Como En Los Sueños

La Nàusea es sentirse estorbo en la eternidad del tiempo.

Supongo que es parecido  a esas pesadillas informes, cuyas caràcteristicas son imposibles de describir acertadamente. Pero son: 1). Mòviles. Es imposible detener su secuencia a menos que despertemos. 2). Su movimiento es extremo. Va del terror  de lo diminuto a la enormidad aplastante. Son bipolares, del profundo que jala, a la fuerza del infinito que hace desaparecer en la categorìa de las cantidades atòmicas. Lo profundo jala a un punto apenas perceptible pero agudo, nos convierte en centro. Lo contrario ocurre con la altitud donde ese punto central desaparece. ¿Te has sentido desaparecer, dejar de existir?

Existir es sentir la existencia, su dureza entre la solidez de lo demàs, no importa que no se pueda precisar con exactitud el principio, como en los sueños.  El terror nauseabundo es percibir la dureza y el extremo blando al mismo tiempo, ese ser gelatinoso que se posa en la cara, ese vivo escarlata que te devora, ese fluìdo incoloro que es la boca de la oscuridad, ese fètido aroma que carcome la nariz del sueño, ese sueño extremo que te deja sin respiraciòn, te saca el aire como se saca el aire intencionalmente a un globo inflado, ese frìo que te congela la circulaciòn y deja inmòvil el cuerpo, ese fuego que te lanza contra lo imposible, consumido, etèreo.

De niña solìa contraer fiebres màs o menos frecuentemente, de allì los delirios del terror nauseabundo.

Anoche soñè que me habìa salido un abceso atràs de una oreja, crecìa incontrolablemente con la sensaciòn de una presiòn insoportable. Yo lo palpaba con mis dedos y me aterraba sentir còmo crecìa, alargàndose como uno de esos globos largos con que los payasos forman perros y jirafas. En una de esas veces que lo palpaba, presione ligeramente. El absceso se reventò, salpicando una sustancia blancuzca  y viscoza. Yo entrè en pànico y sentì nàusea pensando que se me estuviera drenando el cerebro.

Afortunadamente, en medio del desatino sentì una presencia tratando de bloquear el  absceso para que dejara de salpicar. No la vi, pero porque la presencia me era familiar, mejor dicho su roce, supe que era mi madre tratàndo de aliviarme.

Este pastillaje  de sueños què ¿Son? ¿Soy?

¿Es, Soy, Es? Una pregunta, mil preguntas, quizà eso sea la nàusea existencial.

Los pilares azules de la noche son àrboles, insolentes biòsferas con las que Sartre desatinàba, mejor dicho, Antoine Roquetin. Dice que suelen dejarte callado, se pasan de listos, como los sueños.

Hoy en el Dìa Internacional del Libro, quise hablar de algùn libro en particular, esto no hace justicia a lo que podrìa derivarse de leer La Nàusea de Sartre, pero es apenas un humilde homenaje a esos momentos que pasè releyendo el libro en Febrero de este año. Claro que la alusiòn a Sartre tuvo que ser a mi manera porque todo se parece a su dueño, y porque uno sueña tambièn mientras lee. Espero que disfruten este entre sueño. Feliz Dìa Internacional del Libro

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de Marc Chagall.

 

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Sueño Irrisorio

Habìa un soldado en la ventana junto al monitor de registro. No sè como llegò o de dònde vino vestido asì…su presencia gratuita es curiosa, pensè, pero  no hay que reirse de los sueños, por màs irrisorios que parezcan, son cosa seria y hasta pueden contagiar su realidad.

Los dinosàuros no beben agua en el mar, su lenguaje es descifrado por graznidos.  Pero yo en el idioma español sacio cualquier sed, es como caer a la cuenta de algo ¿Què rayos es este email sobre ebooks? La ùnica confusiòn fue el despertar, caer a la cuenta de que la oficina siempre està ajetreada y es uno de los lugares menos aptos para soñar despiertos, asì que borro el email e intento mantenerme alerta.

Lo ùnico que tiene que hacer -indìco al soldado-  es escanear su licencia de manejo aquì y listo, asì. Una lucecita roja parpadea en el escàner, y luego un beep indica que el intento fue exitoso. El pase impreso no tarda en craquear. El soldado le quita el reverso al pase y se lo pega en el pecho del lado del corazòn.

