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La fascinación del sarcasmo

El Sarcasmo como expresión tiene algo de verdad, es cierto en cuanto a la parte que revela, pero también cuenta con una parte que oculta o enmascara en su desazón.

Nadie jamás afirmó que el sarcasmo sea sinónimo de honestidad. Entonces ¿Por qué algunos utilizan frases sarcásticas con la pretensión de estar siendo honestos o críticos? Socialmente tampoco se considera una crítica respetable si se utiliza con el solo hecho de herir.

Hace tiempo escuché, no recuerdo dónde. O quizá leí en algún libro que mi memoria no recuerda, algo así como que el sarcasmo era una expresión desesperada, sin determinación, expresión a medias que se emite porque no se encontró otro remedio, otra forma de decir algo que con el sarcasmo. Definición que por las razones mencionadas, no me atrevo a presentar con las reglas debidas de una cita, me pareció entonces un concepto amargado. Pero con forme uno alcanza madurez en la vida, se va dando cuenta de que en realidad, es una visión congruente y atinada, y que esa parte que se oculta en la frase irónica, es quizá lo que nos produce a los humanos una gran fascinación, en muchos casos esa es la única razón de su uso. ¿Nos licita esto al utilizar la ironía, la omisión de una explicación? El sarcasmo es perfectamente usual y nadie te va a condenar por utilizar frases irónicas respecto a cualquier cosa. Al mismo tiempo que deja entrever apenas una postura moral respecto a cierto tema, dependiendo de su mordacidad ya sea para quejarse, ridiculizar o insultar.

En literatura se usa como la figura retórica que emite una crítica indirecta, pero haciéndose evidente y agudo a la vez un desacuerdo, aunque oculta las motivaciones del desacuerdo a veces ridiculizando.

“El término proviene del latin “sarcasmus” y este a su vez proviene del griego “sarkasmòs” que es una sustantivación del verbo “zarkazein” el cual significa morder los labios”(1)

No en balde se experimenta el sarcasmo como algo que tiene que decirse a como de lugar, porque quizá ese algo muerde por dentro, nos muerde de las entrañas a la boca, tiene que decirse aun de forma indirecta y mordaz para morder los labios.

“El sarcasmo es personal, y su intento final es herir”(2)

Ya sea que se utilice como una forma de impotencia para expresar directamente las motivaciones de nuestro desacuerdo, o que se encuentre placer en ese juego agudo de esconder intencionalidades, el sarcasmo es una forma fascinante para los que encuentran en ese elemento una forma ilimitada de expresar desde los desacuerdos, el coraje, la frustración, el dolor, la impotencia, y toda clase de emociones que algunos aprovechan hasta para hacer arte, O que al emitir la frase hiriente, se disfrute de una sensación de venganza emocional, el sarcasmo contiene en su miasma humano (los animales no usan sarcasmo) algo que atrae y que repele al mismo tiempo, eso es fascinante.

Se ha usado proverbialmente como: “la forma más baja de humor pero la más alta expresión de genio” (3)

El sarcasmo o ironía se puede explotar como una forma creativa de expresión artística, de hecho la parodia es un referente que ejemplifica que la creatividad, no tiene límites ni siquiera en los cánones morales de la sociedad.


1- wikipedia digital.

2- A handbook to literature. Un manual para literatura de C. Hugh Holman y William Harmon.

3- Wikipedia digital. Frase que se atribuye a Oscar Wilde pero en realidad se desconoce su origen.


Qué es el "sarcasmo" y el "escarnio" | Humor Sapiens


Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Las ciudades de Adán y Eva VII

El submundo

Submundo - Album by Submundo | Spotify

Incontables fueron los intentos por abandonar la ciudad, pero el subterráneo se prolongaba cada vez más, a pesar de que los grupos se fueron multiplicando para los relevos de la excavación. El cansancio y el desgaste de las herramientas, orillaron a muchos a echar raíces en los túneles que se habían cavado con el fin de huir de las antiguas poblaciones de Adán y Eva.

