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Tierra firme

Lacan y los surrealistas III. Segundo manifiesto de los surrealistas  (1930). – En el margen.

Algo asustó al perro allá atrás en el patio. Salió a hacer sus necesidades, y como siempre busca montoncitos de hojas, o matorrales de pastos algo crecidos, se internó en un océano de hojas secas que le llegaba hasta la panza. La nubecita blanca flotaba dando vueltas en busca del lugar adecuado, según los parámetros caninos. Una visión asombrosa  ver que los perros tienen estándares del punto exacto donde realizar ese tipo de cosas, y la luz de la mañana puliendo aún las formas también me asombra. 

De pronto, ví que la determinación del can se vio afectada por un traspié. Intentando reafirmarse, volvió a perder el paso, como si algo le hubiera picado, con movimientos rápidos para no ahogarse,  se levantó del balanceo y corrió hacia la terraza, desde donde yo lo observaba con mi taza de café en mano. Quería decirme algo con la mirada de preocupación, algo que evidentemente lo asustó, según entendí.

Por un buen rato, insistí en que regresara a terminar lo que aún ni empezaba, pero se rehusó. ¿Acaso lo mandaba a enfrentar una serpiente? Terminé dándome por vencida (ya se me había enfriado mucho los pies que calzaba solamente en chanclas) sin saber lo que se encuentra en las profundidades del océano. Aquí está el perro, echado junto a mí, su pilar de protección en tierra firme.

B.O.M. imagen de la red.

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El juego de la búsqueda

Monet en Giverny: un paseo por el estanque de las ninfeas - líneas sobre  arte

Amigos de la pluma y el lápiz, ya es septiembre y yo apenas puedo sugerir un juego. Llegó el Covid a mi casa y con todo lo que eso implica, no queda tiempo de ninfear o de cavilar. Algunos dicen que si te da covid tienes tiempo de sobra, excepto, cuando eres la madre y esposa, es una vil mentira. No hay tiempo de nada.

En este momento escribo por la necesidad de ordenar la mente y para no pensar barbaridades. No estoy inspirada y con mucho trabajo puedo ubicar ideas como en el juego de las escondidas,  a mí es a la que me toca hacer la búsqueda, tengo que perseguir cualquier movimiento o destello de la mente.

A veces los destellos son simultáneos e inaprensibles. Me quedo deslumbrada por el rayo instantáneo del movimiento. Creo oír un trueno, pero cuando volteo hacia las nubes grises, el cielo está claro, ni una borrasca irrumpe ese infinito.

Los destellos del pensamiento se suceden unos a otros, en cambio, al que piensa le parece que se intercalan, saltando con cierto anacronismo, sin ninguna secuencia razonable, ese es mi caso. La velocidad es vertiginosa y los pensamientos quedan inconclusos en la razón. La mano más veloz en la escritura, es demasiado lenta para copiar fielmente las ideas de esa cámara sin dimensiones que es la mente.

Pero aquí estamos en la pesquisa, más por juego que por buscar algo concreto.

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Otro Cumpleaños

El año pasado no escribí sobre el acontecer de mi cumpleaños,  nos agarró en la carretera de regreso de Florida, donde habíamos pasado unas vacaciones parcialmente aburridas, lo que me impide decir que esa vez visitar Florida fue aburrido, es el encuentro que tuvimos con mi hermano Jacob y su familia. Fue  breve, pero estuvo cargado de un dulce sentimiento. Caminar por el resort tempranito y un par  de visitas a la piscina,   también me salvaron del aburrimiento, ah, y Kissimmee, cerca de Orlando. Para celebrar íbamos a pasar a Savannah, Ga. a comer en algún restaurante, pero resulta que después de dar vueltas y vueltas por la encantadora ciudad portuaria, no encontramos donde estacionarnos. Acabamos comiendo mariscos en algún restaurante de cadena en los suburbios de la ciudad.

Este año me gustaría escribir algo, rememorar no, escribir en tiempo real para el presente, para mi, para ti y para un desconocido..

