EL SILENCIO NO ES LA NADA

 

Del bullicio al eco…

entre labios rojos

juegan los vocablos.

 

De la brisa de éste mar

a otras orillas…

izadas las velas navegan nuestros barcos.

 

Del centro de la tierra a las estrellas…

minerales inaudibles

sueñan nuestros cuerpos.

 

De tu lengua a la mía…

a pies descalzos,

brotan sílabas que  unen.

 

Del beso blando a la roca…

y abordando  trenes,

llegan nombres de ciudades

lejanas.

 

Del silencio a la nada…

en aeroplanos,

viajan las palabras de los que se aman.

 

 

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

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El Tren de la Muerte

Por: Beatriz Osornio Morales

 

Alguno quizá  haya escuchado hablar de una cosa terrible llamada El Tren de La Muerte, alias La Bestia, devorador de los migrantes.  Este Tren es el medio que miles y miles de centro y sudamericanos utilizan para atravesar México con la esperanza de llegar a la frontera con USA,  a fin de cruzarla y poder mejorar sus condiciones de vida y la de sus familias. Viajan montados arriba, expuestos a muchos peligros y miles de migrantes mueren en el trayecto. ¿Será posible considerar la posibilidad de que para algunos, el tren de la muerte haya significado finalmente el Tren de la Salvaciòn? parece broma insinuar  eso, pero…

La primera vez que escuché hablar sobre el Tren de La muerte,  fue en el libro de Isabel Allende que se titula justamente, Más Allá del Invierno (In The Midst of Winter). El tren de la muerte no es el tema principal de la trama, forma parte (muy poderosamente) de las historias secundarias que explican la trama principal a lo largo del libro.

Desde entonces he investigado y me ha dolido mucho saber.

 

La trayectoria  del tren de la muerte comienza en Chiapas o Tabasco, México,  y atraviesa partes del estado de Veracruz, Mèxico, San Luis Potosí, etc, hasta llegar a la muy resguardada frontera con USA. Cabe señalar que los más de 1,000 migrantes (Se desconocen las cifras precisas de indocumentados)  que abordan éste objeto del diablo, digo de carga, han tenido ya que superar las penurias y los obstáculos para cruzar sabe Dios cuántas fronteras. Subidos en el lomo de la bestia, agarrados de cualquier soporte y entre los carros de carga. En ese trayecto, los migrantes enfrentan los peligros de asesinos, traficantes, violadores, accidentes, hambre y enfermedades. Las mujeres y niñas pueden ser vendidas como esclavas o prostitutas, y todos pueden ser víctimas del asesinato por tráfico humano o de órganos humanos.  Existen muchas historias tristes al respecto, por ejemplo esta en la página ZonaJ.net:

“Se llama Mario. Dice que tiene 28 años, que es de Guatemala, que él y su novia, Elsa Marlen, de 19 años, embarazada de gemelos, apenas habían iniciado su viaje hacia Estados Unidos cuando en el municipio de Huixtla, en el Estado de Chiapas, Elsa Marlen desapareció.

Dice que él la buscó durante semanas y que, buscándola, desanduvo sus pasos y regresó a Guatemala. Que fue allí donde meses después, y a través de fotografías que le mandó la cancillería de su país, reconoció el cadáver de su novia. Tenía las manos cortadas. La habían enterrado en una fosa común.

He vuelto a México para matar a los asesinos de Elsa Marlene.”

Toda la gente que a diario intenta cruzar primero la frontera con México, siguiendo la odisea de montarse en el tren de la muerte con peligro de no llegar, o de simplemente desaparecer, huyen de condiciones extremas de pobreza o de violencia. Algunos desaparecidos podrán correr con la suerte de que después de ser buscados incansablemente, sean reconocidos con vida o sin vida, otros no tienen ni la suerte de ser encontrados o identificados jamás.   Y los que logran llegar a la frontera con USA, son un mínimo porcentaje de los que emprenden el viaje, de esos poco todavía menos o ninguno logrará alcanzar el tan ansiado “sueño americano”

“Somos el tiro al blanco de todo, sufrimos frío, hambre, lluvias. Es el tren de la muerte propiamente”, dijo Juan Matamoros, un hondureño a quien Ultreras encontró en el camino.

