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De Sus Sueños La magia del Momento Literatura Poemas

Al final

A mis queridos lectores

En el penetrante momento de estar aquí
situada frente a todo,
frente un mar lejano que devora 
en  vuelcos  de microbús atestado,
pirotecnias sin la garantía del sueño.

Otro año, todo o nada…lo que fue, y no es,
o ha sido, sin saber de sí.

La verdad es que sé demasiado
sin saber.

Estoy rodeada de escombros
que destila el descarapelado espejo.

La ventana se quedó sin marco,
pronto va a derrumbarse también
en el despeñadero abismal de la memoria.

Eres muy pequeña para la voluptuosidad,
demasiado grande para el deseo,
tan pequeña que no cabes en la ventana,
tan grande como un minuto.

Pero quién soy yo para juzgar
con  grandes zancadas en el agua,
aspavientos de piedra lanzada al aire
al epicentro de la penetración.

Puedo decir con seguridad que esta casa
ha sido penetrada por la luz, por la humanidad,
por las sombras mencionadas hasta el cansancio, 
por un trago amargo y un dedo de miel, 
donde solo el deseo sacia el deseo.

En el beso, una pluma. En tu pecho mis labios.
Otro salto mortal desde el ala de un pájaro.
El ruido de los cohetes se evapora en la distancia,
sin embargo, ¿Cómo se dice esto?
querer cerrar los ojos ante todo, ante ti, jamás.



Beatriz Osornio Morales. Imagen de pinterest.
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De Sus Sueños Interes Social Literatura Prosa Poética

Cuerpo de sombras

Había sombras y luz; 
suficiente luz para exponer el cuerpo, el mundo entero,
y suficiente sombra para no reconocerlo.

Tiene el muslo considerablemente
cubierto de lodo aún,  húmedo, el pelo turbio le cubre el rostro.

A pesar de las sombras se aprecian partículas de suelo,
como las que imaginó una vez el joven profesor de inglés, 
en el corazón de las tinieblas.

La luz va encogiendo los minutos, el tiempo, 
es un imposible que recuerda con toda la inteligencia humana.

Las manos, irreconocibles por el musgo
abren otro camino en el laberinto oculto,
no saben lo que son, lo que es esto, la sombra
y escarban con las uñas hasta sangrar el vacío.

Y la voz..
¿Qué tipo de voz habremos de poner a las sombras? 
¿Y  a la luz que se camuflajea de colores?

Es mejor callarse, dejar que las mendigas sombras
se desgañiten en saltos tras el semáforo rojo,
o que el óxido de la luz hable de 
cómo la oscuridad  echa a perder el mundo.
Baste saber que el cuerpo sigue aquí,
en la mañana, arropado por estas manos sucias.



Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.
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El único testigo

Qué terrible pensar en esos ojos, así, fuera de los sockets como estaban, como si los hubieran exprimido del cuerpo inerte, ya fríos.

Roberto salió del bar poco después que sus amigos, Fabían y el Javi, quienes tenían que regresar a la oficina a entregar reportes del día, según se excusaron.

Como aun era temprano, Beto decidió caminar, tomar la ruta larga para compensar el tiempo; se había propuesto en la tarde, pasar una de esas noches locas, y si no locas, largas; no volver a casa antes de la media noche. Pero lamentando que sus amigos le habían aguado la fiesta, pues no le agrada beber solo, y el bar los lunes está casi vacío, se echó a andar sin rumbo fijo, deambulando por avenidas, calles y callejones que él nunca había notado, iba distraído en sus propios pensamientos y algún repentino recuerdo se adueñaba de la noche.

De pronto, junto a una planta que podría ser bugambilia porque su forma se abrazaba a la esquina del edificio, vio un bulto quieto, más oscuro que la sombra que proyectaba la planta iluminada por la luna, como si vaciara un tinaje en el asfalto. Instintivamente, Roberto se detuvo, algo alcanzaba a brillar del bulto inerte, lo cual le produjo un calosfrío que estremeció todo su cuerpo.

Cautelosamente se acercó un poco más, la luna le abrió el paso. Se acercó hasta estar frente a un muerto, literalmente, parecía tener el pelo mojado, pero, pronto, Roberto se percató que la humedad era sangre, y que formaba también un charco en el piso. Entonces, al mismo tiempo que le vio los ojos desorbitados, saltando de sus cuevas, detectó un olor indescriptible, dulzón, como la sangre coagulada, nauseabundo, dio un paso atrás y se alejó lo más rápido posible, dando zancadas alcanzó la avenida que lo llevaría a su domicilio; en el trayecto vomitó dos veces.

Ya en su casa, debatiendo por horas el curso que debía tomar, reportar el hallazgo o quedarse callado, era imposible decidir en esas circunstancias, finalmente, deseando que se tratara de una pesadilla, de la cual, en cualquier momento va de despertar, se quedó dormido.

BUENOS DÍAS!...encontramos ojos por todos lados, en esta imagen surrealista  de Marcel Caram y hasta en el evang… | Surrealism painting, Dali art,  Salvador dali art

B.O.M. imagen de la red.

