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Junio

Junio es un lugar muy callado; no se necesita aguzar el oído para interceptar las voces del árbol, el insecto habita la casa (Kafka debió escribir la Metamorfósis en Junio y no en septiembre) y los automóviles transitan la sala. El hastío del verano de Ray Bradbury trae carruseles y la música del camión de los helados huele a algodón de azúcar.

No se tiene siquiera que descorrer las cortinas para ver y estar allí. Pero he intentado gritar en Junio, cantar alto, y cada vez que lo intento, los decibeles se vuelven murmullos, como cuando alguien te dice un secreto al oído y tú prometes guardarlo para siempre. Exacto,  justo así.

B.O.M . imagen de la red.

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El único testigo

Qué terrible pensar en esos ojos, así, fuera de los sockets como estaban, como si los hubieran exprimido del cuerpo inerte, ya fríos. 

Roberto salió del bar poco después que sus amigos, Fabían y el Javi, quienes tenían que regresar a la oficina a entregar reportes del día, según se excusaron.

Como aun era temprano, Beto decidió caminar, tomar la ruta larga para compensar el tiempo; se había propuesto en la tarde, pasar una de esas noches locas, y si no locas, largas; no volver a casa antes de la media noche. Pero lamentando que sus amigos le habían aguado la fiesta, pues no le agrada beber solo, y el bar los lunes está casi vacío, se echó a andar sin rumbo fijo, deambulando por avenidas, calles y callejones que él nunca había notado, iba distraído en sus propios pensamientos y algún repentino recuerdo se adueñaba de la noche.

De pronto, junto a una planta que podría ser bugambilia porque su forma se abrazaba a la esquina, vio un bulto quieto, más oscuro que la sombra que proyectaba la planta iluminada por la luna, como si vaciara un tinaje en el asfalto. Instintivamente, Roberto se detuvo, algo alcanzaba a brillar del bulto inerte, lo cual le produjo un calosfrío que estremeció todo su cuerpo.

Cautelosamente se acercó un poco más, la luna le abrió el paso. Se acercó hasta estar frente a un muerto, literalmente, parecía tener el pelo mojado, pero, pronto, Roberto se percató que la humedad era sangre,  y que formaba también un charco en el piso. Entonces, al mismo tiempo que le vio los ojos desorbitados, saltando de sus cuevas, detectó un olor indescriptible, dulzón, como la sangre coagulada, nauseabundo,  dio un paso atrás y se alejó lo más rápido posible, dando zancadas alcanzó la avenida que lo llevaría a su domicilio; en el trayecto vomitó dos veces.

Ya en su casa, debatiendo por horas el curso que debía tomar,  reportar el hallazgo o quedarse callado, era imposible decidir en esas circunstancias. Deseó con todas sus fuerzas que  se tratara de una pesadilla de la cual, en cualquier momento va de despertarse, pero finalmente se quedó dormido.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Sol de mis silencios

Andar en bicicleta: 10 beneficios para la salud
El recuerdo es cosa del pasado, 
pero el silencio no existe en la memoria.
El silencio es primordialmente presente.

Yo he hecho un sol de mis silencios,
alrededor de él orbitan mis pasos, el mundo entero
gira en torno al silencio espacial.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.


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El pasamanos

El pasamanos 

Seco está esto de pasar las manos por el blanco de la hoja, para sostenerse y no caer de narices en el siguiente escalón. ¿Recuerdas cuando te caíste?

Te habían dejado a mi cargo la vida y los supervisores. Aún los veo instruyéndome: Asegúrate que se agarre bien del pasamanos ¿Qué difícil puede ser eso?

Te agarraste al principio y yo me confíe. Me di la vuelta para ver donde ponía yo el paso, esperando que te mantuvieras agarrado firmemente del pasamanos, pero casi enseguida, oí el traspíe. 

Era el segundo escalón cuando oí lo que sucedió, apenas tuve tiempo de voltear y no alcance a agarrarte. Te alcance ya en el piso, claro que lo primero que quise hacer fue levantarte, tú eres testigo, pero eras pesadito; no tanto como la caída que acelera la velocidad con el peso, y en bajada el peso es más pesado. Sentí que te agarraba y no podía sostenerte, evidentemente tu peso era mayor a ti y a mí juntos.

Luego vi el rostro, tu rostro alcanzar el piso, y tus lentes de armazón rojo desarreglados, más tarde nos dimos cuenta que se habían raspado un poco, pero los lentes son lo de menos. Ahora entiendo la caída cuando es definitiva.

B.O.M. Imagen de la red

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Ruido en la niebla

Las voces de los comensales se enredan en el mismo tejido de la niebla, no se ve mucho pero  al menos irradian luz en el silencio. Es preferible estar aquí, entre la soledad de los otros, que estar atascados en la soledad de sí mismos. El ruido de las viandas es lo único que indica que estamos aquí haciendo tierra, el humo, además de la sensación de irritación en los ojos, produce una sensación de estar flotando, como la niebla vespertina de los párrafos largos.

Un Hummer pardo se estaciona justo bajo la lámpara del poste; sus luces se cuelan en la niebla y dejan al humo convertido en una sustancia lechosa, sustancia, sí, esa es la palabra, pues la niebla no es humo aunque lo parezca, es más líquido que humo, por tanto, sustancia, pero el humo de aquí adentro, el de los fumadores se disuelve en la nebulosa de palabras, por eso, es comprensible que la luz del Hummer hiciera resplandecer un poco la sustancia de la niebla. Por momentos la niebla era de ámbar, y leche, de miel y lecho, verbo más que sustancia.