Juan Ultreras es el cineasta mexicano que produjo un documental llamado precisamente “La Bestia” y narra que hasta él fue víctima durante ese tiempo de trabajo, ¡increíble!

“Sufrí también los abusos de las autoridades, aún con la ventaja de que yo podía irme a mi casa en cualquier momento. Me acusaron de invasión a la propiedad privada federal, me interrogaron, me trataron con el típico juego psicológico con que intimidan a la gente” narra el cineasta en el artículo de BBC Mundo https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/10/111020_inmigracion_labestia_aa

Si eso le pasa a un cineasta que va con los permisos legales previstos, no puedo ni imaginar lo que pasa con las niñas violadas, vendidas, por el resto de sus vidas ¿Estas víctimas escapan algún día de ese otro infierno, (quizá sea la continuación) o lograrán escapar o ser rescatadas, y si es así, cómo se sacan la violación, los usos y abusos, la violencia de la carne, de la mente, del alma?

Existen historias verídicas sobre la experiencia en el tren de la muerte que lo dejan a uno con la sangre helada:

Jon Sisteaga, reportero de El País, nos cuenta en su publicación del 13 de Enero del 2012 como en su intento por investigar lo que viven los migrantes que se montan en la bestia, le toca ver y escuchar sobre el precio del sueño americano,  que estos migrantes están dispuestos a pagar para escapar de precarias y violentas situaciones de su país:

“Suenan dos silbidos largos y agónicos. Son las tres de la mañana. El tren de carga que hace la ruta hasta Medias Aguas inicia su camino. Corremos con nuestras cámaras y nuestros garrotes porque hay que subirse en marcha. Correr un poco hasta ponerte a la misma velocidad que el tren y entonces saltar a la escalerilla del vagón procurando que la inercia que provocan las ruedas de acero no te succione. Decenas de migrantes han fallecido o han sido amputados de esa manera. He visto a algunos de ellos. Me han contado como se cayeron, o se resbalaron, o fueron empujados durante un asalto. Es el tributo que se cobra la Bestia. Para que pasen muchos de ellos, se tiene que quedar con alguno. Y lo que mas me sorprende es que, efectivamente, a pesar del peligro no dejan de subirse a ese tren que les lleva hacia el sueño americano”  Aquí puedes leer el artículo completo: “No te duermas, sobre todo no te duermas” | Internacional | EL PAÍS

 

Hay quien sospecha que algunos operadores del tren pueden estar vinculados con los carteles, Las Maras y los Zetas principalmente, y con el crimen organizado, miembros de empresas y gobierno,  que a la par comercian de otras formas clandestinas para que estos puedan asaltar, robar, extorsionar, violar, abusar, utilizar y traficar a los vulnerables migrantes.

Se entiende que no es un solo  tren, es una red de ferrocarriles conectada, de tal modo que hay lugares en las que los migrantes se tienen que bajar y esperar a que pase el siguiente tren, mientras tanto son presa de delincuentes, así van quedando desaparecidos de lugar en lugar.

En algunos sitios existen albergues para aquellos migrantes que no poseen con qué pagar cama, techo y comida hasta su siguiente salida, si logran llegar a esos albergues sin ser notados quizá puedan continuar el trayecto, otros esperan dormidos a orillas de las vías para que no los deje el siguiente tren. Mucha gente no sabe de los albergues que supongo no se anuncian para no atraer la atención de los predadores. Además de que para los migrantes indocumentados no es fácil confiar en nadie, lo cual hace la  tarea de ayudar y ser ayudados casi imposible. Y hay que recordar que son indocumentados y no cargan documentos de identidad para no ser identificados y deportados de México.