Pero en estos momentos las únicas palabras que se formulan son las de un como rezo. Estrictamente hablando son las palabras más prosaicas  y vulgares de la vida diaria; mi culpa, como buena cristiana, sería querer algo distinto, algo distinto y bonito. Sin embargo, sospecho que ya caí en la tentación de rememorar, y es tan dulce.

El jueves mudamos a mi hijo mayor a su dormitorio en la universidad. La ciudad de Richmond no está descaradamente remota, hora y media en autopista, hora y media de ser fuerte y sonreír con naturalidad. Tuve que poner toda mi energía en eso. Lo bueno es que estuvo soleado. En el edificio había cola de estudiantes mudándose, pero no estuvo tan ajetreado. En el dormitorio nos topamos con la familia del roomate, que también estaban instalando al chico. Un muchachito de semblante agradable y pelo rosa fiusha y desenfadado, de personalidad artística. El dormitorio se sintió bastante reducido, (tarde o temprano todos sudamos) pues éramos, la mamá del roomate, el papá y la tía, o no sé quién sería la otra señora, no puse atención. Las dos mujeres se mostraron cómodas socializando con mi marido que habla hasta por los codos, yo me concentré en lo que estaba, oyendo el cacareo solo de fondo, intercambié apenas unas cuantas frases para no parecer grosera, terminamos de desempacar antes que ellas. Dejamos el edificio para encontrar el mercado de comida, donde comimos juntos con mi hijo antes de regresar a casa. 

Pensar en el hueco que nos queda en la casa cuando alguien se va, equivale a nostalgiar y realmente no quiero sonar dramática;  que un hijo se vaya a la universidad es un logro, más que una desgracia. El rezo es por su felicidad, porque encuentre sentido a su vida y lo que ha escogido para lograr. El rezo, son los murmullos que las paredes de la casa guardan de la voz de mi hijo, mezcladas con las voces de mi otro hijo, en una conversación constante con los juegos de Casper,  son los ecos del mundo.

Hoy es un cumpleaños más, con pastel de chocolate y una comida para nada especial, pero deliciosa. Un lugar vacío en la mesa, en este caso, equivale a la esperanza y la libertad de un hijo autónomo y realizado. Motivo para sonreír, pero ¡cómo lo extraño!

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Los efectos de la distancia

Tengo una felicidad tan concurrida, que seguramente esta noche García Marquez se regocija en la tumba.

Mañana estamos de viaje nuevamente. La mitad de la travesía ha transcurrido, y hemos sobrevivido al ajetreo de la carretera.

Queda una última noche, una de tantas noches en que he escrito el adiós sin ponerle nombre.

Me gustó Kissimee, es un lugar cool cerca de Orlando a pesar del calor; volvería si estuviera a la vuelta de la esquina. Pero es tan remoto del noreste que me parece increíble estar aquí, y estar ebria de millas,  a punto de partir más al sur, me produce un vértigo desbordado, casi clínico. Pero quizá solo se trate de los efectos de la distancia, esa rara enfermedad que nos ata a la pata de la cama, el único lugar seguro.

Ya sé que tú me recuerdas andariega, pata de perro, incansable de viajar, pero la distancia se ha convertido en mi criptonita, y hoy estoy sintiendo los efectos anticipadamente.

La felicidad es de acuerdo al antídoto, de estar más próximo el regreso. Nunca pensé que anhelaría regresar a casa, y que ese anhelo me produciría esta felicidad  concurrida. Las sábanas parecen más blancas, las cortinas lucen perfectas en sus pliegues dorados, con pequeños bloques de color café claro. Hasta la alfombra oscura con detalles claros proyecta considerable limpieza. Quizá ni las paredes están impecables, ni las sábanas pulcras; la felicidad es cosa de ésta ebriedad, felicidad que se duplica en las palabras.

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El trayecto-Segunda parte

  La última vez que reconocí el altima de Xavier, fue a unos dos kilómetros después de Manassas,  cruzamos el entronque de la derecha, no recuerdo el número del exit, pero deben haber sido cinco minutos después del puente levadizo que conecta las venas principales de la autopista con ambos lados de la ciudad, dos vehículos desconocidos nos separaban.

