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La memoria en el cosmos 1

New study sheds light on memory formation

El ser humano posee una memoria cósmica. El día a día que se recuerda es la memoria inmediata, consciente; sin embargo, en alguna parte de su inconsciente, está la memoria del hombre en el Cosmos, en su contacto con las cosas, el advenimiento de mundos familiares.

La humanidad recorre los recuerdos en busca de una memoria primera, pero ésta sólo se revela cuando perdemos la conciencia del recuerdo.

A partir de allí, con esto. proponemos abrir puertas a esos espacios sin recuerdo, con la finalidad de crear una relación más afín entre lector y el universo creado.

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Cartas 1

Estimados lectores, confieso ser una ferviente amante de las cartas, extraño eso de la sociedad. Antes de la tecnología se escribían más cartas, y eran unas complejas entropías del escribiente.

Hace tiempo encontré una publicación con cartas entre Virginia Woolf y Vita Nicholson, me parecieron encantadoras, así que guarde el enlace, y hoy quiero compartir con ustedes por lo menos una, quién sabe si en lo sucesivo haga una como serie de cartas personales, si les parece, así comienzo:

De Virginia a Vita, Martes 5 de enero 1927

  «Por qué piensas que no siento o que hago las frases? “Frases encantadoras”, dices, que le roban la realidad a las cosas. Es todo lo contrario. Siempre, siempre trato de decir lo que siento. Por alguna razón, todo es aburrido y triste. Te he echado de menos. Te echo de menos. Te echaré de menos. A medida que te alejas me resulta más difícil visualizarte, y pensar en ti con fondo de pirámides y camellos me abruma un poco. Pero vamos a dejar eso y a concentrarnos en el presente ¿Qué he hecho? He sido muy laboriosa. Creo que en parte debes haber desorganizado mi vida doméstica, porque en cuanto te fuiste cayó sobre mí un torrente de obligaciones. No tienes idea la cantidad de colchones, mantas, sábanas, fundas y enaguas que he tenido que comprar. Por algún motivo mi incompetencia y el hecho de que los vendedores no me crean me transforman en una arpía fastidiosa. Escribo rápido, todo de golpe, (¿Has visto lo apretado de mis letras?) Es porque quiero decir muchas cosas pero no aburrirte. Entonces pienso que, si las aprieto bien, no verás lo larga que es esta carta. ¿Si he visto a alguien? Sí, a muchos. Hay tantos manuscritos que leer y cartas que escribir, y Doris, una pobre y desaliñada mujer que tuvo la increíble impertinencia, en parte falta de educación y también lo que ella cree talento y yo considero un cerebro respetablemente despierto pero vulgar, de decir: pero, señora Wolf ¿tengo, en su opinión, talento suficiente para dedicar mi vida a la literatura? A lo que con mi voz más decidida respondí que mejor se hiciese cocinera. En cuanto a mis encuentros, no me he enamorado de nadie… aunque ésa no es mi línea exactamente. ¿Lo habías adivinado? No soy fría; no soy farsante, ni débil, ni sentimental. Qué soy. Quiero que me lo digas tú.…

   Voy a tener un pequeño grupo dramático. Me gusta la profusión de esas pobres criaturas: pintadas e irreales, todas desesperadas porque no tienen trabajo o están enamoradas. Creen que soy una gárgola grotesca, semihumana, rígida como un demonio en una catedral. A ellas les parece increíblemente excitante que yo mueva las piernas y hable como un libro. Pero no durará mucho. Es parte de mi esnobismo adornar toda la sociedad salvo la mía propia. Pero (volviendo a tu carta) siempre supe que eras distante. Sólo que me dije: insisto por pura amabilidad. Con ese objetivo fui a verte.»

¿Verdad que es un encanto?

 

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Puertas

Recuerdo esos episodios de mi vida en los que no alcanzaban las horas del día, para expresar la narrativa mental que se desarrollaba constantemente dentro de mí. Parecía que estaba poseída por fuerzas sobrehumanas que apremiaban (me sentía privilegiada) con la más absoluta e inútil verborrea. 

Viendo hacia allá, todo lo demás (distracciones a la mano) me era casi indiferente; mi mundo era extenso en las palabras, en las idas y venidas que se presentaban como innumerables puertas abiertas a la existencia. Considérese el término desde sus connotaciones existencialistas.

Por otra parte, cada palabra poseía un sin fin de entradas y salidas donde pasearse, transportarse, o simplemente orear la ropa recién lavada. Cuántos aromas y sabores permeaban la tinta. 

La concentración, entonces, era como tener hambre y sentarse a comer.

Con el tiempo me doy cuenta que he desarrollado ADD (Attention Deficit Disorder) por sus siglas en inglés, o Desorden de déficit de la atención. La concentración ahora, es como tener hambre y no querer comer, o quieres comer pero no te quieres sentar, comes mientras haces otras cosas, de tal manera que, casi ni cuenta te das de lo que comiste.