Relevos de día y de noche que cubrían la labor de planeación, organización y mano de obra trabajaban sin descanso. Hasta que un día, desalentados por no ver futuro inmediato –como los marineros en alta mar, después de navegaciones largas- e imposibilitados para regresar al punto de partida, los hombres abandonaron las herramientas en su mella, y ellos mismo se entregaron al sueño.

Recuperadas las fuerzas por el sueño, los viajantes agrandaron las simetrías de los túneles en los cruces, formaron un cubo aquí, una escalinata allá, una habitación irregular más acá, conectada a las que calculaban –sin estar seguros- serían las aberturas primeras donde luego se hicieron los caminos.

Las herramientas dañadas fueron reparadas y las inservibles, reemplazadas por unas hechas de piedra. El trabajo continúo indefinidamente, pero ahora la meta era distinta; construir estancias para todos. Los habitantes se habían acostumbrado a respirar tras de las mascarillas que llevaban como protección contra el aroma sulfuroso de la tierra, mismas que con el tiempo ya no necesitaron.

Las excavaciones de ambos extremos llegaron a encontrarse en algún punto, pero los ateridos pobladores siguieron cavando sin cuestionar y sin siquiera considerar la posibilidad de poner fin al interminable proceso, continuaron alumbrados por las casi extintas lámparas de aceite, mientras seguían rotulando, penetrando y pensando que se alejaban de sus orígenes, que un día llegarían a otro lugar, que sería posible ver nuevamente brillar el sol.

Cuando las provisiones se agotaron, unas gentes conseguían bellotas, otras descubrieron corrientes subterráneas de agua dulce y consumieron de todo lo que en ella y a su alrededor viviera. Ahora ya solamente trabajaban cerca de los recursos, donde la proliferación de familias sobrevivientes salió a relucir.

Las flamas de las lámparas finalmente se extinguieron, los hombres tuvieron que acostumbrarse a ver en la oscuridad, guiados sólo por el destello instantáneo de algunas estalactitas y minerales de cristal. Había partes calurosas, sofocantes por la falta de oxigeno, otras heladas y difusas por un gas azul. En las partes húmedas no era posible sacar fuego del golpe de las piedras, por lo que la mayoría de los alimentos se consumían crudos y a temperatura ambiente. Las muecas y los gestos de la gente pasaron a ser irrelevantes, se andaba sorteando bultos, trasegando el vacío por delante como los ciegos. Ya no recordaban el nombre de sus antiguas ciudades, ahora eran un pueblo distinto, un pueblo de subterráneos, cuya única actividad era cavar, cavar a ciegas, cavar, cavar… hasta que un día, la tierra tembló y el submundo se estremeció.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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El juego de la búsqueda

Monet en Giverny: un paseo por el estanque de las ninfeas - líneas sobre  arte

Amigos de la pluma y el lápiz, ya es septiembre y yo apenas puedo sugerir un juego. Llegó el Covid a mi casa y con todo lo que eso implica, no queda tiempo de ninfear o de cavilar. Algunos dicen que si te da covid tienes tiempo de sobra, excepto, cuando eres la madre y esposa, es una vil mentira. No hay tiempo de nada.

En este momento escribo por la necesidad de ordenar la mente y para no pensar barbaridades. No estoy inspirada y con mucho trabajo puedo ubicar ideas como en el juego de las escondidas,  a mí es a la que me toca hacer la búsqueda, tengo que perseguir cualquier movimiento o destello de la mente.

A veces los destellos son simultáneos e inaprensibles. Me quedo deslumbrada por el rayo instantáneo del movimiento. Creo oír un trueno, pero cuando volteo hacia las nubes grises, el cielo está claro, ni una borrasca irrumpe ese infinito.

Los destellos del pensamiento se suceden unos a otros, en cambio, al que piensa le parece que se intercalan, saltando con cierto anacronismo, sin ninguna secuencia razonable, ese es mi caso. La velocidad es vertiginosa y los pensamientos quedan inconclusos en la razón. La mano más veloz en la escritura, es demasiado lenta para copiar fielmente las ideas de esa cámara sin dimensiones que es la mente.

