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De Sus Sueños Literatura Prosa Poética

On the screen

Pintura Surrealista. Infinitas Dimensiones Ojo Detrás Del Ojo De La  Cerradura. Buda Y Reloj De Arena. Fotos, Retratos, Imágenes Y Fotografía De  Archivo Libres De Derecho. Image 75468521.

En la pantalla se leen fragmentos de mi. Es una sensación inexplicable con palabras, ya sabes, reconocerte así, desprendido.

La voz del reloj, tic, tac, tic, toc, es más fuerte que las demás voces de la mañana, inclusive más estruendosa que el aire acondicionado, que parece venir de allí, justo sobre mi cabeza.

B.O.M. imagen de la red

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Mirando el reloj

Hay un gato en mi buró. 

Se la pasa

lamiendo los pelos y los bigotes

en el tiempo.

¿Lo habré imaginado?

Se tira de espaldas

y siento que tira el tiempo del reloj.

Su flexibilidad felina 

es escurridiza,

no puedo quitarle los ojos

de encima al tiempo.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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De Sus Sueños Literatura Poemas

Fábula del ave nocturna

La creación de las aves - Remedios Varo - Historia Arte (HA!)
Ella esperaba
en incesante crepitar de horas
en la mazmorra de un miércoles nocturno.

Prendió sus alas a la noche
para no dejarla ir,
suspendió latidos de reloj
encendió los ojos,
perfumó agonías de la espera
como escenario donde germina luz.

Esa noche
en derrocamiento de alas,
el ave se fue desvaneciendo.

En el instante mismo
que la luz germina,
la noche emprende vuelo
llevándose consigo las cosas,
y el ave duerme
al extravío de aquella noche.

En la ventana, a primera hora del viernes
donde deambula el rescoldo del silencio,
alguien llama

es El
mismo a quien esperaban 
el ave nocturna
y el incesante crepitar de horas,

sus ojos caen
al ver que ya sólo una sombra 
espera en la luz de la mañana,
y una voz doliente
en el reloj suspendida.


Beatriz Osornio Morales. Imagen de Remedios Varo. 
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Vástagos

Obra de arte: violetas Artistas y arte. Artistas de la tierra
I
La flor del miedo crece 
no se sabe bien si
de un escollo tierno,
o del desierto inundado
por extremas tormentas
que violan la semilla.

II  
La indefensa violeta 
crece, 
y crece de las flores 
la tinta nocturna,
distinta a las flores del sol.
Esa flor  te mira 
desde la obscuridad.
Te mira más fijamente 
que un niño.

III
Ya en otro tiempo
nos vaciaron el plato las violetas,
llenando de hojas secas
 el jarrón  marfil.
Pétalos sin raíces
nos  traspasan
los ligamentos de las manos,
desquebrajándonos el cabello
quemado en la epidermis, 
luego de instantes
escurren
mis dedos en los suyos, 
florecidos. 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red
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Cuenteando De Sus Sueños Literatura Micros Relato negro

El único testigo

Qué terrible pensar en esos ojos, así, fuera de los sockets como estaban, como si los hubieran exprimido del cuerpo inerte, ya fríos. 

Roberto salió del bar poco después que sus amigos, Fabían y el Javi, quienes tenían que regresar a la oficina a entregar reportes del día, según se excusaron.

Como aun era temprano, Beto decidió caminar, tomar la ruta larga para compensar el tiempo; se había propuesto en la tarde, pasar una de esas noches locas, y si no locas, largas; no volver a casa antes de la media noche. Pero lamentando que sus amigos le habían aguado la fiesta, pues no le agrada beber solo, y el bar los lunes está casi vacío, se echó a andar sin rumbo fijo, deambulando por avenidas, calles y callejones que él nunca había notado, iba distraído en sus propios pensamientos y algún repentino recuerdo se adueñaba de la noche.

De pronto, junto a una planta que podría ser bugambilia porque su forma se abrazaba a la esquina, vio un bulto quieto, más oscuro que la sombra que proyectaba la planta iluminada por la luna, como si vaciara un tinaje en el asfalto. Instintivamente, Roberto se detuvo, algo alcanzaba a brillar del bulto inerte, lo cual le produjo un calosfrío que estremeció todo su cuerpo.