Asì esta mejor, palabras en español para explicar los sueños. Lo duro serìa soñar en ruso o en japonès; las letras son rarìsimas…¡Imagìnese los sueños!

Del otro lado de la pared, alguien trata de abrir la puerta que no abre porque no existe. Gine grita desde adentro “no hay nada allì” el intento se calla. Entonces ella sale a ver quien era el ruido que intentaba abrir la puerta disimulada en la pared. Al ver que el pasillo està desierto, supone que era cosa de otras alternativas, de personajes que sueñan intentando encontrar algo, o puede que se trate del màs allà, no del que siempre le han hablado,no. Uno de tantos màs allàs que se ignoran.

Si existiera una forma clara de comunicaciòn sabrìa con seguridad explicar si esto es el màs acà, si en verdad ocurriò lo sucedido, o si se repite interminablemente el sueño aun estando despiertos…pero aquì estoy trabajando un documento en  pausas, mientras el soldado toca nuevamente el monitor junto a la ventana para registrarse, esta vez ante mis ojos incrèdulos es tragado por una fuerza invisible, dejando visible junto a la ventana solamente un par de botas desamarradas.

 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de Vangogh

Reversos (Segunda Parte)

II

 

Se rinde la memoria

a  nuevos horizontes,

incalculables utopías

Donde laten los cristales,

y el corazón es transparente.

 

Quieren los cuerpos verse

abrirse a la intemperie

de sus ojos; despertar

de faunos…frente

a las ninfas de la piel,

nacen  rascacielos

de los ojos maravillados.

 

Después de llover

el cuerpo huele a tierra mojada. La ciudad

se airea con las cabelleras transeúntes

y en La Pequeña Italia,

la radio recobra  sintonía.

 

 

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

REVERSOS

 

 

I

 

Tengo un cuaderno de lunas partidas en papel,

escasas monedas en el bolsillo, y un viejo mapa

con el reverso

de New York  en mi cartera.

Al doblarse,  cada línea

marca alguna de sus avenidas principales…

cientos de escaparates fortuitos quedan sin trazo,

dilapidados antros de jazz proscritos a plenitud

y  tedio.

Mister Cole  habría descrito eso

en su poesía,

o tal vez no.

 

Habría omitido que los dioses del Olimpo,

desaparecidos en el Medio Oriente,

disimulan nuevos nombres,

combaten por las  bocas,

y  envisten

como toros bravos en esta ciudad.

 

Por las vías del tren newyorkino,

una pierna mutilada sangra

separada de su cuerpo, yo

la echo de menos,

después  que anduvimos juntas

muchos años,  antes  y  después.

 

El ipod del olvido que todos llevan

en el metro,

inútil para escribir, me mira desde sus cabezas,

toca siempre la misma canción,

lúgubre, fútil, dirán cuando pase de moda…pero

hoy es la única presencia que asombra

nuestra decadente urbe,

loba olvidadiza.

 

Parada

en la séptima avenida de Manhatan,

una mujer sola también olvida

la simetría del  abrazo.

 

Mientras retorna el  mar

la lluvia evaporada, vaso invertido,

al recobrar victorias ganadas en Chinatown

la fuerza de gravedad

yergue los declives

de mi paraguas chino,

imantado por un trueno a sueldo.

 

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

 

 

Soy Lo Que Soy

 

Mi nombre es Beatriz, mamà  escogiò ese nombre primero y despuès yo.

Para el mundo soy mexicana, para el mexicano mestiza, muy blanca para algunos y muy morena para otros. Nacì y crecì en Michoacàn,  asì que en cuanto a identidad cultural dirìa que soy michoacana.

Soy lo que soy; soy la que no  se queda quieta porque entiende que la vida con su inmenso pèndulo, puede golpear otra vez en cualquier momento. Me ha dejado tambaleando algunas veces pero aunque no soy valiente,  soy resiliente y empiezo a levantarme antes de caer. Soy lo que he logrado de mi, soy lo que otros han hecho de mi persona, soy lo que sè que està allì pero aun no encuentro, busco còmo nombrarlo. El cuerpo es pequeño en comparaciòn con el alma,  èsta es honda y ancha, y alta, y tiene demasiada luz por donde se asoman unas sombras que son narcisistas y llenan el espejo con oscura grandeza. Es cosa de no desistir, sacarles la lengua y sonreìr.