Pero aquí estamos en la pesquisa, más por juego que por buscar algo concreto.

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Cisne de cristal

Part IV de Reversos


La ciudad que nunca duerme: panorámica del centro de Manhattan, tomada  desde la isla Roosevelt. | New york city travel, New york life, New york  wallpaper

New York, cisne de cristal.

En una punta, el océano te nada

manto gris, donde los titanes

hundidos por un puño blando al

Triángulo de las Bermudas, añoran

otro destino,

en la otra punta, la bolsa de valores vencidos,

vecinos subterráneos de

la Gran Manzana.


Ciudad de vidrio y

derrumbes en china town…

arte caro en los museos,

a pesar de los artistas

muertos de hambre…


Tu verde central park

florece dos veces por año,

sin tomar en cuenta

los roedores de cañería

ni las tiendas de importaciones,

fortuita mitad;

Floreces también en el otoño.


Maravillosa New York…

parecida a tus torres, el Chrysler building

las siamesas, derrumbes

ascendentes y subterráneos;

de ascensores múltiples

e infiernos multiplicados,

así te quiero.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Otro Cumpleaños

El año pasado no escribí sobre el acontecer de mi cumpleaños,  nos agarró en la carretera de regreso de Florida, donde habíamos pasado unas vacaciones parcialmente aburridas, lo que me impide decir que esa vez visitar Florida fue aburrido, es el encuentro que tuvimos con mi hermano Jacob y su familia. Fue  breve, pero estuvo cargado de un dulce sentimiento. Caminar por el resort tempranito y un par  de visitas a la piscina,   también me salvaron del aburrimiento, ah, y Kissimmee, cerca de Orlando. Para celebrar íbamos a pasar a Savannah, Ga. a comer en algún restaurante, pero resulta que después de dar vueltas y vueltas por la encantadora ciudad portuaria, no encontramos donde estacionarnos. Acabamos comiendo mariscos en algún restaurante de cadena en los suburbios de la ciudad.

Este año me gustaría escribir algo, rememorar no, escribir en tiempo real para el presente, para mi, para ti y para un desconocido..

Pero en estos momentos las únicas palabras que se formulan son las de un como rezo. Estrictamente hablando son las palabras más prosaicas  y vulgares de la vida diaria; mi culpa, como buena cristiana, sería querer algo distinto, algo distinto y bonito. Sin embargo, sospecho que ya caí en la tentación de rememorar, y es tan dulce.

El jueves mudamos a mi hijo mayor a su dormitorio en la universidad. La ciudad de Richmond no está descaradamente remota, hora y media en autopista, hora y media de ser fuerte y sonreír con naturalidad. Tuve que poner toda mi energía en eso. Lo bueno es que estuvo soleado. En el edificio había cola de estudiantes mudándose, pero no estuvo tan ajetreado. En el dormitorio nos topamos con la familia del roomate, que también estaban instalando al chico. Un muchachito de semblante agradable y pelo rosa fiusha y desenfadado, de personalidad artística. El dormitorio se sintió bastante reducido, (tarde o temprano todos sudamos) pues éramos, la mamá del roomate, el papá y la tía, o no sé quién sería la otra señora, no puse atención. Las dos mujeres se mostraron cómodas socializando con mi marido que habla hasta por los codos, yo me concentré en lo que estaba, oyendo el cacareo solo de fondo, intercambié apenas unas cuantas frases para no parecer grosera, terminamos de desempacar antes que ellas. Dejamos el edificio para encontrar el mercado de comida, donde comimos juntos con mi hijo antes de regresar a casa. 

Pensar en el hueco que nos queda en la casa cuando alguien se va, equivale a nostalgiar y realmente no quiero sonar dramática;  que un hijo se vaya a la universidad es un logro, más que una desgracia. El rezo es por su felicidad, porque encuentre sentido a su vida y lo que ha escogido para lograr. El rezo, son los murmullos que las paredes de la casa guardan de la voz de mi hijo, mezcladas con las voces de mi otro hijo, en una conversación constante con los juegos de Casper,  son los ecos del mundo.