Cautelosamente se acercó un poco más, la luna le abrió el paso. Se acercó hasta estar frente a un muerto, literalmente, parecía tener el pelo mojado, pero, pronto, Roberto se percató que la humedad era sangre,  y que formaba también un charco en el piso. Entonces, al mismo tiempo que le vio los ojos desorbitados, saltando de sus cuevas, detectó un olor indescriptible, dulzón, como la sangre coagulada, nauseabundo,  dio un paso atrás y se alejó lo más rápido posible, dando zancadas alcanzó la avenida que lo llevaría a su domicilio; en el trayecto vomitó dos veces.

Ya en su casa, debatiendo por horas el curso que debía tomar,  reportar el hallazgo o quedarse callado, era imposible decidir en esas circunstancias. Deseó con todas sus fuerzas que  se tratara de una pesadilla de la cual, en cualquier momento va de despertarse, pero finalmente se quedó dormido.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Nuestro Secreto

Vives en las sombras,  escondido del centauro. Los golpes del corazón son tan fuertes que sientes que te delatan,  cíclopes, pero te consuela el pensamiento de que los  desalmados tampoco tienen corazón.

Estoy pensando que te quiero un poco todavía, sólo hoy, quiero quererte y te quiero, porque quiero quererte con todas tus tormentas y las  mías. Ayer te quise como los ángeles despistados,  de alas suaves y ligeras sumas. Pero te quise demasiado para interrumpir, los ángeles siguen despistados. Con todo y las tormentas,  ellos siguen soñando … Ms. La Rue es una señora rolliza, y es maestra de matemáticas. A pesar de su mente matemática, ese superpoder,   que no todos poseemos, una vez que se arrodilla no puede levantarse. Es una linda señorota de voz queda y sonrisa de sol que ilumina su cabeza; cada vez que  veo sus viejas manos, el tiempo parece más imperdonable, sueña un ángel.

Ms. La Rue anhela una mano que la ayude cuando no pueda levantarse de estar preparando el jardín. Yo anhelo quererte un poco más, no en intensidad (las tormentas son suficientes) sino en durabilidad, en la luz y las sombras de cada día. Sin embargo, te prometo que este pequeño romance escrito, es nuestro secreto. 

Soñar con centauro - sueños y su significado - diccionario de sueños

B.O.M. Imagen de la red

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Memoria Prestada

Había una niña asomándose a la memoria de sus padres. No supe de donde vino, cuando la vi ya estaba allí sosteniendo un banquito que después colocó junto a la cama. Recuerdo que hacía viento afuera y por la época del año, podía uno imaginarse el frío descomunal que rodeaba la casa.

No es fácil justificar un acontecimiento de ésta naturaleza, por lo que me limito a dar cuenta de lo ocurrido adentro, lo que la niña observó en pocos minutos.

Ellos duermen, duermen juntos y están tan lejos el uno del otro…

Mi padre es un niño flacucho y pálido que vive en su propio mundo, se queja de las tareas arduas en la tierra, dice que llegará a ser médico, pero de qué manera si llega de la escuela a pulir los yugos, a ser el hermano mayor, y a defender a su madre de los maltratos y la embriaguez de su padre.

Ella, mi madre no sueña, escucha, es lo que es, morenita como es, ha sido y lo seguirá siendo. A ella le gusta ver las cosas como son, sin engañarse.

Por otra parte, se puede ir lejos en el sueño. A veces, dormidos vuelven a su infancia y extrañamente algo los une sin conocerse aun. Salen a jugar en la tarde, corren por los prados aledaños, sin otro futuro que este y la inclinación de la tierra, sin otra distancia que unos cuantos montículos de siembras.

Tras un gesto de condescendencia, la niña pone su manita en la frente del cuerpo dormido de mi madre, como para enjugarle el sudor. La agitación que mostraba mi madre hace unos momentos ha desaparecido.

A unos cuantos pasos de la carretera que lleva a la cabecera municipal, un hombre joven cabalga en mula muy de mañana.

En el pueblo dicen que los domingos viene un peluquero muy apuesto, pone su puesto cerca de la tienda de Don Hermes. Las muchachas de la finada Augusta pasan por allí solo para mirarlo en su labor. Excepto Lourdes, la menor que prefería quedarse a la salida de la iglesia a platicar con su pariente lejana de Santa Rosa. Pero como es sabido que la curiosidad termina por vencer siempre, el próximo domingo viene Lourdes a ser testigo por sus propios ojos.

