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LA PALABRA HERACLITIANA

Estudiando un poco el pensamiento de Heráclito con respecto del Logos, vocablo del griego que en Occidente se utiliza frecuentemente para significar el término “palabra” así como también para el vocablo “razón o medida”, y partiendo de su propia definición retadora “El Logos, (el cual es) como lo describo, prueba incomprensible, ambos, antes de que sea oído y aún después de ser oído. Porque aunque todas las cosas suceden de acuerdo a la palabra, muchos actúan como si no la experimentaran, aun cuando ellos experimenten tales palabras y actúen como lo expliqué,  como cuando yo separo cada cosa de acuerdo a su naturaleza y estado, como es; pero para el resto, la falla está  en no  notar lo que hacen después de despertar, justo como se olvidan de lo que hacen cuando duermen”  este fragmento de su libro es del mismo estilo provocador y en apariencia contradictorio o negativo que ya en su tiempo le valió el apodo de “El Oscuro” por medio de su estilo y apófisis es posible llegar a la realidad de que la fuerza de la palabra es el verdadero destino humano, no solo eso, sino que su efecto nos lleva a travesías insospechadas: “El relámpago dirige todo” El relámpago es luz, fuego del Eterno Fuego. “Este cosmos (la unidad de todo lo que es) no fue hecho por seres mortales o inmortales, sino que siempre fue, es y será fuego eterno; encendiéndose según medida  y apagándose según  medida” dicho esto con referencia al Logos, la palabra universal; Heráclito nos deja en manos y a expensas de la palabra como la verdadera naturaleza humana, y el fuego como la fuente cósmica de todas las cosas del universo. “Por tanto es necesario obedecer lo universal; pero aunque el Logos “la palabra” es universal, la mayoría de la gente vive como si ellos tuvieran un entendimiento privado”

Curiosamente, en la versión religiosa del catolicismo, el libro del Génesis narra como todas las cosas del universo también nacen, son creadas por medio de la palabra “Dios dijo, háganse las aguas, y hubo agua, hágase la luz, y hubo luz” las criaturas del universo y las cosas se hicieron” todas las cosas fueron por la palabra, el destino de la palabra de Dios. Quinientos años después de Heráclito, el Apóstol San Juan hace notar que “En el principio, era la palabra, / y la palabra estaba ante Dios” por esto es evidente la fuerza de la palabra en toda lengua; el ser humano de todos los tiempos, no solamente subsiste  por el poder de la comunicación a base de vocablos, sino que éstos persisten a través  del silencio y después de tempestades históricas. No sería exagerado decir que un ser humano se mide por sus palabras.

Heráclito supo reconocer ese fuego que arde y se apaga sin extinguirse,  ya fuese que haya relación entre su pensamiento y la teoría religiosa, o que se trate de una mera coincidencia, y  sea más bien como lo menciona él mismo en la parte que habla de “Physis” Naturaleza, nombre que se cree fue parte del título que dio a su libro, cuyo título se completa “Sobre Naturaleza” y que en realidad, otros filósofos habían empleado previamente, libro del que sólo se conservan  fragmentos recolectados posteriormente a su muerte, dato común en escritores del periodo Presocrático: “Yo investigué mi naturaleza” “Las alternancias del fuego: primero, como mar, y de mar, mitad tierra y mitad relámpago disperso como mar, y medido en la misma proporción como existió antes que se convirtiera en tierra” De dicha forma alquímica establece su pensamiento de la continua transformación de la materia  del universo y por ende, de nuestros cuerpos como parte material del mismo; lo que también nos situaría en la cosmología actual del Big Bang, La Gran Explosión de donde surgen todas las cosas, y relacionando la naturaleza cíclica de transformación en el universo. Esta relación con sus reservas como lo menciona Richard Geldard en su libro “Recordando a Heráclito”  “Hay, claro,  cierto debate acerca del rol del sol en la formación de la vida. Actualmente, algunos proponen que la vida pudo haber comenzado en fisuras volcánicas en las profundidades del mar, sin el beneficio de la luz solar. Sin embargo, el sol todavía se preserva como la fuerza generadora de todas las cosas vivientes” puesto que otros planetas de nuestra galaxia más distantes al sol no producen vida.