  El viejo ya se pone de mal humor, ha llamado al auxiliar para encargarle de atender a los clientes que aumentaron, como si se hubiera condensado la fluidez de las bombas de gasolina y por alguna razón, el servicio se hace tan lento que casi desaparece de la circulación del tiempo, o quizá sea éste el tiempo real. Mira como se adivina la preocupación en su cara?, el escaso pelo en su frente indú le hace ver desmejorado, lo mejor sería orillarnos del otro lado de las bombas, para llegado el tiempo, estar más cerca de la salida.

  Pero del otro lado había más bombas, y con el espacio tan reducido de las gasolineras, los claxones pronto se hicieron oír de las filas. Bueno, con algo de suerte regresamos a estacionarnos donde antes. Lo único   incómodo es la cara del viejo, que amenaza como si pudiera reconocernos a través de los vidrios polarizados del siena.

  ¿Crees que se han ido de largo en la carretera?, ah! dices que nos seguían dos carros atrás, no entiendo cuál pudo ser el problema para perdernos de vista, Un trailer de tres vagones?,  puede ser  que en alguna entrada uno de esos camiones se atravezara, obstruyendo la vista primero y luego rezagando el tráfico, nunca faltan eventos como ese. (Otra vez el viejo nos mira como si fuera necesario pedirnos amablemente, que dejemos el espacio libre para los clientes que necesitan cargar gasolina. ¡Al diablo con el viejo!, mientras no se atreva a des afanarnos de nuestra espera. Qué hay de malo en que dos hombres y una mujer se estacionen en un siena color plomo con vidrios polarizados, qué hay de malo, si ni siquiera hemos abierto las ventanas para que tuviera pretexto de reclamar por la música fuerte y el humo?…con qué derecho reportaría a la policía que está viendo  un carro sospechoso. Lo de los vidrios polarizados es ilegal, pero no es motivo suficiente para decir que llevamos horas estacionados en un lugar de tránsito y que seguramente, fumando, representamos una amenaza a la seguridad del negocio y de los clientes.) También pudo haber ocurrido algún accidente,  para tardar tanto…

fordvehicles.com | Manualzz

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Entre la mañana y la tarde

Aun las frases quebradas son indicación de que hay algo vivo aquí, donde todo estaba inerte, sumido en el silencio. Después de todo no fue imposible jugar a las palabras, hacerlas salir y entrar por una ventana mediocre, pequeña para el tamaño del edificio, por donde solo una esquina de techo y pared con la oscura fronda de las coníferas, entran en esta mañana nublada donde muchos sin saber, estamos instalados. Los alambres de la electricidad dividen el paisaje en cuentas horizontales que también se cruzan a medias con las palabras. Pero una lámpara apagada en el poste y otra incrustada en la pared del edificio, son los únicos elementos que entran completos en el marco del ojo. Afuera todo parece escueto,  aquí adentro, la vida bulle de salón en salón, provocando mis nervios al punto de una emoción creativa cada minuto más irresistible; observar es siempre un buen estupefaciente contra la ebriedad del vacío interior, los cambios repentinos de planes, la fuerza de la corriente del sistema humano o el auto desconocimiento.

El salón de clases es un enjambre de voces cuando se suponía ser una tumba por el examen nacional de fin de semestre. Al parecer les jackearon el sistema computacional y los administrativos están apurados en repararlo. La maestra de Mate está explicando ecuaciones en otro salón. Su explicación se sale de tono y traspasa las paredes y puertas cerradas. No es para mí. Lo de enseñar a chicos malcriados. Yo monitoreo la paz de los pasillos, para lo cual mato el tiempo escribiendo frases interrumpidas, mirando de una lado a otro, busco sin buscar, o sin saber qué, de la ventana a los muros, las filas de lockers, la bandera a mitad del pasillo, frente al reloj que lee 8:36 am, el am lo imagine yo, el reloj solo tiene números y manecillas. La pared es blanca con mosaicos color crema en la parte inferior. Sobre la ventana, en la pared hay un cuadro amarillo como fondo de un paisaje marrón, donde un velero con vela izada cruza justo frente al horizonte; podría ser amanecer o bien podría ser atardecer, el sol es gigante en relación a los demás elementos del cuadro. Al lado derecho del cuadro en mayúsculas y en forma vertical, también en rojo, se despliega la palabra POQUOSON, el nombre de este distrito.