Sin embargo, ¿Los que perseveran podrían hablar de su suerte ante la desgracia de los que quedaron en el intento? No estoy segura de quitar los signos de interrogación aquí, pues tristemente muchos quedan mutilados https://es.panampost.com/ysol-delgado/2016/08/16/conozca-a-cinco-migrantes-hondurenos-mutilados-por-el-tren-de-la-muerte/?cn-reloaded=1

y con los sueños destrozados, pero quiero pensar por un momento, que algún día el dolor más crudo sana, y quizá entonces,  tengan la oportunidad de poder disfrutar algo de su vida y de poder sentirse orgullosos de su perseverancia hasta el final, ya sea que hayan alcanzado el “sueño americano” o que la vida les insistiera desde otros lares.

            

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Imagen de la red.

Años Después del País de las Maravillas

 

Llegué de trabajar a las 2:30. El estaba sentado en el sillón con un vaso de agua y hielo, más hielo que agua.

 

Dijo que no hacía mucho había terminado de arreglar la puerta de la barda en la parte de atrás de la casa, por donde estaba el pasadizo. Recién terminaba, dijo.

 

Asumí que no era tan recién pues estaba vestido con ropa normal, no de trabajo, lo que indica que ya se había bañado, y por el olor en la cocina, había comido. Dos rosquillas con queso…dijo.

 

Luego saltó al tema de las botas… mis botas cafés. Cuando entró de arreglar la puerta, se topó con unas botas que parecían listas para tirarse a la basura. Entonces ví las botas relucientes.

 

-No soporto ver una persona con los zapatos sucios, dijo- Eso lo sabemos los dos. Yo lo sé y sentí un poco de pena ante el nuevo lustre de las botas.

 

Le agradecí que las haya limpiado, al tiempo que sonreí divertida por su intolerancia, ¿o es amor?

 

Más tarde me sentí eufórica no sé por que,  fue como pasar de una realidad a otra más emocionante. Analicé un poco y una parte mía insinuaba que era buen augurio, intuición de que algo bonito iba a ocurrir nuevamente. Otra parte de mi, me previno  de confiar en esos arranques que a esta edad podrían ser trampas hormonales. La vida nunca es lo mismo después de Wonderland.

 

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Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

Grito Nombrándote

 

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Soñé que te perdía en una ciudad de Italia;

no tenía nombre que recordar pero

había un carnaval de máscaras.

Soñé que era grito.

Detrás de las máscaras

el óvalo de los rostros se insinuaba borroso,  hueco.

Las calles hervían con gente en direcciones opuestas,

y el grito  nombrándote chocaba con las formas

de los transeúntes, se atoraba en sus vestidos

con olor  a sexo, tabaco y alcohol,

en sus caras sin rostro transformándose.

 

Mis pasos corriendo se desgastaban en el mismo lugar.

 

Cuando ya no pude más, grité fuerte para vencer

la angustia de quedar atrapado como una pelusa en algún bolsillo,

ante el horror de no encontrarte, grito desperté

y estabas durmiendo junto a mí, pacífica.

 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de Edvard Much

La Mecánica de las Muñecas

… Inclusive pensaba salir a navegar esta tarde, con solo un barco de papel en el bolsillo y unas cuantas palabras desaliñadas al reverso de la vela, pero sonó el timbre de la puerta y aunque tuve la corazonada de no abrir, me invadió una sensación  de  culpa y responsabilidad,  como la que padecen algunos cristianos por la muerte del Redentor, era la niña que vive en la casa de enfrente, traía consigo una muñeca descabezada.

-dice mi mamá que si podría arreglar a Tatiana- se apresuró a decir la niña sin siquiera saludar.

La tarde en el río debía ir ya rumbo al naufragio, bajo el follaje de los árboles cubiertos por la luz del atardecer,  las sombras  expandiéndose en todas direcciones al grado de eclipsarse unas con otras jugarían a ser la noche. El otoño tardío es así, la noche no se hace esperar.

-Supongo que Tatiana es esta señorita de ojos verdes- respondí al tomar la muñeca  y la cabeza que la niña me extendió, una en cada mano,  mientras me miraba a la cara con una sonrisa expectante.

-Sí, yo misma le puse el nombre-

-ah! es lindo- dije

– Mi abuelita era rusa ¿sabe?- increpo la chica un tanto orgullosa de su lógica respecto a  nombres- y como Tatiana fue un regalo de mi abuela antes de morir, supuse que a la muñeca le gustaría llamarse de tal forma que se le relacionara con Rusia…después de todo también ella es rusa- continuó diciendo la niña.

