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De Sus Sueños Fantasy Literatura Micros

Mirando el reloj

Hay un gato en mi buró. 

Se la pasa

lamiendo los pelos y los bigotes

en el tiempo.

¿Lo habré imaginado?

Se tira de espaldas

y siento que tira el tiempo del reloj.

Su flexibilidad felina 

es escurridiza,

no puedo quitarle los ojos

de encima al tiempo.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Incendiario

¿Qué puedo decirte sobre el fuego?

Recuerdo excelsas lenguas de fuego ardiendo en el espacio, y todo lo que estuviera a su paso  pulverizaban. Tremendas mariposas de ceniza volaban por el aire.

El fuego eran palabras mayores para un niño que, una noche,  quiso separar una llama de la imponente hoguera con que se alumbraba la noche celestial. Y enredándose la llama a la cintura como una serpiente, intentó llevarla al agua, quiso prender la hoguera bajo el agua de la alberca, pero al tocar el agua, la llama desapareció sin que el niño, yo, ni nadie, supiera dónde habría ido a parar. Incluso los ojos se convirtieron en otra pesada noche sin fuego, una noche capaz de aplastar la tierra con su peso.

Al niño le dolió tanto la separación del fuego que tuvieron que trasladarlo al hospital, donde lo envolvieron en vendas alrededor del dorso.

El fuego es como un mal amante; duele cuando lo tienes y duele cuando no está, dijo un día.

Ten cuidado porque tengo manos de fuego. Siempre lo supe. De chiquito mi mamá solía confirmarlo cuando rompía algo “tienes manos de lumbre” sentenciaba. Y yo me iba por allí creyéndome el incendiario del pueblo, persiguiendo mariposas negras.

B.O.M. Imagen de la red

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El abismo son las guerras

Primera Guerra Mundial - Las Guerras Mundiales

El abismo no es el día que comienza,  ni la noche  escondida tras de éste.

Ni el límite con el contorno de las horas inacabadas. 

No se sabe lo que vendrá y por señales oscuras, el hombre supone adversidad.

Pero el abismo podría existir en la contemplación de una flor, por recurrir a definiciones;

el sol del oriente en su inmaculada claridad carece de suelo.

El abismo es el tiempo donde soy y estoy ausente, lo que sale desde el centro del ser y cruza las fronteras de la piel para destruir. 

El abismo son las guerras,  una y otra las guerras se hacen en poder de los hombres. Las diplomacias son temporales; tarde o temprano la fuerza del abismo humano continua.

El abismo es la pregunta que nunca, nunca se contesta, y no temo decir que el abismo, es solo un pensamiento en el corazón del hombre; la tierra sostiene sus pies.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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El poema del soneto

Surrealismo, psicoanálisis y el estudio de la psique en la pintura -  ttamayo.com

Algo así como  media hora de tinta azul, y monotonía esforzándose por pensar algo concreto, y nada; esa cosa insustancial de la que tanto se habla en filosofía, la nada astuta del nihilismo. Entre lo concreto y la nada está el nihilismo.

Quiso hacer un poema del soneto, expuesto a sus medidas, despojado de la rima. No es seguro que lo haya logrado, el caso es que, hay un plano con esqueleto azul, desde donde se erige un castillo cerca del medio día.

Concluyó que el soneto no es un poema de la noche, digan lo que digan. Uno se figura que ocurre en plena luz del día, como algunos crímenes insólitos, te encuentran desarreglado, ya sea que aun lleves la corbata bien puesta, pero con la bragueta abierta, por descuido, el labial corrido, no falta alguna vulnerabilidad.

B.O.M. imagen de la red

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Junio

Junio es un lugar muy callado; no se necesita aguzar el oído para interceptar las voces del árbol, el insecto habita la casa (Kafka debió escribir la Metamorfósis en Junio y no en septiembre) y los automóviles transitan la sala. El hastío del verano de Ray Bradbury trae carruseles y la música del camión de los helados huele a algodón de azúcar.

No se tiene siquiera que descorrer las cortinas para ver y estar allí. Pero he intentado gritar en Junio, cantar alto, y cada vez que lo intento, los decibeles se vuelven murmullos, como cuando alguien te dice un secreto al oído y tú prometes guardarlo para siempre. Exacto,  justo así.

B.O.M . imagen de la red.

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Cuenteando De Sus Sueños Literatura Micros Relato negro

El único testigo

Qué terrible pensar en esos ojos, así, fuera de los sockets como estaban, como si los hubieran exprimido del cuerpo inerte, ya fríos. 

Roberto salió del bar poco después que sus amigos, Fabían y el Javi, quienes tenían que regresar a la oficina a entregar reportes del día, según se excusaron.