Hoy es un cumpleaños más, con pastel de chocolate y una comida para nada especial, pero deliciosa. Un lugar vacío en la mesa, en este caso, equivale a la esperanza y la libertad de un hijo autónomo y realizado. Motivo para sonreír, pero ¡cómo lo extraño!

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Eulogía a un padre

Ahora que  descansas bajo la mirada eterna,
ha crecido tu propia mirada más allá de la tierra,
encuentras la plenitud del conocimiento
como querías, así de inmarcesible, así los días.

No hay trecho mortal que te aprisione, eres libre
de ir y venir por los pasillos del recuerdo,
el mundo  reconocerá  muchos nombres,
pero nosotros sabemos bien quién eres.

Quédate tranquilo, aún tengo tu sueño,
velado bajo la luz de cada estación, sigue vivo,
seguirá alimentando la llama que calienta el hogar
y el futuro.

Los suspiros de mamá son parte de tu testamento, 
en el suelo aún moran tus pasos, 
destejiendo la nostalgia de la infancia;
y los juegos intrépidos de la juventud galopan.

Gracias a ti, di con el sueño más grande,
el sueño de soñar te lo debo a ti.
El sueño de la luz lo sembraste tú un día nublado,
a la vez que se extendían los trigales nuevos.

Cuando pienso en el tú que conocía la gente,
eres tan extraño, capaz de comerte un gato
y despellejar pasados, pero el tú que me creció
es un hombre valiente, que caminaba erguido
lleno de seguridad y orgullo en el trabajo.

Sabías cortar el pelo a los señores, no sé
cómo aprendiste, venían a buscarte a casa 
para sentirse mejor. Me gustaba ver
cómo les cubrías la barba con espuma.

Creías en la sanación del cuerpo por medio
de las plantas y los frutos de la naturaleza.
Fuiste un fiel cómplice de la madre tierra.

Tenías un rifle de caza y un revólver 
que casi nunca usaste, 
porque te gustaba más la vida que matar.

Seguramente ahora que ya descansas
bajo la mirada eterna, y vives en nosotros,
te sigue gustando más vivir que morir,
así de inmarcesible, así es la vida.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red


Nota: Hace meses que murió mi padre, y tras los momentos más tristes escribí una elegía, lo cual pensé después que ya de por sí una pérdida humana es triste, así que no he publicado dicho texto elegíaco. Pero este mes es mi cumple y he venido pensando que un ser cercano merece bien una Eulogía, antes que todo, las cosas lindas de una persona merecen ser conservadas, lo específico de su persona continuará viviendo. La elegía viene después.

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Lost on You

Hay una canción que canta un brindis a todo lo que perdí en ti, que a parte de tiempo, no sé qué nombre le daría.

Solían ser muchas las cosas que me hablaban de ti. Solo porque no soy de las que se dejan al abandono, por puro orgullo me convencía cada día que yo también te había abandonado, incluso te abandonaba a diario.

Con el tiempo son menos las cosas que saben tu nombre, ya ni el abandono se llama como tú, y eso que no lo he intentado, realmente en lugar de esforzarme en olvidarte, decidí acordarme de mi todos los días, y para tu sorpresa (seguro te sorprende) encontré una mujer completa; no creo haber perdido gran cosa en ti, acaso, unas cuantas tardes enamoradas en las que me apegaba a ti. Sólo que esas tardes en su momento fueron un plus que no tienen porqué  ser pérdidas ahora.

Todas las cosas que perdí no son esas tardes, no sé cómo se llaman, quizá sean las cosas que sentía solo contigo, pero si no las sentía antes de ti, no eran pérdida, ¿Por qué considerarlas pérdida, si de ello puede resultar algo maravilloso?

B.O.M

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El abismo son las guerras

Primera Guerra Mundial - Las Guerras Mundiales

El abismo no es el día que comienza,  ni la noche  escondida tras de éste.

Ni el límite con el contorno de las horas inacabadas. 

No se sabe lo que vendrá y por señales oscuras, el hombre supone adversidad.

Pero el abismo podría existir en la contemplación de una flor, por recurrir a definiciones;

el sol del oriente en su inmaculada claridad carece de suelo.

