sobre un tubo ancho de hierro, en una fábrica en demolición sobre los bancos del río Amarillo de China. Es un día nublado. La escena es la de David contra Goliat. La fuerza de su brazo delgado es capaz de conmover la materia del enorme cilindro mediante la repetición del movimiento. Con cada masazo, el hombre tiene la esperanza de llevar comida para su mujer y sus hijos, y no importa qué tan nublado y frío este el día, o qué tan duro el metal, los incontables golpes del día tras día, escurrirán en sudor de su frente a lo largo del cuerpo entero.

Para quien observa desde abajo, el pequeño ser que golpea con fuerza rítmica, no es más que un engrane más de la fábrica, una manija que empuja el mazo contra el metal, movido por el mecanismo de la demolición. Siempre otras fuerzas van generando la fuerza demoledora, la del hombre, la del brazo, la del maso, la del tubo, la resistencia de la materia. La voluntad humana y la resistencia de la materia son las fuerzas en coalición. Pero el sonido escapa al paisaje de naturalezas muertas, ¿Será porque no es una fuerza sino una consecuencia de otras fuerzas?

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Escribir con agua


Estoy sin palabras< 
solo tengo agua en las manos.
Solemos dejarla gotear mis manos y yo,
Gozamos al sentir como resbalan 
gotas indefinidas
de forma tan definitiva.
Yo cuento sin contar el goteo en el 
piso.

Al mismo tiempo,  
tú y yo estamos callados
en la habitación contigua. 
Nos miramos incesantemente
los labios.
Mientras las manos cuentan historias 
para calmarnos la distancia.

Yo sigo aquí sin saber porqué.
Me hace sonreír la gotera en la habitación,
nos abrazamos, arrecia la lluvia.

Nuevamente lleno la tinaja 
hasta el borde.
Intento agrandar el hueco 
del agua derramada,
es tan clara.
Pero la mano, en un acto inesperado
se olvida del cristalino vaso, y prófuga
limpia algo en la comisura de tu boca,
donde otra gota estalla.

Se  oye como si vaciaran agua.
El goterón desaparece.
Luego haces que me siente en la bañera
miras escurrir el agua tibia en mi pecho.
-Yo sigo sin palabras-


Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red