Tengo los ojos cafès, casi àmbar o caramelo quemadito,  son grandes e irregulares, son complìces de los sueños, si uno duerme el otro vigila, entra mucha luz por sus pupilas dilatadas.

Soy mujer, y me gusta ser, pero de gustos hablaremos otro dìa.

De chica decìan que era una chispa brincadora y yo me la creìa, sentìa que podìa hacer feliz a la gente con solo sonreìr, aun en la adolescencia, habìa un encanto en ser desenvuelta a pesar de la timidez. Moverme me ha mantenido en forma, pero estoy perdiendo poco a poco el encanto de la desenvoltura.

En la adolescencia me sentìa fea. Cuando un chico me tiraba los cannes como dicen, yo ni cuenta me daba, si lo notaba hacìa como que no, terminàban desilusionados por mi intelecto en el cual los enrollaba sin querer, miràndolos fijamente a los ojos, o en clase sacando mejores calificaciones que ellos, debìa ser insufrible. Jugaba al futbol, basket ball, al teatro, a todo y con todos, pero soñaba con los libros no escritos.

Como no tenìa suficientes libros a la mano, exploraba cada rincòn de la vida real a  mi alcance, y hacìa mil preguntas sobre lo que hay al otro lado del agua, màs allà de las montañas, incluso encontrè uno que otro tùnel en el sol de una mañana.

Era bastante ingenua, de los descubrimientos sobre los hombres y las mujeres muchos no me gustaron como las platiquitas triviales de algunos, la ligereza de lengua con que hablan los hombres entre ellos, con groserìas cada dos palabras, lo encuentro poco imaginativo, desilusiona la animalidad fìsica, la mediocridad (mediocridad en ser y hacer), la suciedad. Me costò crecer. Pensar y soñar,  con eso me cobijaba y ellos empezaron a tratarme como rival o contendiente de un concurso. Tal vez por eso no me gustan las competencias ni responder a convocatorias. Se me hacìa tarde, todavìa se me hace, para irme de pata de perro.

Afortunadamente di con los libros, muchos; y di con  otras partes de mi que desconocìa, di con las palabras para nombrar esas partes, pero aun quedan espacios innombrables que laten dentro de mi.

Soy mi estatura corta y el pelo escamoteado que ahora pinto de cualquier color,  solo porque las canas en mi se ven sucias y feas, miento, siempre me gustò pintarme el pelo. A veces soy el placer de mi cuerpo, otras lo sufro cuando se enferma y no sè que hacer con èl.

Soy la mamà de mis dos hijos y la compañera de mi compañero. Soy la que escribe, la que se detiene frente a los discapacitados con reverencia,  sin saber si es correcto escribir sobre ellos.

Mi juventud es otra historia, menos brillante pero màs intensa. Quizà algùn dìa escriba sobre eso, un dìa que la timidez me abandone o se descuide por unas horas.

 

Beatriz Osornio Morales. Hampton Va. Agosto 2017

Los Visitantes de Negro

Es posible que a dos casas de aquì en Hampton, alguien haya muerto. Gente vestida de negro llega y se va de la casa verde.

Ayer, un auto negro con luces giratorias en el techo, despuès de haber estado estacionado frente a la casa, detràs de una camioneta larga y techada -No podrìa decir si era limosina o una carroza improvisada- avanzò, y apenas habiendo avanzado unos metros, se detuvo en el centro de la calle. Una mujer oscura se bajo del lado del conductor, fue hacia los carros de atràs, luego otra mujer,  tambièn vestida de negro y con tacones altos alcanzò al primer auto, ambas se subieron y el coche se fue girando la luz amarilla, seguido por el resto del tràfico.

Yo tenìa que hacer; tantas pelusas, migas de pan en la alfombra, contratos que imprimir…ya no supe màs, y hoy, hoy solo distingo lo que se ve por la ventana.

Ahora que veo llegar a los visitantes de ropa negra, pienso que lo de ayer pudo haber sido una caravana mortuoria. Justo hoy en el quinto dìa gris y lluvioso de Marzo, vienen visitantes oscuros, llaman a la puerta del muerto pero nadie abre, algunos se van y otros se quedan a esperar en el corredor.

Mañana una pequeña bandera triangular, aciaga, ondearà su luto en el viento y quizà, los visitantes de negro no vengan màs.