Y siendo que la vida depende de manera tan vital, del sol que es fuego y de la palabra (Logos) razón o proporción que también es fuego que fluye, los hombres somos universos de fuego, un fuego de ese fuego nos transita y a su paso nos transforma. Por medio de ese fuego hablamos, el fuego se transforma en palabra. La palabra Heraclitiana es no solamente río, sino que también es fuego.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Viento el desierto

Quería volver a casa;
por veinte años ha querido volver.
Pero perdió los pasos
y el viento borró sus huellas.

Ahora hay solo arena,
grandes dunas de distancia
y arena, montañas de arena
alrededor de la arena.

¿Dónde están sus pisadas?
en tierra de nadie contra el tiempo.
Lo que se escucha alrededor
es sólo viento.

Viento el pájaro que canta
viento la luz y el regreso,
viento el espejismo del agua,
viento sin ella,  sus pasos.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red
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Junio

Junio es un lugar muy callado; no se necesita aguzar el oído para interceptar las voces del árbol, el insecto habita la casa (Kafka debió escribir la Metamorfósis en Junio y no en septiembre) y los automóviles transitan la sala. El hastío del verano de Ray Bradbury trae carruseles y la música del camión de los helados huele a algodón de azúcar.

No se tiene siquiera que descorrer las cortinas para ver y estar allí. Pero he intentado gritar en Junio, cantar alto, y cada vez que lo intento, los decibeles se vuelven murmullos, como cuando alguien te dice un secreto al oído y tú prometes guardarlo para siempre. Exacto,  justo así.

B.O.M . imagen de la red.

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Desarraigo

Me he desligado de gente importante. Hace tiempo que empezaron las desavenencias y los desacuerdos. Siempre pensé que existían las diferencias entre las personas y yo, el mundo y yo, el gobierno y yo, la familia y yo, la religión y yo,  los amigos y yo, incluso entre mí (el mí de para…) y yo.

También pensaba que era posible compaginar, acercarse (afectivamente) a pesar de las diferencias, y por qué no, si los humanos somos entre muchas cosas, si no amables, queribles, lo sé, ese adjetivo no existe en el diccionario, pero existe en la realidad.

La verdad no puedo señalar (en la mayoría de los casos) una razón específica para el distanciamiento. Supongo que tarde o temprano la distancia física, las millas han hecho de las suyas. Dos o tres veces influyó la política de forma directa o indirecta, aunque en muchos de los casos, la influencia política pudo ser circunstancial, de mutaciones mucho más imperceptibles y ésta,  fue sólo el detonador.

Hemos cambiado, hemos crecido, hemos vivido, hemos madurado y no siempre de la misma forma. También nos hemos roto y nos ha tocado recoger las piezas y reacomodar el yo.

Por momentos me duele el desarraigo con amigos que fueron entrañables, y que en mí aún representan la amistad, a pesar de la distancia y las diferencias. Pero creo que es necesario crecer, seguir creciendo nuestro propio tamaño, andar yo mis pasos y ellos los suyos. Seguir la trayectoria de los sueños propios, puede suponer virar el timón. 

Otras veces, ese desarraigo me produce el alivio de levantar el ancla, y navegar con peso ligero bajo las estrellas.

B.O.M. Imagen de la red

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El único testigo

Qué terrible pensar en esos ojos, así, fuera de los sockets como estaban, como si los hubieran exprimido del cuerpo inerte, ya fríos. 

Roberto salió del bar poco después que sus amigos, Fabían y el Javi, quienes tenían que regresar a la oficina a entregar reportes del día, según se excusaron.

Como aun era temprano, Beto decidió caminar, tomar la ruta larga para compensar el tiempo; se había propuesto en la tarde, pasar una de esas noches locas, y si no locas, largas; no volver a casa antes de la media noche. Pero lamentando que sus amigos le habían aguado la fiesta, pues no le agrada beber solo, y el bar los lunes está casi vacío, se echó a andar sin rumbo fijo, deambulando por avenidas, calles y callejones que él nunca había notado, iba distraído en sus propios pensamientos y algún repentino recuerdo se adueñaba de la noche.

De pronto, junto a una planta que podría ser bugambilia porque su forma se abrazaba a la esquina, vio un bulto quieto, más oscuro que la sombra que proyectaba la planta iluminada por la luna, como si vaciara un tinaje en el asfalto. Instintivamente, Roberto se detuvo, algo alcanzaba a brillar del bulto inerte, lo cual le produjo un calosfrío que estremeció todo su cuerpo.

