Cruzando Fronteras

003-Salvador Dali - the dream of venus, 1939

Naturalmente eran solo recuerdos ¿Cómo podrían ser algo más que recuerdos?

En aquel entonces no te ocupabas de la política; de la doméstica te entendías bajo el agua, bajita la mano como te enseñaron las tradiciones religiosas de la familia. A la política internacional la desdeñabas, sintiendo quizá que si te interesabas en ella, estabas traicionando tu patriotismo arraigado por la experiencia de unidad familiar. Creciste sabiendo por tu padre, que tus ancestros habían sido parte vital de muchos acontecimientos históricos, sobre todo en tiempos de La Revolución Mexicana, eso te hacía sentir orgullosamente rebelde, pero un día tuviste que saber lo que en realidad se necesita para rebelarse de fondo y no solo con palabras, tambíen tuviste que entender que una cosa es aprender historia y otra entender de política aunque vayan de la mano.

Para que le buscaras  el hilo a la política doméstica tuvo que pasar lo inimaginable, ser víctima de un atentado y un corazón roto. La globalización no nos ha dejado otra que poner más atención en la política internacional, que siempre fue la piedra de sacrificio para invocar el mito del patriotismo.

Cruzaste la frontera en una visita al gabacho, y allí supiste lo que sienten los extranjeros en otro país, un extraño frío en la panza, la cabeza a punto de explotar, pero sabías que era solo temporalmente, que un día regresarías al calor de tu hogar. Y aunque te paso la idea de irte a otros países del mundo haciendo el bien,  tus raíces con la madre tierra entonces no te dejaron.

Pasaste años en la inquietud y finalmente te fuiste a vivir al extranjero, fue entonces cuando experimentaste lo más sombrío del abandono en que se convierten los migrantes, dolía como duelen los huesos cuando estas creciendo, como los huesos aprenden a crecer cada noche en el cuerpo, ellos, los migrantes tienen que aprender a crecer en esa otra tierra. No solo habías roto las posibilidades de volver a tu país permanentemente, sino que también habías abandonado la idea de que la religión fuese tu refugio y el motor para esa futura vida. Sin todo aquello, pero sobre todo, sin la presencia palpable de lo familiar, tendrías que vertelas duras para asentar cabeza y hacer vida por tí misma. No es fácil vivir sin que te digan cómo, esa es la más grande rebelión. Rebelarse es vivir sin los parametros de los que te dicen cómo esto o lo otro, pero vienes de gente con sangre caliente, con gustos picantes, con orgullo cultural, y de una espiritualidad cósmica ancestralmente arraigada, lo sabes. El migrante aunque que viva fuera por mucho tiempo, y se vayan remodelando su visión y sus ideas,  sabe que en el fondo  el corazón sigue siempre la misma brújula. El cambio más relevante es que los demás ya no son tan distintos.

Escribir esto puede haberse tratado de un acto de la memoria, pero esta certeza de interés en lo social es de hoy y es auténtico, y qué lindo sería que esos sueños utópicos fueran verdad, ahora que acabas de cruzar otra frontera.

Beatriz Osornio Morales. imagen de Salvador Dalí: El Sueño de Venus

CAMPANA DE CRISTAL

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En Febrero de este año por fin se me hizo leer La Campana de Cristal de Sylvia Plath, poeta norteamericana contemporánea del siglo XX. Después de querer y por angas y mangas quedarme queriendo, cumplí el deseo de indagar el libro, de discertar en su aire que en inglés “The Bell Jar” me sonaba a jarra de cristal.

Entre otras cosas, leí también algunas opiniones y críticas al respecto. Y entre que si es una novela autobiográfica, o ficción realista sobre la adolescencia y las encrucijadas a las que se tienen que enfrentar los jóvenes, en particular las mujeres al llegar a la vida adulta, o si bien es una novela feminista, un tanto autobiográfica que trata la situación de una joven artista frente al dilema de sus limitadas opciones, la de lo convencional, casarse y tener hijos apostando a perder su lado artistico, o dejarse ir con toda la lucha de la creatividad, renunciar a una vida convencional, rechazar a su prometido y explorar todas las posibilidades como individuo, tanto en lo profesional como en la vida sexual, esto último es expuesto más como una teoría que la protagonista ejercitó solo una vez y con consecuencias horribles, por cierto, pero si escoge renunciar a lo convencional, debe enfrentarse a la soledad y aislamiento. No contaré la trama, lea. Yo me quedo con sus atmósferas.