El muchacho, sintiéndose observado por tres lindas muchachas que comen un helado en la esquina, pule sus movimientos sobre un hombre casi calvo. Hunde los dedos con maestría en el escaso pelo gris y hace sonar las tijeras con un golpecito fino. Mientras imagina que la más linda,

la de la sonrisa casi imperceptible, la de las mejillas menudas y la mirada intensa, viene y le planta un beso. A su vez, Lourdes se encuentra fascinada por las miradas rabo de ojo que el joven apuesto le brinda, y el reflejo de las hojas metálicas de las tijeras que al ser movidas en la luz, hacen pensar en misterios ocultos, “pero no, es solo la luz” se convence Lourdes.

La chiquilla, sintiendo venir un bostezo de sueño, recoge el banco, piensa unos segundos y no recordando el sitio donde debía acomodarlo, deja el banco en el mismo lugar. Echa a correr hacia la habitación de al lado, se frota los ojitos, se recuesta y casi en seguida, se deja vencer por el sueño junto a los cuerpos quietos de mis padres, segura de que mañana será otro día y con la memoria prestada, estará más cerca de ser grande.

Beatriz Osornio Morales

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La espera de un sueño

Soñé que a Susana un hombre ebrio  la había manoseado en la calle a su regreso de la universidad. Pero qué va, eso no es un sueño. Ella se defendió con uñas y dientes, después de forcejeos y rasguños,  escapó como pudo. Corrió durante lo que a ella le pareció una eternidad. 

Estando segura de que el borracho la había perdido de vista, se detuvo mirando una sucia  pared,  y no pudo contener más las lágrimas. 

Pero minutos después el hombre reapareció con sus improperios y arrastrando los pasos.

La siguió hasta la casa, donde Susana entro sin pensarlo dos veces, el borracho se quedó afuera farfullando profanidades,  no podíamos des hacernos de él y su palabrerío insolente. Queríamos hablar entre nosotras, contar detalles, sin embargo,  entre la rapidez con que hablaba Susana y una extraña pesadez en la lengua,  las palabras se sintieron trabadas. Al cabo de un rato, unos vecinos se acercaron a percatarse de los disturbios en la calle. Intentaron convencer al hombre de que se marchara, de lo que resulto algo parecido a una complicidad tacita con el borracho, por el tono calmado en que los vecinos le hablaron para hacer que se alejara un poco de la puerta.

A mí lo que me preocupaba era  el niño pequeño que  estaba saliéndose por la ventana (seguramente atraído por los ruidos de la gente) del segundo piso, ¿De quién es ese niño trigueño? no sabía que la vecina de enfrente tuviese  niños.  

Y me preocupaba que Susana no se sintiera segura de poder irse sin más atracos del individuo. En su casa la esperaban ya hacía mucho rato.

Cuando  el hombre borracho se distrajo en alegatos ya más acalorados  con los vecinos, salimos a la parada del camión. Por poco nos subimos al camión equivocado. Esperamos largo rato, ya estaba oscureciendo y el camión no pasaba, no paso.  Desperté y el camión seguía sin pasar.  Y Susana nunca se fue.

B.O.M. imagen de la red.

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Saltar la cuerda

Pregunto si usted conoce el infierno.
Yo, hace siglos  tengo hambre.  
hay que saltar la cuerda,
dije que saltare… 

Al cruzar miradas secretas
se averió la abstinencia,
días pares de mi infancia;
el semáforo estaba en rojo
y en cada esquina, sus ojos.

Apenas si recuerdo lo que olvido
al poco tiempo de leer la carta;
¡Ah, la carta! era para mirar
con los ojos que alguna vez tuve
frente al mar.

Luego, las rimas accidentales,
el entresijo del que nadie sale vivo.
Es como saltar sin cuerda.

El que esté libre de mar
que aviente la primera ola.

A veces pienso que hablo 
un idioma místico,
pero veo al borracho de siempre
en la misma esquina,
en estado comatoso, transcribo;
la maldición, el hechizo
de lo que llaman memoria,
es sólo descenso. 
Será mejor saltar.

B.O.M. Imagen de la red