-Ya veo.

-¿No le parece que tiene sentido?

-Absolutamente…pero dime, ¿cuántos años tienes tú?

-Ya cumplí ocho- dijo esta despejándose  de la cara un mechón de cabello rojizo que se le había escapado de la trenza,  tejida al centro de la cabeza en forma de gajos alineados.

-Veré qué puedo hacer por Tatiana.

-¿Puedo venir mañana? es que duermo con ella…y tengo que peinarla todos los días, mi abuela decía que en Rusia, las niñas aprenden el cuidado de los otros por medio de las muñecas…aquí solo jugamos con ellas, pero… -Yo miraba con curiosidad-  verá usted, si  no puedo cuidar una muñeca no seré capaz de cuidar a nadie- continuó diciendo la niña,  consternada.

-Es mucha responsabilidad para una pequeña- sugerí  en mi mente -pero me temo que esa es la realidad, no sólo en Rusia, el instinto maternal de las mujeres se explota desde los primeros años. En una cosa tiene razón la niña, aquí solo juegan con las muñecas… y cada vez se reparan menos, las muñecas y otros juguetes se desechan en cuanto algo falla o se rompe.

-¿Cómo te llamas?

-Sonia! -respondió la pequeña con una mueca vivaz.

-Claro,  Sonia,  puedes venir mañana, no te aseguro que este lista porque tengo otras muñecas que arreglar, pero  al menos puedes peinarla ¿te parece?

-Bueno, hasta mañana- se despidió  Sonia tranquilizada por la posibilidad de visitar a Tatiana,  de igual manera que se visita un enfermo en el hospital. En seguida,  dio  vuelta para bajar el escalón del portal.

Yo la observe cruzar el patio y la calle de enfrente,  como se miraría el barco de papel alejarse en la corriente de un río tranquilo,  pero invencible, pensando a la vez en las  muñecas rotas que me aguardaban en el ático. Cada una con su nombre e historia personal, aunque esta última imaginada, conjeturada por las lesiones,  y una que otra recomendación de las dueñas.  Los detalles específicos, nunca los he querido saber. Razones personales, re huyo a la literalidad, de otro modo  no estaría en este negocio, las muñecas me salvan del naufragio.

 

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

Memory Land

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En tierra de la memoria hay que andarse con cuidado, tantear los pasos, sopesar los sueños, pisar con todo el cuerpo o de puntitas para no caer en los pantanos; esa sustancia gelatinosa que engulle con una fuerza de gravedad espantosa, si te abraza del todo puede que te dañe los huesos.

En Memory Land también hay prados verdes, donde pasean las aves como corderos  descansando de su vuelo.

Ya  estando aquí, te das cuenta que el viento habla, esto es un recuerdo dice; el idioma que entonces no entendiste está claro hoy en Memory Land. Y es que hoy la luz ilumina parcialmente las nubes y florece los dorados y lavanda que conversaban a orillas de la mente. Es real, que no te ciegue la telaraña del sueño.

Aquí hay que tantear el siguiente paso…Seguir o regresar.

Hay un elevador en Memory Land y un calabozo: Subir simula volar, bajar, la chimenea encendida en las tinieblas donde acechan  insospechados recuerdos. Subir traza nuevos caminos, mientras que bajar recuerda.

Ya sabías que el  agua estancada no va a ningún lado, lo único que se mueve en la superficie es el viento ¿Recordaste algo? Sí, es la tierra de la memoria, también ese aroma que parece nuevo es un recuerdo, esa lujuria, recuerdo de la primera lujuria así haya sido un beso o el primer deseo; La piel no olvida.