A veces, a lo lejos alcanzo a ver algunas puertas, cerradas o abiertas, no distingo la maravilla que está frente a mí, es imposible siquiera señalar alguna de sus posibles entradas, no solo porque veo una simple puerta (simplificada) sino porque con la edad estoy perdiendo la vista, el filo de las cosas se esconde, lo cual contribuye al vicio, y a la necesidad que está enfermando al mundo: querer simplificar todo, globalizarlo, de tal modo que todos quieren parecerse a todos, como clones, así las palabras.

B.O.M

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Sobre una sinfonía de amor

Quisiera escribir una sinfonía de amor, a estas horas en que la luz apaga el silencio, también oscurece aquí. Ante la dureza de concreto con que desafían los temblores el alma, ante eso ¿Para qué servirían las frases de amor?

Se me ocurre que como decía el bueno de Jaime, las frases de amor sirven para quemarse. No me importaría quemarlas con tal de que el crujido que hacen las cosas al quemarse, alumbraran el silencio, éste acicalado silencio cuando cae la tarde, después del sismo y del puño levantado en vano. Más de trescientos muertos, más de trescientas veces en que el puño debió permanecer levantado.

Las frases de amor están muertas esta noche; las que no, convalecen por la pérdida y el peso del dolor, más que nada, por mis asonancias. 

Pero ya no quiero escribir así. Como están las cosas, escribir cualquier cosa sería bueno para apachurrar el cayo en los dedos, para despertar esa vida interior que ha sido mi única esperanza; las demás palabras, las que se hablan, las que no se escriben, son palabras de molde, prefabricadas, piel endurecida y hasta muerta. Yo pensaba que era posible inventar en el momento, inclusive lo experimenté muchas veces al escribir. Y solo porque hoy no puedo yo, no significa que usted o cualquier otro tampoco pueda.  Estoy segura que el mundo se renovará escribiendo la perfecta sinfonía de amor.

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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El juego de la búsqueda

Monet en Giverny: un paseo por el estanque de las ninfeas - líneas sobre  arte

Amigos de la pluma y el lápiz, ya es septiembre y yo apenas puedo sugerir un juego. Llegó el Covid a mi casa y con todo lo que eso implica, no queda tiempo de ninfear o de cavilar. Algunos dicen que si te da covid tienes tiempo de sobra, excepto, cuando eres la madre y esposa, es una vil mentira. No hay tiempo de nada.

En este momento escribo por la necesidad de ordenar la mente y para no pensar barbaridades. No estoy inspirada y con mucho trabajo puedo ubicar ideas como en el juego de las escondidas,  a mí es a la que me toca hacer la búsqueda, tengo que perseguir cualquier movimiento o destello de la mente.

A veces los destellos son simultáneos e inaprensibles. Me quedo deslumbrada por el rayo instantáneo del movimiento. Creo oír un trueno, pero cuando volteo hacia las nubes grises, el cielo está claro, ni una borrasca irrumpe ese infinito.

Los destellos del pensamiento se suceden unos a otros, en cambio, al que piensa le parece que se intercalan, saltando con cierto anacronismo, sin ninguna secuencia razonable, ese es mi caso. La velocidad es vertiginosa y los pensamientos quedan inconclusos en la razón. La mano más veloz en la escritura, es demasiado lenta para copiar fielmente las ideas de esa cámara sin dimensiones que es la mente.

Pero aquí estamos en la pesquisa, más por juego que por buscar algo concreto.

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Otro Cumpleaños

El año pasado no escribí sobre el acontecer de mi cumpleaños,  nos agarró en la carretera de regreso de Florida, donde habíamos pasado unas vacaciones parcialmente aburridas, lo que me impide decir que esa vez visitar Florida fue aburrido, es el encuentro que tuvimos con mi hermano Jacob y su familia. Fue  breve, pero estuvo cargado de un dulce sentimiento. Caminar por el resort tempranito y un par  de visitas a la piscina,   también me salvaron del aburrimiento, ah, y Kissimmee, cerca de Orlando. Para celebrar íbamos a pasar a Savannah, Ga. a comer en algún restaurante, pero resulta que después de dar vueltas y vueltas por la encantadora ciudad portuaria, no encontramos donde estacionarnos. Acabamos comiendo mariscos en algún restaurante de cadena en los suburbios de la ciudad.

Este año me gustaría escribir algo, rememorar no, escribir en tiempo real para el presente, para mi, para ti y para un desconocido..

Pero en estos momentos las únicas palabras que se formulan son las de un como rezo. Estrictamente hablando son las palabras más prosaicas  y vulgares de la vida diaria; mi culpa, como buena cristiana, sería querer algo distinto, algo distinto y bonito. Sin embargo, sospecho que ya caí en la tentación de rememorar, y es tan dulce.

El jueves mudamos a mi hijo mayor a su dormitorio en la universidad. La ciudad de Richmond no está descaradamente remota, hora y media en autopista, hora y media de ser fuerte y sonreír con naturalidad. Tuve que poner toda mi energía en eso. Lo bueno es que estuvo soleado. En el edificio había cola de estudiantes mudándose, pero no estuvo tan ajetreado. En el dormitorio nos topamos con la familia del roomate, que también estaban instalando al chico. Un muchachito de semblante agradable y pelo rosa fiusha y desenfadado, de personalidad artística. El dormitorio se sintió bastante reducido, (tarde o temprano todos sudamos) pues éramos, la mamá del roomate, el papá y la tía, o no sé quién sería la otra señora, no puse atención. Las dos mujeres se mostraron cómodas socializando con mi marido que habla hasta por los codos, yo me concentré en lo que estaba, oyendo el cacareo solo de fondo, intercambié apenas unas cuantas frases para no parecer grosera, terminamos de desempacar antes que ellas. Dejamos el edificio para encontrar el mercado de comida, donde comimos juntos con mi hijo antes de regresar a casa. 