El principio es un “gancho” tremendo a la imaginación, que poco a poco se va convirtiendo en el mismo impacto, la misma angustia del personaje que lee en cada ezquina de New York, la noticia sobre una ejecución en silla eléctria. De por sí, New York es un escenario perfecto para casi cualquier historia inquietante, y en verano más por los niveles de humedad y calor desquiciados.

Sylvia maneja a lo largo de la novela, una descripción aguda, inusual y detallada de lo que está ocurriendo. Y al mismo tiempo, uno se imagina a la artista cómo va colgando los detalles más inesperados en la trama, uno a uno, como ropa recién lavada en el tendedero, flotan, se airean de la realidad emocional del personaje.

Es sorprendente la naturalidad con que se van distorcionando las visiones de Esther Greenwood, de lo racional e inteligente como una joven poeta que ha ganado varios concursos escribiendo poemas y cuetos , a lo irracional e inteligente hasta el final, cuando la adversidad pone a prueba su sanidad mental y tiene que ser reparada.

Nunca había uno sido testigo tan claro de la postura de un personaje en tiempo presente, un tiempo que recurre a lo largo de la novela, el pasado es apenas mencionado y el futuro, tiene solo una predicción al final del libro, cuando un personaje sometido a tratamientos de electro shocks ve la posibilidad de salir a la calle a tratar de vivir nuevamente una vida normal, lo que es, así como la posibilidad de olvidar, y lo que podría ser, aceptando su realidad de mujer reparada como parte de lo que ella es.

Puedo decir al terminar recién su lectura, que me entretuve infinitamente en observar ese mundo distorcionado pero más claro que el agua. Estuve leyendo con avidez al punto del morbo. Lo triste es que a su término, la convicción más cierta que tengo es que el aire bajo la campana de vidrio, es irrespirable, pero elemental en su dimensión literaria.

Beatriz Osornio Morales, la imagen es de la red.

DESPUES DE TANTOS MUROS

Dice Carlos Slim, el magnate mexicano, sobre otro magnate, el actual presidente de USA, que tiene una visión política y un modelo económico “proteccionista” regresivo, como de los años 20s en adelante, cuando USA era un país próspero. Yo díría que la desafortunada regresión es mucho más antigua, se remonta a los siglos 13 o |14, cuando los monarcas hacían contruír murallas para limitar el acceso a ciertos sectores de la sociedad, o para delimitar y proteger los reinados de gente indeseable.

En la actualidad, una visión de ese tipo y contra un país supuestamente aliado, con el que se tienen establecidas numerosas negociaciones vitales en la economía de ambos lados, equivale a una política peligrosa, la de crear hostilidad social, pues el muro no es solamente una pared que separa dos sectores y tipos de gobierno, separa culturas, familias, países centro y sudamericanos con todo y sus ricas culturas, pone trabas económicas, y lo peor, se establece una cínica relación obvia de totalitarismo superior por parte de un lado, tanto gobierno como seguidores de ese gobierno, sobre la otra parte. ¿Les recuerda esto el Muro de Berlín, o la Muralla China, o Israel y Palestina, o uno de tantos muros construídos a lo largo de la historia humana?

Se tiene que hacer frente a esa oscura perspectiva, después de tantas batallas ganadas, de tantas fronteras cruzadas, de tantos muros derribados, la humanidad tendria que aspirar a algo mejor.

Por tanto hoy lanzo esta cándida petición:

Ciudadanos de México y el mundo, no permitamos que nos dividan ni separen los gobiernos, como no han podido hacerlo las fronteras.

Beatriz Osornio Morales

No Escrita

“I am unwritten, can´t read my mind”

Una mañana, de camino al trabajo, escuchaba a Natasha Bedingfield “Unwritten” Se me olvidaba cuánto se parece a mi esa canción. Yo también estoy sin ser escrita. Pero esta canción es la versión de mí que encuentra el lado positivo, la que ve la luz en las cosas, o las cosas a la luz, como sea.