El abismo es el tiempo donde soy y estoy ausente, lo que sale desde el centro del ser y cruza las fronteras de la piel para destruir. 

El abismo son las guerras,  una y otra las guerras se hacen en poder de los hombres. Las diplomacias son temporales; tarde o temprano la fuerza del abismo humano continua.

El abismo es la pregunta que nunca, nunca se contesta, y no temo decir que el abismo, es solo un pensamiento en el corazón del hombre; la tierra sostiene sus pies.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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El viaje

Un viaje por los mundos surrealistas del artista sueco Erik Johansson |  Gallery | CNN

Se terminaba el verano del año 2013 cuando Aarón emprendió nuevamente el viaje, éste parecía encajar perfectamente en el tiempo y, lo que encaja en el tiempo, es buena razón para pensar que también encaja en la realidad.

Para Aarón este viaje es el mismo viaje de siempre, y por tanto no cabe ni en un tiempo concreto, ni en ningún lugar preciso. Así que contaremos la historia en tiempo presente. Sobre la marcha tal vez haya necesidad de referirnos a distintas escalas y lugares fronterizos del laberinto del tiempo que es la vida, si es que cabe la comparación.

Siento el peso del viernes, no solo mi viernes, siento el viernes de los demás; el viernes de Melani, Roy y Marcel, mis vecinos, eso es lo malo y lo bueno de los días que no trabajo, pero el café ayuda a sopesar el peso de los días.

A medio día Melani, mi vecina, toma las llaves del carro y sale de prisa explicando algo a lo que nadie le pidió explicación “En 15 minutos tengo cita con la maestra de Tony (su segundo hijo) para revisar los progresos que el pequeño ha logrado o no, en sus terapias de lenguaje del último cuarto de semestre. Me preocupa mi hijo…” concluye cerrando la puerta del auto.

Aarón levanta la mano para decir adiós a Tony que se deshace en pequeños y aparatosos adioses.

Tony nació con una deficiencia en el desarrollo cognitivo, lo que le impide crecer como los demás niños. Aprende más lentamente, su habla vino tarde, tiene seis años y su lenguaje todavía es limitado en palabras, a ratos ininteligible. Pero lo que le falta en palabras lo compensa en actitud social, siempre que ve a un conocido, corre a saludar y a querer jugar, lo que prueba que los niños no discriminan, basta que les sonrías y ya está, si acaso se mantienen lejos de las caras largas.

“A veces ese niño me hace pensar en mí, no en la forma de hablar, dicen que yo hablé mis primeras palabras antes de los once meses y desde entonces no paro, de eso siempre se quejaron mis padres y Lucía, mi hermana, que por cierto es muy callada. En lo que me siento cercano a Tony, es en que siempre me sentí extraño en mi propia casa, entre mi propia familia. A él, lo hacen a un lado los chicos de su clase, burlándose de su pronunciación, y en su casa, el padre muestra predilección por los dos hermanos, quizá porque con ellos no tiene que esforzarse más de lo normal para comunicarse”

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A las 4:30 Roy gira la llave del auto para apagar la marcha, mientras verifica que el auto quede bien estacionado en el driveway, y suspira aliviado de que por fin sea viernes. Antes de entrar a la casa, recuerda que olvidó la caja de herramientas en la camioneta. Se quita la chaqueta sucia

de varios días de trabajo como jardinero, la cuelga en la manija de la puerta y regresa a la camioneta.

Cansado de espiar o imaginar la vida de sus vecinos, Aarón recuerda que ese mal hábito, es un callejón sin salida, y casi involuntariamente se abandona a otra observación gratuita, donde el atardecer brilla en un petirrojo, a esto se reduce el viernes; un pájaro rojo parado en la barda, siendo observado desde la ventana por Aarón, a quien le parece oír nuevamente las voces.

“Más tarde limpiaré las herramientas para mañana” Infiere Roy al entrar. Marcel escucha desde el sillón donde ha estado viendo televisión toda la tarde, pero no responde.

“¿Escuchaste Marcel?”