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Un pasado improbable

Surrealismo - Artelista.com

Soñó que alguien la quería al punto de hacer cualquier cosa por ella, literalmente, y al parecer un día se le cumplió. Lo conoció en un restaurante a la hora del almuerzo. Parecía un buen hombre, bronceado, de estatura media con músculos firmes, lo que contrastaba con su personalidad cándida y un tanto insignificante, expresión suave, cabello crespo, negro y muy acariciable, como suele decirse entre amigas.

Era en verano, lo que para ella sería de principio una aventura casual. Tomó un trabajo temporal en la central de abastos del estado de México, en busca de fondos monetarios para prodigarse tratamiento dental urgente. El era estibador y asistente de bodega. Quizá su limitación de personalidad era cuestión de actitud, de qué otra forma ponerlo, su educación era precaria, no había terminado ni lo que en este país se conoce como educación primaria. No tenía aspiraciones de un día ser educado, hacer carrera, conseguir mejor empleo, pero sobre todo transformarse a sí mismo en alguien de conocimientos. Lo más cercano a una ambición de conocimiento institucional, era de la liga de lucha libre, por lo que tenía una afición y aspiraciones de un día llegar a ser uno de esos buenos actores enmascarados.

Eran muy jóvenes. Ella estudiaba la secundaria. Su personalidad juguetona fue la que le llevó a aceptar la propuesta de una relación amorosa con alguien a quien consideró de inmediato distinto a su tipo. Sabía que a final de mes, todo aquello (trabajo de mesera y mensajera) incluyéndolo a él quedarían sumidos en algún rincón oscuro de la memoria. Pasaron buenos ratos, entre juegos y manoseos adolescentes. El cada vez se iba clavando más en la relación mostrándose cercano y hasta dependiente de dicha relación, a ella le hacía gracia presenciar la perturbación del hombre ante su blanquísimo seno, desnudo a propósito. En el sueño, le tomaba la mano y la guiaba hasta las partes más femeninas que él no se atrevía a tocar, lo que indica que quizá entonces él también haya sido todavía virgen. La estaban pasando bien.

Tres días antes de marcharse (a pesar de que le profesaba un trato amoroso que ella misma considera hasta la fecha, sincero) estaba segura de que no habría problema en decir adiós. Pero llegó el final de mes y no fue así.

Paso a despedirse por la mañana, sus ojos estaban más nostálgicos que de costumbre, temió verle llorar pero la que terminó llorando fue ella. Él prometió que un día la buscaría, “sí como no, pensó,” y se marchó triste y confundida. A lo lejos volteó y él todavía estaba allí en el pasillo de la central mirándole hasta desaparecer en la esquina, donde le pareció ver que levantaba la mano para decir adiós.

Finales de agosto, hacía calor en el autobús. Fue el viaje más largo de su vida.

Unos meses después, recibió regalos inesperados. Los buenos momentos se reavivaron en su mente, y lo que antes parecía algo disparatado, empezó a sonarle como una promesa con esperanzas. Se dejo envolver por un sentimiento dulce. Dejo de sentir pena al renunciar a las solicitudes de los chicos de su clase, a quienes comparaba con Ubaldo, y pese a las obvias ventajas de un mejor futuro, su gran desventaja fue ser comunes y ordinarios. Para ese entonces ella se había puesto ya al día en lo referente a la lucha libre.

Una media mañana de domingo de un mes olvidado, en que Lidia miraba el televisor, entró su madre a avisar que alguien la buscaba, a lo que respondió indignada por la absurda interrupción del programa de lucha libre, retrasó su atención en el asunto. Después del segmento del espectáculo, durante los anuncios se dio por fin a descubrir quién podría ser el misterioso visitante. Casi cae de la sorpresa. Era él. Había dado con ella pese a una gran serie de tribulaciones.

Caminaron a orillas del lago, él insistió en que se casaran. No desistió ante la primera negativa. Lidia lo amaba, creyó que lo amaba. Pero si él no tenía aspiraciones, ella sí. Debía marcharse a otra ciudad en busca de una oportunidad para estudiar, era un mal momento para el matrimonio.

Ya en Noriega, anduvo sin residencia permanente por unos meses, no hace falta dar detalles de cómo fue a parar de interna en un convento. Luego de unos meses de ocupaciones en los estudios de turismo, recibió otra visita sorpresiva. Lo recibió en el vestíbulo, pero estaría en chino encontrar una excusa para salir. La directora del convento era audaz y no se tragaba cualquier cuento. Y ella, entre emocionada y preocupada por lo que implicaba, o imaginaba que implicaba todo aquello (Ubaldo, no recuerda su apellido, siguiéndola hasta el fin del mundo), debía verlo.

Hizo que se marchara de momento, e indicó que lo vería más tarde en el jardín cercano a San Diego.

Llevó a la cocina la canasta de dulces regionales que le había traído. Aprovechando que la directora estaba allí, y se apresuró a preguntar quién era el apuesto visitante, Lidia dijo que se trataba de un pariente lejano, vivía en Puebla, había venido a la ciudad por un asunto personal y le había prometido salir a comer con él. Y así sin más vueltas al asunto, le ofreció una alegría de ajonjolí, consiguiendo sin chistar el permiso para salir. La directora estaba de buenas y le valió poco la excusa, lo mismo hubiera dado que le contara una de chinos.