Ese lado mío puede ser potente. La experiencia de la luz es poderosa y cuando se está bajo esa experiecia, uno siente que todo es posible, hasta inventarse escribiendo. Solo tiene que encontrarse la punta a la línea del instante, y ni eso, porque puede tomarse cualquier punto en la línea como principio, y avanzar en la dirección que se quiera. Ya sea hacia la derecha, la izquierda, hacia adelante (Proyectarse) o hacia atrás en retrospectiva, ascendiendo o descendiendo; son muchas las posibilidades de lo no escrito.

Así, mientras cantaba las palabras que Natasha pusiera en mis labios, traspasaba el carro la luz de un amanecer claro y húmedo del verano, una luz irrompible y cálida se teñía de lilas. Yo peinaba con el movimiento los árboles, los postes de electricidad, y con la mirada recorría los contornos de las banquetas y de los demás carros. Al terminar la canción, la travesía había terminado. Baje del carro, inspirada por tan linda forma de comenzar a escribir el día. Era viernes 9 de Septiembre, quedaba escrito en mi página blanca hasta entonces, y hoy algo más se alcanza en la distancia.

“Feel the rain on your skin
none else can feel it for you,
only you can let it in
none else can speak
the words on you lips”

B

CALIFORSUGESTION

Parafraseando la canción de Red Hot Chilli Pappers “El universo podrá ser infinito, pero esta noche cabe en mi” el beso que nos queda por dar es el fin. Ya sea que ellos hablen de un infinito que fue hecho en un zotano de California, Hollywood para ser precisos, al ser cantado viene a uno la iamginación del génesis del universo, “Californication” Un mundo contradictorio, donde se encuentran belleza y decrepitud al mismo tiempo.

Me gusta encontrar frases enigmáticas, con poder interpretativo, con el poder de mover lo innamovible, de crear lo inhacible y la capacidad de superar tamaños y formas para dar una nueva sustancia a las dimensiones donde nacen dichas frases. Son frases con maleabilidad, estupendas fráses sugestivas.

Odiaría convertir esas frases en superlativos, aunque ya por default, al colocarse en extremos opuestos, corresponden al órden superlativo. Además son liricas, y hay quien piensa que toda forma literaria, en particular la poesía, de la cual forman parte las letras de muchas canciones, se considera como un extremo, un exceso o una minucia superlativa.

No sé mucho de música pero ¿Quién no se sugestiona de alguna manera? Red Hot Chilli Peppers es una de mis bandas favoritas de rock noventero. En su californicacion se crea esa orilla del mundo, donde dicen que los sueños son posibles a cualquier precio.

Osorniobeatriz

DETECTIVE DE SUEÑOS

 

No, no me observo mientras duermo como lo soñé un día,  aunque reconozco que me gustaría  poder hacerlo, así que una noche preparé café.

Para mantener despierta  a una persona toda la noche,  y poder descubrir el mecanismo de los sueños recurrentes que venía teniendo desde poco tiempo  después del accidente,  necesitaba por lo menos 500 gramos de grano molido, pero no había café en la casa,  así que puse una olla de agua a hervir y me apresuré a la tienda.

Había contratado un psicólogo que se hace llamar “el detective privado de los sueños” conocedor del asunto, según su anuncio en la sección amarilla donde lo conseguí. El anuncio me pareció sobresaliente del resto por la simpleza en que está redactado:

“ Si persigue sueños sin conseguir alcanzarlos, Si desea encontrar sueños fugitivos,  Si le asecha la sombra de misteriosos sueños, o si tiene sueños recurrentes que le aterran  y desea revelar el misterio de su significado, no lo piense más…llame al Tel. 755-2230  de día o de noche le atenderemos”

Cuando regrese de la tienda ya hervía el agua, lista para agregar el polvo insómnico. Subí la flama a la estufa;  el hervor no tardó en resolver los gránulos y  el intoxicante aroma del café pronto inundó la casa.