Una vez aquí tienes que entender que Memory Land es una gran ciudad con grandes moles de distinta naturaleza. Yo me compré un departamento en el barrio de la nostalgia y qué crees, tiene todas las vistas. Y aunque desvivo en un área intermedia de la ciudad,  o viajo constantemente porque no tengo casa, paso largas temporadas en mi departamento, es muy cómodo y se puede pasar buenos ratos, se puede invitar a medio mundo, aún los ciudadanos de la tristeza y los amantes vienen de vez en cuando a bailar. Cualquier amigo puede visitarme aquí y recordar que Memory Land es el lugar perfecto para un encuentro, sin apuros ni noción de la economía, ni conflictos políticos, ni desastres, ni miseria, y si por accidente caes en el pantano, piensa la mejor palabra que recuerdas.

La memoria puede ser un lugar feliz, es el único lugar donde mi memoria se transforma en la tuya y la tuya sin saberlo es también Memory Land.

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de Marc Chagall.

 

Manual para un Día de Lluvia

¿Qué hacer en un día lluvioso?

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  • Levántate tarde. Si te despiertas temprano y escuchas la lluvia salpicar afuera, y los truenos jugando a derrumbarse en las azoteas del cielo, quédate en la cama y duerme.
  • Si dormir es imposible disfruta el concierto.
  • Lee en la cama.
  • Toma tu café allí mismo
  • Inventa un manual personal para un día de lluvia.
  • Escribir en la lluvia trae algo de esperanza.
  • No tengas miedo a los recuerdos que con excusa de la lluvia llegan como fantasmas a posarse en tus piernas, bajo el encanto del agua se tornan amigables.
  • Quédate en pijama, o si lo prefieres ponte tus mejores ropas ¿Por qué no arreglarse para un día de lluvia?
  • Haz el amor a toda hora.
  • Haz el amor con la comida.
  • Embriágate de placer en la piel y en las palabras. Lo único desafortunado es el cielo gris.
  • Observa el río sin nombre por la ventana.
  • Antes de caer, la gentil caída nos recuerda el roce de una seda fina.
  • Las gotas en el río no explotan con ese burbujear hipnotizante, sino que se expanden, se alcanzan unas a otras.
  • Es un acto amoroso la lluvia, las gotas en el río.
  • Reza para que no tengas que ir a ningún lugar, trabajo por ejemplo, y si lo tienes no te preocupes, con frecuencia la lluvia pasa desapercibida en esos casos.
  • Si estás de vacaciones y te toca un día lluvioso, hay juegos de mesa que ayudan a mantener la calma.
  • Haz el amor nuevamente, todo el día.
  • Escucha tu música favorita.
  • Sal, siente la lluvia en la piel
  • Prueba la lluvia, es dulce.
  • Te advierto que recordarás por siempre el olor de la lluvia. Huele a yerba verde, a tierra mojada, huele a sombras.
  • Cuando llueve huele a todas las cosas, incluso el aroma de lo que el sol madura es más intenso.
  • Cuando llueve es el mejor tiempo para amar.
  • Abraza, besa bajo la lluvia.
  • Siente el calor de otro cuerpo bajo la lluvia.
  • Vive bajo la lluvia.
  • Adivina lo que estoy haciendo…

 

Beatriz Osornio Morales. 30 de Julio de 2018. Surfside, South Carolina.

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El Café Está un Poco Amargo

 

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Esta mañana me corren carreteras en el estómago. Su viento inequívoco me advierte las distancias y travesías, dejando en las orillas sus orígenes y sus destinos aparentemente  hoy inalcanzables.

Me corren en sentidos opuestos carreteras nunca derechas, curvas de sol, asfaltos, vuelcos de corazón doblados, velocidades elevadas. Un  viento las hunde y yo las contemplo con el vértigo de las alturas, con el paso de los borrachos me equilibro en esa cuerda invisible, deshojando en la memoria una flor extinta. El café está un poco amargo.

En el siglo 16 la verdad era más verdadera, ahora cada verdad tiene sus verdades y sus mentiras se consideran también verdades a la sombra de las plantas y la amibas.

Es tan extenso el espacio interior que le caben los pasos, los vuelos, los viajes nunca realizados con sus respectivos aromas, se cree que cada palabra es un destino pero solo es una travesía que tarde o temprano se consuma. ¿Habrá palabras que nunca se pronuncian?