Y nosotros ¿no estamos solos en esta historia de líneas invisibles,  apretadas, de párrafos densos, donde los obstáculos se enredan en los demás sucesos, y lo poco que esa niebla densa de respuestas negadas deja distinguir, es humo en el restaurante, preguntas interminables, sin tono de pregunta, pero al final preguntas?

B.O.M

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Flor de nieve

Marcamos en la nieve un círculo
y una vuelta alrededor del mundo
en bicicleta

Con el corazón señalamos
un florecer prematuro
de blanco y frío caudal al viento

desde entonces
la flor de nuestro patio
abre su blancura al eterno tiempo
de las flores que sueñan
la primavera.


Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red
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La espera de un sueño

Soñé que a Susana un hombre ebrio  la había manoseado en la calle a su regreso de la universidad. Pero qué va, eso no es un sueño. Ella se defendió con uñas y dientes, después de forcejeos y rasguños,  escapó como pudo. Corrió durante lo que a ella le pareció una eternidad. 

Estando segura de que el borracho la había perdido de vista, se detuvo mirando una sucia  pared,  y no pudo contener más las lágrimas. 

Pero minutos después el hombre reapareció con sus improperios y arrastrando los pasos.

La siguió hasta la casa, donde Susana entro sin pensarlo dos veces, el borracho se quedó afuera farfullando profanidades,  no podíamos des hacernos de él y su palabrerío insolente. Queríamos hablar entre nosotras, contar detalles, sin embargo,  entre la rapidez con que hablaba Susana y una extraña pesadez en la lengua,  las palabras se sintieron trabadas. Al cabo de un rato, unos vecinos se acercaron a percatarse de los disturbios en la calle. Intentaron convencer al hombre de que se marchara, de lo que resulto algo parecido a una complicidad tacita con el borracho, por el tono calmado en que los vecinos le hablaron para hacer que se alejara un poco de la puerta.

A mí lo que me preocupaba era  el niño pequeño que  estaba saliéndose por la ventana (seguramente atraído por los ruidos de la gente) del segundo piso, ¿De quién es ese niño trigueño? no sabía que la vecina de enfrente tuviese  niños.  

Y me preocupaba que Susana no se sintiera segura de poder irse sin más atracos del individuo. En su casa la esperaban ya hacía mucho rato.

Cuando  el hombre borracho se distrajo en alegatos ya más acalorados  con los vecinos, salimos a la parada del camión. Por poco nos subimos al camión equivocado. Esperamos largo rato, ya estaba oscureciendo y el camión no pasaba, no paso.  Desperté y el camión seguía sin pasar.  Y Susana nunca se fue.

B.O.M. imagen de la red.

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Botella al mar

Encuentra en el mar un mensaje en una botella de hace 95 años y localiza a  la hija de quien lo escribió

¿Podre encontrar la paz que necesito para dormir esta noche, para cruzar el borde de esta poza negra con los pies del sueño? ando de brazos abiertos sin miedo a la caída del insomnio.

Pregunto a no sé quién. No es una pregunta retórica, hace tiempo que no hago preguntas retóricas. Esta es una pregunta que necesita respuesta, por eso voy a enrollar esta página en un pitillo delgado y alargado que pueda caber en la boca de una botella verde. Luego, haré un corcho con el tubo que ya no sirve de nada, y echaré la botella a naufragar, el río pasa a unos metros, solo tengo que abrir la puerta trasera, adentrarme un poco en la distancia y ya está. Sería mejor el mar, los naufragios tienen mejor destino en el mar. Mientras que el río va en una sola dirección, y las turbulencias de éste, solo pueden dejar las cosas atoradas entre las piedras, las ramas, o el descanso del velamen; el mar da muchas vueltas y tiene multitud de orillas. Si se pudiera llegar al mar por el naufragio del río, yo misma me tiraría al mar.

Beatriz Osornio Morales. imagen de la red

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Sobre nadar

Dicen que nadar es bonito. La verdad yo nunca aprendí a nadar, de hecho por poco ni me acerco al agua. Cuando era chica era más fácil mi relación con el elemento vital. Jugaba descalza en los charcos después de la lluvia con otros niños, aunque mientras llovía tupido con truenos y relámpagos, buscábamos guarida en cualquier techumbre o caverna si andábamos en el campo. En temporada de riego, disfrutábamos bañarnos en los canales y pozos que conectaban los canales de un lado de la calle a otro. Los pozos eran angostos y cubiertos de concreto para mantener limpia el agua, a los lados les habían colocado unas varillas dobladas que fungían de escalinatas al fondo, no sé con qué fin las habrían puesto allí, quizá por si algún día necesitaba alguien bajar a sacar algo, alguien. El agua bullía del fondo del pozo con fuerza, pero era una de clavadistas irresponsables jugando a bajar y subir empujados por la fuerza de la corriente. De recordar eso, me estremezco. Lo que cuesta crecer.

Es cierto, veo a los nadadores y admiro la facilidad aparente con que se deslizan en la transparencia informe, desafiando la gravedad, se ven ingrávidos, podrían salir flotando como globos inflados en cualquier momento si no fuera por la viscosidad del agua.

Piscina inspirada en Van Gogh te permite nadar en 'La noche estrellada'

B.O.M. imagen de la red.