El encuentro fue más de contacto que de palabras, se besaron como si quisiesen devorarse.

Ubaldo (Lidia no recuerda su nombre completo) se dejo guiar por ella en la ciudad desconocida, mientras sin arrumacos y excesivas explicaciones comentó lo impresionante de las montañas y la belleza que encontraba en el lugar. Se besaron por las calles sin saber que aquel sería su último encuentro.

El tiempo paso, ella se mudó a vivir con una amiga de la escuela, de lo que no aviso al pobre Ubaldo, más por distracción que por falta de consideración. Ella se dedicó a vivir un presente apremiante, lleno de cambios, retos y promesas, que fueron moldeando sus sueños y nuevas ambiciones. Y así, ella hoy, convertida en gran periodista me ha contado a mí, aprendiz de escritora, amante de los romances, entre divagaciones de un pasado improbable, lo que pudo haber sido su presente al día de hoy.

B. O.M imagen de la red.

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La esperanza o un barco de papel

…Y allí estaba yo, pensando que el mundo sería mejor lugar si yo hacía esto, o lo otro. o si dejaba de hacer algo que quizá fuera culposo en dobleces de origami…quizá, tal vez, ojalá. 

El caso es que el mundo sigue su curso. Hoy es así. En un tiempo, cada acción individual podía cambiar el funcionamiento del universo, pero hoy es distinto; el universo, aunque no para de moverse, es inamovible. 

Lo que digo hoy es mentira. El mundo sonríe contigo, todo lo demás está en un rincón oscuro de la mente, donde se cocinan las pesadillas que se anteponen a nuestros superpoderes humanos. 

Lo sé, pero  yo quiero el paquete completo, nada de ocultarme de la luz o de las sombras. Es demasiado duro cuando estás sombría, dijo. Lo sé. Sin embargo, no es permanente. Cada noche arriba a un nuevo amanecer, como el navío arriba un día a la orilla, un lindo motivo para sonreír.

Barco de Papel - Single by Saul Bonilla | Spotify

Beatriz Osornio Morales, Imagen de la red.

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On the screen

Pintura Surrealista. Infinitas Dimensiones Ojo Detrás Del Ojo De La  Cerradura. Buda Y Reloj De Arena. Fotos, Retratos, Imágenes Y Fotografía De  Archivo Libres De Derecho. Image 75468521.

En la pantalla se leen fragmentos de mi. Es una sensación inexplicable con palabras, ya sabes, reconocerte así, desprendido.

La voz del reloj, tic, tac, tic, toc, es más fuerte que las demás voces de la mañana, inclusive más estruendosa que el aire acondicionado, que parece venir de allí, justo sobre mi cabeza.

B.O.M. imagen de la red

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Mirando el reloj

Hay un gato en mi buró. 

Se la pasa

lamiendo los pelos y los bigotes

en el tiempo.

¿Lo habré imaginado?

Se tira de espaldas

y siento que tira el tiempo del reloj.

Su flexibilidad felina 

es escurridiza,

no puedo quitarle los ojos

de encima al tiempo.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Fábula del ave nocturna

La creación de las aves - Remedios Varo - Historia Arte (HA!)
Ella esperaba
en incesante crepitar de horas
en la mazmorra de un miércoles nocturno.

Prendió sus alas a la noche
para no dejarla ir,
suspendió latidos de reloj
encendió los ojos,
perfumó agonías de la espera
como escenario donde germina luz.

Esa noche
en derrocamiento de alas,
el ave se fue desvaneciendo.

En el instante mismo
que la luz germina,
la noche emprende vuelo
llevándose consigo las cosas,
y el ave duerme
al extravío de aquella noche.

En la ventana, a primera hora del viernes
donde deambula el rescoldo del silencio,
alguien llama

es El
mismo a quien esperaban 
el ave nocturna
y el incesante crepitar de horas,

sus ojos caen
al ver que ya sólo una sombra 
espera en la luz de la mañana,
y una voz doliente
en el reloj suspendida.


Beatriz Osornio Morales. Imagen de Remedios Varo. 
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Vástagos

Obra de arte: violetas Artistas y arte. Artistas de la tierra
I
La flor del miedo crece 
no se sabe bien si
de un escollo tierno,
o del desierto inundado
por extremas tormentas
que violan la semilla.

II  
La indefensa violeta 
crece, 
y crece de las flores 
la tinta nocturna,
distinta a las flores del sol.
Esa flor  te mira 
desde la obscuridad.
Te mira más fijamente 
que un niño.

III
Ya en otro tiempo
nos vaciaron el plato las violetas,
llenando de hojas secas
 el jarrón  marfil.
Pétalos sin raíces
nos  traspasan
los ligamentos de las manos,
desquebrajándonos el cabello
quemado en la epidermis, 
luego de instantes
escurren
mis dedos en los suyos, 
florecidos. 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red