Al releer esto quiero arrugar el papel y tirarlo a la basura, sin embargo, simplemente  suspiro ante la pantalla.

Hay que callarse por momentos la tortura del verano.

Estos días largos  incomodan y empujan a la temporalidad de la carne.

La verdad de otros siglos, las palabras, las vías en tránsito, mi estómago,  incluso la curva del sol, todo es absurdo esta mañana. La única verdad probable es que el café está un poco amargo y es rico.

 

Beatriz Osornio Morales.

Sentirse A gusto en su Propia Piel

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Estos días he pensado en la disparidad del valor que se da al color de la piel en México. Ese falso valor está muy arraigado,  tanto que dirìa yo que reside en el ADN de la historia misma del país. Un ADN alterado drásticamente durante la colonización española.

Si bien antes de la colonización, existía la discriminación por clase social y económica, no existen indicios de la disparidad del valor por el color de piel.

Los españoles llegaron del oriente hechos uno con sus bestias (caballos), y los nativos que una vez habían sido abandonados por su dios principal Quetzatcoátl, el cual prometió regresar cuando el tiempo fuera propicio, y habiendo pensado los nativos que aquel arribo se trataba del ansiado regreso de su dios,  creyeron lo primero que les enseñaron los españoles, a menospreciar su identidad morena. Y no importa después de siglos que la colonia se haya independizado de sus colonizadores, el desprecio por lo moreno sigue controlando secretamente la escala de valores en la sociedad.

Basta que te dirijas a alguno con el adjetivo “moreno/a” para ser linchado verbalmente con acusaciones de racismo. Sin embargo, vas por la calle, entras a los mercados y se escuchan frases como “Pásele güerita” “Páse güero” “¿Qué va a llevar güerita” y nadie se ofende por ello, se toma con naturalidad. Así de disparejo y crónico es este  sistema de valoración.

Tras el reciente triunfo presidencial de Andrès López Obrador, al frente del nuevo partido o movimiento creado por él mismo y que llamó Morena,  Movimiento de Regeneración Nacional, el término morena no sé si fue utilizado con alguna secreta intencionalidad, pudo haberle llamado Partido de Regeneración Nacional sin alterar el concepto ni la ideología, o qué sé yo, y no contaban con que utilizar el término para referirse a los seguidores de morena, habría de ser inevitablemente morenos o morenistas,  y eso podría herir susceptibilidades, o a la mejor si contaban con esto y qué. Esto ha desenterrado un pasado discriminatorio en algunos, y todos los complejos de inferioridad han sido confirmados tras una ola de insultos de partidarios que se ofenden más por dicho calificativo que si los comparan con alguna élite nacionalista enconada y maliciosa en USA. A mí me pasó en carne propia. Me puse a comparar en alguna red social el extremismo (que en muchos casos raya en radicalismo) de los morenos con el nacionalismo de los seguidores de Trump, ni siquiera fue comparar a Lòpez Obrador con el actual mandatario en USA. Lo primero que pensaron es que me refería al color de su piel,  y vaya que no tardaron en aparecer los reclamos y el escarnio de ambos lados, pero se ofendieron más porque utilice el calificativo morenos que por la comparación. Nadie mencionó siquiera la para entonces no tan disparatada comparación, y en cambio sí sacamos involuntariamente una indeseable brutalidad. No puedo creerlo.

¿Será que aun nos sentimos inferiores ante el valor del individuo blanco por el simple hecho de ser morenos? y los blancos ¿Se sienten superiores por el simple hecho de serlo?

No existe auto desvaloraciòn más incomprensible y ridícula para mí. Voy a contarles otro dato curioso en mi experiencia personal.

Mi marido es inglès de nacimiento y cuando recién nos casamos vivimos como tres años en México. Yo trabajaba y él hacía las labores domésticas, incluyendo las compras de mercado a pesar de su limitado español. Al principio llegaba del mercado y me preguntaba a qué se refería  la gente cuando le decían güero “Páse güero” le decían en todos los puestos. Le comenté que quería decir rubio o blanco, y se sintió un poco víctima de racismo; así es, en otros lados no es aceptable dirigirse a las personas por su apariencia física. Entonces le aclaré que en mi país vergonzosamente el término güero no tiene una connotación ofensiva o de inferioridad,  sino de cariño o hasta de superioridad, depende del tono con que te lo digan, y se quedó un poco más perplejo-tranquilo, y no del todo convencido por todas las diferencias que se hacen entre las gentes: nacos, gringos, güeros, chaparros, gordos, pobres, ricos, viejos, etc. ¿No podemos describirnos màs amablemente?