El detective llego a los pocos minutos. Era un hombrecillo flaco de peculiar apariencia,  barba tupida y oscura, estatura regular a baja para un hombre, tez almendrada y pelo crespo relamido hacia atrás con alguna sustancia briosa, vestía un traje oscuro.  Al abrirle la puerta, de inmediato uno se imagina un Freud joven. Pero el nombre que dio no tiene nada que ver con la imaginación. Dijo llamarse El Sr. Martínez.

Habiéndose instalado mi detective secreto, café en mano, me desvestí como si estuviera sola. Saqué del cajón de la mesita de luz,  la ropa ligera de dormir, en octubre puede haber todavía una que otra noche calurosa. Miré al espejo, lo que no hago nunca, pero esa noche era distinto, me sentí como cuando alguien sale de casa y de pronto tiene el presentimiento de que no volverá, regresa de la puerta y se despide de las personas con un beso, o ya en la calle voltea a mirar la casa por última vez.

Por fin, me metí entre las sábanas limpias, cerré los ojos con la respiración un tanto agitada. Hasta entonces, el detective había sido paciente infiriendo apenas una que otra respuesta monosilábica a mis preguntas: Sí, No, Quizá. Esas eran sus respuestas. Estaba yo pensando en eso, abandonándome poco a poco a la suavidad de las sábanas,  cuando de pronto,  oí el ruido de sirenas de la patrulla que ya circundaba la escena. El detective toma su radio y acercándolo a su boca, comienza a hablar mientras presiona el botón trasmisor.  “Primera fase del sueño: Expresión de repentina agitación” se retira la grabadora y la coloca sobre la almohada con el micrófono receptor hacia la mujer dormida. Era un caos, no sé de donde aparecieron todos esos carros. Grito, grito fuerte pero nadie parece oír, estoy atrapada en el carro volcado, el cinturón de seguridad está atorado. Grito más fuerte. En eso noto que alguien más está junto a mí, es un hombre, no reconozco su cara, la tiene volteada hacia el otro lado, como tronchada, también está herido. No puedo más, el cuerpo todo me duele y algo no está bien con mi pie izquierdo, no puedo moverlo. ¿Porqué nadie de entre  todos esos carros viene al auxilio? Grito al recordar un nombre, grito aterrada, “es Andrés” repito como loca, “es Andrés” Luego, todo es oscuridad.

La mañana siguiente la alarma del despertador no sonó,  desperté tarde y con el cuerpo adolorido, como cuando has hecho ejercicio o te han puesto una paliza. Ya había salido el sol y por poco no alcanzo el tren para mi trabajo.

Durante el día no recordé nada de lo que había ocurrido la noche anterior, hasta que, después de un largo día de clases ajetreadas y juntas con padres de familia, llegué al cuartito que rento. En mi portafolio encontré un sobre cerrado, lo abrí de inmediato y no podía creer lo que estaba leyendo, hasta que leí el encabezado recordé lo que había ocurrido la noche anterior, mejor dicho, parte de lo que había ocurrido. El encabezado en la carta leía: Significado del sueño recurrente: “Temor a perder a un ser querido”

Sin dar crédito absoluto a lo que acababa de leer, arrugué el papel y lo tiré al contenedor de la basura junto con el sobre. De pronto me di cuenta de que ahora yo tenía mi propia teoría sobre los sueños y no necesitaba un diagnostico para entender me a mí misma.

Es posible que en los sueños no se nos presenten las escenas detalladas con la fidelidad de las experiencias vividas. Un recuerdo es más simple de contar, así que lo contaré.

Iba sola en el momento del accidente donde el conductor del otro carro murió, según la ley,  salí libre de cargos porque las pruebas señalaban que había sido la otra persona quien provocó el accidente al pasarse la luz roja. Con todo y la determinación de culpabilidad, el hecho dejó en mí además de unas cuantas lesiones físicas, secuelas de trauma. Después de eso empecé a tener sueños parecidos, que de tan parecidos pensaba yo que eran el mismo, salvo algunas variaciones,  también soñaba  repetidas veces que venía una mujer mayor a mi puerta y me entregaba un objeto irreconocible, otras veces eran fragmentos del accidente lo que traía.

Vaya a saber si un diagnostico cure las emociones vividas, o simplemente el tiempo dirá.

 

Beatriz Osornio Morales