Sincerándome, es fácil matar el tiempo con palabras. Antes de que empezaran los exámenes, pasó por aquí el director de la escuela, y viendo que me había sido asignado monitorear, señalo que debería haber traído un libro, un libro atestado de palabras naturalmente, es la mejor arma contra cualquier posible ¿Mal tiempo? Le respondí que había olvidado mi libro. Como no quedaba ya tiempo de bajar a la biblioteca a pedir uno prestado, decidí hurgar,  y hurgar los más hondos silencios, los cuales resultaron ser necios en mostrar mi debilidad para sacar algo de sus minas. Pero con algo de la determinación que solía poseer años atrás, logré juntar suficientes cuentas dialécticas, y extraer de mi polvoso estado mental estas frases sin pulir, quizá un día brillarían como piedras preciosas en una hermosa alhaja, quien sabe.

Por lo pronto, sé que ha sido embriagador sacar ventaja de un cambio desafortunado, escribir es mucho más estimulante que leer o asistir una clase donde la mayoría de estudiantes no quieren aprender, a esas alturas del año, Mayo 21 todos están hartos de cumplir con el requisito de asistir a la escuela día tras día. Estoy convencida nuevamente de que escribir es lo mío. Decidido y asentado.

Entre el horario de la mañana y la tarde, tenía media hora para comer y transportarme de la secundaria a la primaria, donde cubriría la segunda mitad del día. Estoy sentada en el carro frente a la escuela, espero y nuevamente la necesidad de matar el tiempo se agarra a las palabras. Leí lo que había escrito en la mañana, aunque podría haber tomado siesta, mi estado emocional está demasiado activo para dormir, que se friegue el cuerpo cansado, seguiré escarbando el paisaje y construyendo sobre silencios. Me encanta la música, ha comenzado a lloviznar y yo escribo apoyada en el volante.

B.O.M. Imagen de la red.

Nota: Quería publicar en este 14 de febrero. En un principio pensé en publicar cartas de amor de alguna celebridad literaria, Virginia Woolf por ejemplo, y buscando encontré unas apasionadas cartas de Leonard a ella, perfecto. A la mera hora me dio cosa, como que estaba inmiscuyéndome en un asunto privado, eso tienen las cartas personales.

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Malinche

Este es el título del libro de la autora Mexicana Laura Esquivel, autora también del afamado libro llevado a la pantalla del cine, Como Agua para Chocolate.

Malinche, es una novela histórica basada primordial mente en la intensa y trágica relación amorosa que se daría entre el conquistador Hernán Cortez y su intérprete, Malinalli, mujer nativa de familia noble, de regiones conquistadas en primer lugar por los aztecas. Habiendo perdido a su padre y abuela, fue vendida por la madre como esclava, así que desde muy chica fue de señorío en señorío de la las poblaciones de habla Nahuátl a los de habla Maya, donde fue a dar con el mismo Cortés. Malinalli como sus contemporáneos creyó en un principio que Hernán Cortés era la reencarnación del dios de sus ancestros, Quetzalcóatl, por dicha razón asume que su tarea es ayudarlo, como intermediaria entre él y los miembros de culturas nativas.