Como aun era temprano, Beto decidió caminar, tomar la ruta larga para compensar el tiempo; se había propuesto en la tarde, pasar una de esas noches locas, y si no locas, largas; no volver a casa antes de la media noche. Pero lamentando que sus amigos le habían aguado la fiesta, pues no le agrada beber solo, y el bar los lunes está casi vacío, se echó a andar sin rumbo fijo, deambulando por avenidas, calles y callejones que él nunca había notado, iba distraído en sus propios pensamientos y algún repentino recuerdo se adueñaba de la noche.

De pronto, junto a una planta que podría ser bugambilia porque su forma se abrazaba a la esquina, vio un bulto quieto, más oscuro que la sombra que proyectaba la planta iluminada por la luna, como si vaciara un tinaje en el asfalto. Instintivamente, Roberto se detuvo, algo alcanzaba a brillar del bulto inerte, lo cual le produjo un calosfrío que estremeció todo su cuerpo.

Cautelosamente se acercó un poco más, la luna le abrió el paso. Se acercó hasta estar frente a un muerto, literalmente, parecía tener el pelo mojado, pero, pronto, Roberto se percató que la humedad era sangre,  y que formaba también un charco en el piso. Entonces, al mismo tiempo que le vio los ojos desorbitados, saltando de sus cuevas, detectó un olor indescriptible, dulzón, como la sangre coagulada, nauseabundo,  dio un paso atrás y se alejó lo más rápido posible, dando zancadas alcanzó la avenida que lo llevaría a su domicilio; en el trayecto vomitó dos veces.

Ya en su casa, debatiendo por horas el curso que debía tomar,  reportar el hallazgo o quedarse callado, era imposible decidir en esas circunstancias. Deseó con todas sus fuerzas que  se tratara de una pesadilla de la cual, en cualquier momento va de despertarse, pero finalmente se quedó dormido.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Sol de mis silencios

Andar en bicicleta: 10 beneficios para la salud
El recuerdo es cosa del pasado, 
pero el silencio no existe en la memoria.
El silencio es primordialmente presente.

Yo he hecho un sol de mis silencios,
alrededor de él orbitan mis pasos, el mundo entero
gira en torno al silencio espacial.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.


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Cuenteando Fantasy Literatura Micros

El pasamanos

El pasamanos 

Seco está esto de pasar las manos por el blanco de la hoja, para sostenerse y no caer de narices en el siguiente escalón. ¿Recuerdas cuando te caíste?

Te habían dejado a mi cargo la vida y los supervisores. Aún los veo instruyéndome: Asegúrate que se agarre bien del pasamanos ¿Qué difícil puede ser eso?

Te agarraste al principio y yo me confíe. Me di la vuelta para ver donde ponía yo el paso, esperando que te mantuvieras agarrado firmemente del pasamanos, pero casi enseguida, oí el traspíe. 

Era el segundo escalón cuando oí lo que sucedió, apenas tuve tiempo de voltear y no alcance a agarrarte. Te alcance ya en el piso, claro que lo primero que quise hacer fue levantarte, tú eres testigo, pero eras pesadito; no tanto como la caída que acelera la velocidad con el peso, y en bajada el peso es más pesado. Sentí que te agarraba y no podía sostenerte, evidentemente tu peso era mayor a ti y a mí juntos.

Luego vi el rostro, tu rostro alcanzar el piso, y tus lentes de armazón rojo desarreglados, más tarde nos dimos cuenta que se habían raspado un poco, pero los lentes son lo de menos. Ahora entiendo la caída cuando es definitiva.

B.O.M. Imagen de la red

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Ruido en la niebla

Las voces de los comensales se enredan en el mismo tejido de la niebla, no se ve mucho pero  al menos irradian luz en el silencio. Es preferible estar aquí, entre la soledad de los otros, que estar atascados en la soledad de sí mismos. El ruido de las viandas es lo único que indica que estamos aquí haciendo tierra, el humo, además de la sensación de irritación en los ojos, produce una sensación de estar flotando, como la niebla vespertina de los párrafos largos.

Un Hummer pardo se estaciona justo bajo la lámpara del poste; sus luces se cuelan en la niebla y dejan al humo convertido en una sustancia lechosa, sustancia, sí, esa es la palabra, pues la niebla no es humo aunque lo parezca, es más líquido que humo, por tanto, sustancia, pero el humo de aquí adentro, el de los fumadores se disuelve en la nebulosa de palabras, por eso, es comprensible que la luz del Hummer hiciera resplandecer un poco la sustancia de la niebla. Por momentos la niebla era de ámbar, y leche, de miel y lecho, verbo más que sustancia.

Y nosotros ¿no estamos solos en esta historia de líneas invisibles,  apretadas, de párrafos densos, donde los obstáculos se enredan en los demás sucesos, y lo poco que esa niebla densa de respuestas negadas deja distinguir, es humo en el restaurante, preguntas interminables, sin tono de pregunta, pero al final preguntas?

B.O.M