Es posible que los blancos se sientan superiores simplemente por el reconocimiento  de los otros, pero somos nosotros los que seguimos fomentando dicha superioridad al ofendernos cuando nos dicen morenos, prietos, aunque sea entre nosotros mismos, pero  no cuando el adjetivo güero/a es utilizado. Y así, el racismo seguirá fermentando insanamente el ADN de la historia universal.

La belleza y el valor de una persona no radican en el color de la piel, sino en sus características y valores humanos. Hay personas bellísimas de distintos colores y sabores.

Aquí en USA, mucha gente blanca admira tanto la piel morena que le dan un súper valor de calidad saludable. Ellos quieren ser morenos, así que desde jóvenes se van a los laboratorios de bronceado artificial, donde no les queda más que una máscara blanca alrededor de los ojos y quizá las marcas de la ropa interior, pero ellos se siente orgullosos de su bronceado. También se exponen tanto al sol que tarde o temprano, les queda la piel achicharrada y llena de pecas; una piel blanca que se expone demasiado al sol o se amorena artificialmente  a menudo, no tarda en perder su vitalidad natural. ¿Porqué entonces desdeñar nuestra morenidad natural?

A mí me encanta la incandescencia del moreno natural, lo mismo que admiro una lúcida piel blanca en su blancura natural, o una vigorosa piel negra.

Aunque dicen que tarde o temprano el pasado se desentierra y es posible que sea cierto, el asunto de basar el valor de un ser humano en la característica del color de la piel, es un error que estaría mejor  enterrado para siempre en las profundidades cada vez más remotas de la historia, y no en las profundidades del pecho, ni bajo la bella piel negra, blanca, azúl, morena, roja, o morada, donde tarde o temprano e injustificadamente quizá algunas diferencias a veces duelen.

De la brutal desvalorización del racismo y discriminaciòn en Mèxico podemos seguir culpando a la Malinche o a los españoles, pero en realidad ella, una vez que se dio cuenta de que los españoles montados en caballo no eran Quetzalcoátl, que regresaba del  remoto abandono de años en el que dejó a su pueblo, aceptó e interpretó a los extranjeros (tenía el don de las lenguas) no porque ella despreciara su propia morenidad, sino que aprendió a valorar la existencia de otras razas, además le prometieron para todos un dios que no abandona jamás a su gente. Aquí se puede leer un poco màs sobre Malinche : https://etcetreadeluz.blogspot.com/2014/07/malinche.html

Lo cierto es que en la actualidad existe una amplia clasificación de valores en México. De hecho se ha hecho la pregunta para determinar si la venenosa discriminación en todas las denominaciones ofensivas que existen en México, es debido al racismo o al clasismo. La revista en español A+J nos explica en este video a grandes rasgos,  la dicotomía del clasismo y el racismo y el papel que los medios de comunicación juegan hoy en día en su existencia.

https://www.youtube.com/watch?v=mibZVZr-fr8

Martin Luther King Jr, dijo una vez: “Tengo un sueño, que mis cuatro hijos pequeños un día vivan en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”

Es posible que ese sueño se haya soñado antes por siglos y siglos, pero sòlo Martin Luther King Jr. se atreviò a soñar en voz alta. Y quizà despuès de èl su sueño sigue siendo el sueño de muchos. Yo por mi parte, despuès de pensar y pensar en la discriminación y el racismo,  creo que todas las personas en México y cada país sobre la tierra, de cualquier color e identidad, tienen el derecho natural de por lo menos aspirar a sentirse a gusto en su propia piel sin ser juzgados.

 

Beatriz Osornio Morales. Julio, 2018. Imagen de la red.