Cautelosamente se acercó un poco más, la luna le abrió el paso. Se acercó hasta estar frente a un muerto, literalmente, parecía tener el pelo mojado, pero, pronto, Roberto se percató que la humedad era sangre,  y que formaba también un charco en el piso. Entonces, al mismo tiempo que le vio los ojos desorbitados, saltando de sus cuevas, detectó un olor indescriptible, dulzón, como la sangre coagulada, nauseabundo,  dio un paso atrás y se alejó lo más rápido posible, dando zancadas alcanzó la avenida que lo llevaría a su domicilio; en el trayecto vomitó dos veces.

Ya en su casa, debatiendo por horas el curso que debía tomar,  reportar el hallazgo o quedarse callado, era imposible decidir en esas circunstancias. Deseó con todas sus fuerzas que  se tratara de una pesadilla de la cual, en cualquier momento va de despertarse, pero finalmente se quedó dormido.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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Los efectos de la distancia

Tengo una felicidad tan concurrida, que seguramente esta noche García Marquez se regocija en la tumba.

Mañana estamos de viaje nuevamente. La mitad de la travesía ha transcurrido, y hemos sobrevivido al ajetreo de la carretera.

Queda una última noche, una de tantas noches en que he escrito el adiós sin ponerle nombre.

Me gustó Kissimee, es un lugar cool cerca de Orlando a pesar del calor; volvería si estuviera a la vuelta de la esquina. Pero es tan remoto del noreste que me parece increíble estar aquí, y estar ebria de millas,  a punto de partir más al sur, me produce un vértigo desbordado, casi clínico. Pero quizá solo se trate de los efectos de la distancia, esa rara enfermedad que nos ata a la pata de la cama, el único lugar seguro.

Ya sé que tú me recuerdas andariega, pata de perro, incansable de viajar, pero la distancia se ha convertido en mi criptonita, y hoy estoy sintiendo los efectos anticipadamente.

La felicidad es de acuerdo al antídoto, de estar más próximo el regreso. Nunca pensé que anhelaría regresar a casa, y que ese anhelo me produciría esta felicidad  concurrida. Las sábanas parecen más blancas, las cortinas lucen perfectas en sus pliegues dorados, con pequeños bloques de color café claro. Hasta la alfombra oscura con detalles claros proyecta considerable limpieza. Quizá ni las paredes están impecables, ni las sábanas pulcras; la felicidad es cosa de ésta ebriedad, felicidad que se duplica en las palabras.

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B.O.M. imagen de la red

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Después del humo

No sé  cómo llegue hasta aquí.
Me encuentro en la zona del índigo, 
al parecer mientras fumaba,
un cometa arrastró mis sueños,
y mi delirio, 

en esta campana de resonancias frías
de abedul nocturno,  amor partido, 
el humo se extingue y el aire va clareando poco
a poco, tirando al azul de su transparencia. 

Ahora puedes ver que el índigo 
también es parte del arco iris 

Beatriz Osornio Morales . Imagen de la red.
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Sol de mis silencios

Andar en bicicleta: 10 beneficios para la salud
El recuerdo es cosa del pasado, 
pero el silencio no existe en la memoria.
El silencio es primordialmente presente.

Yo he hecho un sol de mis silencios,
alrededor de él orbitan mis pasos, el mundo entero
gira en torno al silencio espacial.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.


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El pasamanos

El pasamanos 

Seco está esto de pasar las manos por el blanco de la hoja, para sostenerse y no caer de narices en el siguiente escalón. ¿Recuerdas cuando te caíste?

Te habían dejado a mi cargo la vida y los supervisores. Aún los veo instruyéndome: Asegúrate que se agarre bien del pasamanos ¿Qué difícil puede ser eso?

Te agarraste al principio y yo me confíe. Me di la vuelta para ver donde ponía yo el paso, esperando que te mantuvieras agarrado firmemente del pasamanos, pero casi enseguida, oí el traspíe. 

Era el segundo escalón cuando oí lo que sucedió, apenas tuve tiempo de voltear y no alcance a agarrarte. Te alcance ya en el piso, claro que lo primero que quise hacer fue levantarte, tú eres testigo, pero eras pesadito; no tanto como la caída que acelera la velocidad con el peso, y en bajada el peso es más pesado. Sentí que te agarraba y no podía sostenerte, evidentemente tu peso era mayor a ti y a mí juntos.

Luego vi el rostro, tu rostro alcanzar el piso, y tus lentes de armazón rojo desarreglados, más tarde nos dimos cuenta que se habían raspado un poco, pero los lentes son lo de menos. Ahora entiendo la caída cuando es definitiva.

B.O.M. Imagen de la red