Hija mía, tú vienes del agua y el agua habla. Tú vienes del tiempo y vivirás a tiempo y tu palabra vivirá en el viento, y será plantada en la tierra. Tu palabra será el fuego que transforma todas las cosas. Tu palabra vivirá en el agua y será un espejo para la lengua. Tu palabra, tendrá ojos y verá, tendrá oídos y oirá, tendrá tacto para posarse en la verdad, y para decir verdades que serán vistas como mentiras. Y con tu palabra, tú serás capaz de regresar a la quietud, al comienzo donde nada es, donde toda la creación regresa al silencio, pero tu palabra, lo despertará, y tú nombrarás a los dioses y les darás voz a los árboles, y le darás a la naturaleza una lengua para hablar por ti de lo invisible que nuevamente será visible a través de tu palabra. Y tu lengua será la palabra de luz, un pincel de flores, la palabra de colores que tu voz usará para pintar nuevos códices.”(1)

En el ritual de bautismo que los antiguos ancestros realizaban, su padre cantó estas palabras en el bautizo de Malinalli, mismas que parecen haberla guiado a lo largo de su vida de grandes responsabilidades históricas. Yo he leído el libro en inglés hace tiempo, y mientras leía me encontré traduciendo al español en mi mente muchos pasajes hermosos, por lo cual, si hay errores de sintaxis o terminología, ruego una disculpa a la autora. Entendiendo que se trata de un libro que merece la pena ser leído, decidí hacer esta presentación especial.

Malinalli ha sido considerada a lo largo de la historia mexicana como traidora a su raza, nos enseñan eso desde los primeros años de escuela, hasta la fecha, decir “malinche” es sinónimo de traidor. Pero en este libro, se descubre en ella, un personaje fascinante.

Los antiguos mexicas, decían poemas épicos de su gente a través de imágenes. Todas sus experiencias eran recolectadas en pedazos de papel que representaban la manera de existir  

en su tiempo”(2) escribe la autora en su nota de introducción, para aclarar que entonces todavía no se contaba con un sistema de escritura, así que por dibujos o por historias habladas era como se transmitían las costumbres y tradiciones de una cultura.

El término Malinche, es posible que venga del término náhuatl malintzin(3) el cual representa el diminutivo de hierba que sirve para hacer cuerda, y que al parecer se utilizaba como sinónimo de Malinalli, conocida como Doña Mariana, o También se le llamaba Malinalli de Tenépal. La palabra náhuatl tenépal significa “persona que tiene facilidad de palabra, que habla mucho y con animación”(4) De todas estas explicaciones técnicas, no se habla en el libro, quizá por falta de relevancia. Se encuentran muchos otros detalles en lo que es la bibliografía de Laura Esquivel, al final del libro, donde podemos corroborar que la autora se informó muy bien sobre los hechos históricos. Otros aspectos, por pura curiosidad insana, los encontré yo en wikipedia.

Malinche es un libro que sorprende grata mente por su lirismo bien ensamblado, en una prosa lucida. Es una obra generosa que nos evoca y transporta a los escenarios y creencias de una rica cultura pre hispánica, donde los dioses no se esconden de los hombres, se hacen visibles y hasta tangibles, entregándose a la humanidad en los elementos y haciéndolos parte del todo. Su deidad está conectada a todas las cosas del universo.

KARV Libros - "Malinche" de Laura Esquivel Precio: $230 Una novela sobre  uno de los personajes más controvertidos de la historia de México: la  Malinche, la admirada y denostada amante de Hernán

Beatriz Osornio Morales, Imagen de la red

Citas:

Malinche Pag. # 9

Nota de autor.

y 4. Wikipedia. Internet.

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Del Diario de Abril

Día 16 Hampton, 2006

El mar ha quedado lejos, no el mar de Málaga, ni el mar del Atlántico, el mar, aquel donde te hablaba como si anduviéramos en Paris.

A media hora de aquí hay otro mar, pero este mar es distinto; no inspira lo mismo. Al contemplarse la mirada se abisma en el gris del océano. En sus orillas hay multitudes de aves, nadie con quien hablar. Las olas chocan contra invisibles acantilados. No hay superficie rocosa ni palmeras a la vista.