“¿Eh? ah, si, no te preocupes.

“Y el lunes que tú regreses de trabajar espero que hagas lo mismo. Es terrible empezar el día con las tijeras tiesas de clorofila seca y lodo”

“Está bien Roy, ya entendí. ¡Te haces entender muy bien, hombre!”

Roy pone la caja de herramientas en el piso tras de la puerta y se aleja sin más haciendo muecas con las manos. Marcel continúa viendo el televisor. Retoma la escena de la película donde Clint Easwood saca el gran Torino del garaje, y con una sonrisa de liberación maneja por la calle que se encuentra casi vacía por ser temprano en la mañana. Mientras se aleja manejando con el amanecer a sus espaldas, en la pantalla, letra por letra se va dibujando la palabra FIN.

Desde su lugar, Aarón escucha abrirse la puerta de Melani, ha vuelto. Le sucede con los vecinos de puerta contigua que escucha cada ruido casual como si estuviese pendiente de sus vidas y éstas se mezclaran con la suya, pero solo a veces es consciente de ello. Enseguida, Aarón vuelve a escuchar a lo lejos un sonido de patrulla, el cual lo remonta a otra realidad que lo persigue a donde quiera que va:

En el desierto no hay muchos recursos donde esconderse así que tendrá que correr, si no quiere que esta vez, sí lo alcance la migra.

Empieza a correr en dirección izquierda de la carretera que divide el horizonte, pensando que, o mejor dicho, imaginando que el lado izquierdo de cualquier cosa, de cualquier situación es el lado torpe del movimiento, los policías no son ajenos a las trampas del movimiento. Eso le salvó el pellejo en otras ocasiones. Así que corre lo más rápido posible. El agente de la patrulla que desde el principio lo miró perderse en los espejismos de arena, prende las luces de la sirena y acelera, formando una gran nube de polvo a su paso. Aarón sigue corriendo. De pronto, se le agotan las fuerzas, le tiemblan las piernas, no alcanza la respiración bajo el sol inclemente que desciende del pico del cielo, esa gran montaña de la cual, la tarde sería su cima. Entonces,

vencido por la fatiga y la sed, se deja caer cerca de un pequeño montículo de arena, donde espera poder esconderse de los agentes. Maldice en voz alta, porque está seguro de que si pudiese llegar al otro lado del montículo, estaría a salvo, pero en lugar de poderse mover, sufre un acceso de tos. Hace un esfuerzo por levantarse, entonces se da cuenta que la nube de polvo se aleja en la dirección opuesta.

Los oficiales al encontrarse sin camino, sin visibilidad (el polvo) y sin prófugo que perseguir, deciden retomar la carretera y proseguir patrullando el área, como si aquel incidente no hubiese ocurrido.

Después de unos momentos, Aarón recupera el aliento y vuelve a la carretera, donde espera algún auto para pedir ride. Por fortuna no pasa mucho tiempo antes de que un vehículo asome a lo lejos. Al principio se veían solo unos puntos brillantes en la distancia, Aarón pensó que serían un espejismo más del desierto, del sol, o de su fatiga, con todo, no pudo evitar sentirse emocionado, casi delirante. Caminó un buen tramo con la mano levantada en señal de “ride” antes que el viejo Renault disminuyera la velocidad a unos diez metros de él.

El conductor del viejo Renault (Un hombre de mediana edad, de cabello cano y avanzada calvicie) para sorpresa de Aarón, empieza a disminuir la velocidad en cuanto se cerciora de que el bulto en la carretera no es producto de su imaginación, o una figura de polvo, de esas que forman los remolinos. Es un hombre.

-¿A dónde vas amigo? –pregunta el hombre del Renault. Más tarde Aarón aprenderá que se llama Zacary en este país.

-A cualquier pueblo en esa dirección –responde Aarón apuntando con el dedo índice en sentido en el que maneja Zacary.

-Yo solo llego a Renho. Si te sirve de algo súbete.

Aarón se sube al auto que lo llevará, a lo que espera sea un nuevo mundo, un mundo definitivo, menos escarnioso.

Beatriz Osornio Morales