Pensar en el hueco que nos queda en la casa cuando alguien se va, equivale a nostalgiar y realmente no quiero sonar dramática;  que un hijo se vaya a la universidad es un logro, más que una desgracia. El rezo es por su felicidad, porque encuentre sentido a su vida y lo que ha escogido para lograr. El rezo, son los murmullos que las paredes de la casa guardan de la voz de mi hijo, mezcladas con las voces de mi otro hijo, en una conversación constante con los juegos de Casper,  son los ecos del mundo.

Hoy es un cumpleaños más, con pastel de chocolate y una comida para nada especial, pero deliciosa. Un lugar vacío en la mesa, en este caso, equivale a la esperanza y la libertad de un hijo autónomo y realizado. Motivo para sonreír, pero ¡cómo lo extraño!

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Correspondencias

Hablaré de otras cosas, las cosas que ocurren sin darnos cuenta; pero también está bien hablar ocasionalmente de lo obvio, más porque es parte de lo otro que por despistar, así como el silencio es parte de las palabras, el sonido es parte de la ventana que se estremece al caer el rayo.  Minutos después, el relámpago queda impreso en el verso.

Bajo la luz todo es posible ¿Lo es?

Ciertamente se reconoce un movimiento de respiración en el pecho. Qué magnífico ese sube y baja en la piel. Esas pequeñas digresiones del pensamiento que uno evita, son el espacio, el lugar, la atmósfera de una casa (a veces irrespirable) pero elemental.

Cuando se trata de hacer palpar esa atmósfera, es inevitable mencionar el polvo, el movimiento del aire y la quietud del mismo, así como la forma en que interactúan con los objetos de la casa, las escaleras, los muebles escasos donde flotan partículas de polvo iluminadas por una luz que se cuela por la ventana, la misma ventana estremecida una y otra vez por los ruidos externos.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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El poema del soneto

Surrealismo, psicoanálisis y el estudio de la psique en la pintura -  ttamayo.com

Algo así como  media hora de tinta azul, y monotonía esforzándose por pensar algo concreto, y nada; esa cosa insustancial de la que tanto se habla en filosofía, la nada astuta del nihilismo. Entre lo concreto y la nada está el nihilismo.

Quiso hacer un poema del soneto, expuesto a sus medidas, despojado de la rima. No es seguro que lo haya logrado, el caso es que, hay un plano con esqueleto azul, desde donde se erige un castillo cerca del medio día.

Concluyó que el soneto no es un poema de la noche, digan lo que digan. Uno se figura que ocurre en plena luz del día, como algunos crímenes insólitos, te encuentran desarreglado, ya sea que aun lleves la corbata bien puesta, pero con la bragueta abierta, por descuido, el labial corrido, no falta alguna vulnerabilidad.

B.O.M. imagen de la red

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Voz propia

Hoy me di cuenta (mientras escuchaba unos audios de lectura que hice hace tiempo) que, a la mejor no tengo voz propia. A la mejor tengo la voz de mi madre, o la del silencio que es casi igual.

Cuando de niña acompañaba a mamá a la iglesia, y la oía cantar en los responsos, recuerdo que siempre pensaba: ¿Por qué canta así? Su voz era un murmullo que se ahogaba entre las altas y agudas voces del resto de la feligresía. Pero yo que estaba muy cerca de ella, a un lado de su vientre, oía solamente su voz, como si ésta  saliera de su la panza. Era como si (por alguna razón desconocida) no le fuera permitido cantar, como una madre que huye con su hijo pequeño en brazos, y durante la persecución, hay ratos que para calmar al niño y  para que su chillido no los delate, ella se ve en la necesidad de cantarle una canción, y lo hace en voz bajita, porque el descubrimiento de su voz traería consecuencias desastrosas para todos.

Esa idea… es tormentosa ¿no?. Imagina que cuando escribo, escribo como si aquí estuviera prohibido escribir, pero igual escribo, cuando leo en voz alta, leo como si no  estuviera permitido hablar ni leer, pero hablo de todos modos, leo en voz alta y hasta grabo audios de vez en cuando. Decía Virginia Woolf que para ser escritora, una mujer requiere de Una Habitación Propia, déjate de la habitación, con encuentre una voz propia, basta y sobra aunque no tenga casa.

A veces reconozco en mi voz, la voz de mamá; la he escuchado también en otra parte, solo que no recuerdo donde. Por lo que llego a la conclusión de que hay otras voces así.  

Pero encuentro que Sí, mi voz es mi voz, un desafío, la voz del disidente quizá, es rara, pero mi voz al fin.

B.O.M. imagen de la red