Desde la casa, el mar se piensa más lejos de lo que en realidad está de estos estrechos de pantano, donde hay langostas y cangrejos salidos de lo hondo. En éste mar, al que se va por la carretera torcida de la península, el tiempo es lento; el tiempo dura el andar de las tortugas.

B.O.M

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Comprar una mascota

Coronavirus y mascotas: estos son los tres animales domésticos que pueden  infectarse

Parece una de las cosas más simples pensar en una mascota. Luego viene una serie de desmangues con cada búsqueda. No basta con decidir qué tipo de mascota se quiere. En mi casa somos cuatro, y en lo que va de matrimonio nunca hemos tenido una. Ahora mis hijos son unos adolescentes y me acusan de haberlos privado durante su completa niñez de la compañía apapchadora. El mayor aun conserva su perro de peluche, que le sirvió (según su experiencia) más que un juguete como compañero de infancia.

No sé por qué el interés en un animal en casa no fue prioridad antes. Nos tardamos en dejar de lado nuestras prioridades, los viajes, los planes a futuro no incluían al peludo. Y qué. Sucede que me cansé de viajar, mis hijos por fin alcanzaron la voz para expresar claramente su deseo. Entonces hicimos equipo para vencer la resistencia del único integrante familiar que tarda más en estar de acuerdo, mi marido. Siempre ha sido un trota mundo. Antes de casarnos era mochilero. Luego durante los años que hemos estado juntos, hemos emprendido suficientes (aunque para él nunca son suficientes)viajes y escapadas.

Concordamos que a finales de Agosto por fin nos haríamos de un cachorrito canino. Tuvimos que concederle al trota mundos, como último deseo, la ida a Florida que nos tomó dos largas semanas. Durant el viaje y al regreso buscamos en la red los tipos de perros disponibles para comprar, visitamos las tiendas de robo, digo, de mascotas, nos dimos cuenta de cómo se comercia con los amigos del hombre, así somos los humanos. Llamamos a criadores de perros para asegurarnos de comprar uno lo suficientemente joven, recién nacido para que no tuviera mucha historia, y con suerte sería más adaptable. Nada, no encontrabamos uno que nos convenciera a todos, si no era perro era perra, si no era muy chico era demasiado grande, si no era de buena raza, era de las razas agresivas, qué sé yo. Terminamos visitando el albergue para animales, tienen algunos para dar en adopción y son considerablemente más baratos. Pero tenían solo perros mayores, grandes, ladradores, intimidantes, con historia de maltrato y una larga memoria del mismo. Me siento incapaz de poder con uno de esos.

En el albergue también tienen gatos para adopción, Así que muy convenientemente, a unos minutos de entrar al ladrerío, salimos aturdidos, seducidos por el silencio y la sutileza de los gatos. Dos veces (una vez fui con mis hijos y otra con mi marido, que odia a los gatos según él) me engatucé, literalmente; tenían gatitos pequeños… y las dos veces casi me traigo uno. Después de la larga búsqueda mi marido accede a un gato y si no fuera porque el que nos gustó ya estaba apartado, habríamos llegado a la casa con gato en lugar de perro. Uno de mis hijos prefiere los gatos y estaba contento con el prospecto. El mayor que ya casi deja la casa para ir a la universidad, se aferró al perro, hizo sus propias llamadas a criadores de shelties, su raza favorita, pero no son tan comunes acá. Mi marido, una vez que se convence, creo que antes no estaba convencido de renunciar a su liviandad de viajar, se vuelve obsesivo, como ya es pensionado buscaba todos los días en los periódicos la venta de cachorros. Por fin encontramos unos recién nacidos de la raza bichon, de solo 7 semanas, sin memoria. Llamamos y ayer fuimos a verlo y a apartarlo. Lo recogeremos el domingo, después de su cita de actualización con el veterinario.

Y ahora que ya es casi un hecho, tengo miedo de no saber cómo entrenarlo, pero es más grande la ilusión de tener un nuevo integrante de clan, y detrás de un poema escrito en tinta negra, hago la lista de lo que necesito para su llegada: lazo, collar, cama, shampoo, tazon…

B.O.M