 

Beatriz Osornio Morales

 

 

El Rìo de Las Gotas

 

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Con los pies en la tierra

con el alma en el mar

canta la espuma estelar

 

Ayer lloviò en la ciudad

hoy llueve en tu memoria

el lìo de las gotas se va

 

Llama gota recuerdo

llana vacìa estancia

yema dedo distancia

 

y a tiempo excavar

un aire de alto aliento

 

Yema dedo espuma

llena vacìa distancia

llama beso infancia

 

Con los pies en la tierra

con la piel en el mar

canta la espuma estelar

 

el rìo de las gotas se va.

 

Beatriz Osornio Morales

 

La Quinta Hora (Cuarto de Detenciòn)

 

-¿Es la quinta hora?

-Sì, ¿Porquè?

-Mi pròxima clase es banda…eso significa que no tendrè trabajo- Risita burlona.

-Entonces lee un libro.

-Los libros son aburridos y Ms. Key dijo que no leyera el de las palabras porque encuentro puras palabras groseras.

-Lo haces a propòsito.

-¡No! còmo cree, son las palabras que se aparecen, ¡Mire!

-Nop. Agarra otro libro del librero.

– Bueno, mejor voy a leer el libro que tengo aquì, el de los misterios del tùnel, ya casi lo termino.

-Està bien, pero en silencio por favor.

 

  Ruidos de presencia. La botella vacìa es golpeada con algo. El ruido del plàstico que hace al golpear la superficie de la mesa, indica que la botella fue derribada sofocando el ruido de la calefacciòn que hace unos instantes reinaba en el cuarto. (¿la botella?)

 

-¿Podrìas tirar la basura en la basura por favor?

-¿Cuàl basura?

-La botella vacìa es basura…

-¡No es basura!¿Còmo se atreve a decir que eres basura?¡Pobresito! ¡Es mi amigo!- defiende Pedro acercando la botella vacìa a su cara.

-¿Què edad tienes?- pregunto incrèdula.

-Cinco. Tono de broma.

-Sì, còmo no.

-En serio, no soy tan viejo como parezco…

-A la edad de cinco los niños no van a la secundaria.

Mueca de risa contenida.

-En realidad tengo once.

-Eso es màs creìble

“once años” pienso. Para entonces ya no existen los amigos imaginarios. Este chico esta aburrido y dice cosas para poner a prueba la sabidurìa de los adultos, o se actùa sin saber a ciencia cierta porquè. En las escuelas hay hostilidad, en el mundo hay hostilidad, en USA  hay hostilidad, a diario uno se pregunta si serìa mejor irse a dormir con las maletas hechas.

 

Beatriz Osornio Morales. imagen de la red.

 

Tambièn està un Te quiero

 

Tambièn està un te quiero

 

Lo que ves es lo que hay, lo que hay es lo que ves, dicen.  El problema es la mentira que encierran esas palabras. Si fueras pinocho, tu nariz esta mañana tocarìa California, y mira que està lejos.

 

Hay un mapa en la pared, pero es solo una mancha visto desde el otro lado.

 

Tambièn hay una laptop en el escritorio, mi lunchera, un poster de Dr. Seaus que lee “Kid, you`ll move mountains” y el periòdioco que acabo de poner allì nadamàs aventado con sus historias sin leer aùn.  No es mucho lo que veo, pero estoy yo tambièn,  no me veo a mì misma, alguien màs tendrìa que verme aquì sentada escribiendo con una pluma prestada, un sueter negro de tres cuartos de manga, el pantalòn rosa coral y zapatos negros; eso es lo que ves tù, yo lo sè porque eso fue lo que escogì ponerme hoy, pero aquì y ahora solo tù me ves. ¿No es raro?

 

Y esa, es solo una pequeña parte de las mentiras que se ocultan en la frase de “lo que hay es lo que ves, lo que ves es lo que hay” y el truco de los ojos o la realidad escurridiza que no se compromete a ser corroborada. Te quiero tambièn existe en el mismo cuadro, espero que lo veas.

 

Del otro lado de la pared te veo con mi oìdo. Hablas con alguien que no distingo, podrìa ser Rahe. Te distingo a ti, y porque te vi hace rato en el àrea comùn, veo tu camisa salpicada de verdes y magenta, y tu pantalòn verde petroleo. Oigo tu voz que se esconde en murmuraciones, me dice que estas hablando en voz baja, y veo esos ojos tuyos que abres màs cuando hablas que cuando escuchas. Te miro con mis oìdos y te conjugo con un te quiero que esconde la necia invisibilidad.

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red