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El único testigo

Qué terrible pensar en esos ojos, así, fuera de los sockets como estaban, como si los hubieran exprimido del cuerpo inerte, ya fríos. 

Roberto salió del bar poco después que sus amigos, Fabían y el Javi, quienes tenían que regresar a la oficina a entregar reportes del día, según se excusaron.

Como aun era temprano, Beto decidió caminar, tomar la ruta larga para compensar el tiempo; se había propuesto en la tarde, pasar una de esas noches locas, y si no locas, largas; no volver a casa antes de la media noche. Pero lamentando que sus amigos le habían aguado la fiesta, pues no le agrada beber solo, y el bar los lunes está casi vacío, se echó a andar sin rumbo fijo, deambulando por avenidas, calles y callejones que él nunca había notado, iba distraído en sus propios pensamientos y algún repentino recuerdo se adueñaba de la noche.

De pronto, junto a una planta que podría ser bugambilia porque su forma se abrazaba a la esquina, vio un bulto quieto, más oscuro que la sombra que proyectaba la planta iluminada por la luna, como si vaciara un tinaje en el asfalto. Instintivamente, Roberto se detuvo, algo alcanzaba a brillar del bulto inerte, lo cual le produjo un calosfrío que estremeció todo su cuerpo.

Cautelosamente se acercó un poco más, la luna le abrió el paso. Se acercó hasta estar frente a un muerto, literalmente, parecía tener el pelo mojado, pero, pronto, Roberto se percató que la humedad era sangre,  y que formaba también un charco en el piso. Entonces, al mismo tiempo que le vio los ojos desorbitados, saltando de sus cuevas, detectó un olor indescriptible, dulzón, como la sangre coagulada, nauseabundo,  dio un paso atrás y se alejó lo más rápido posible, dando zancadas alcanzó la avenida que lo llevaría a su domicilio; en el trayecto vomitó dos veces.

Ya en su casa, debatiendo por horas el curso que debía tomar,  reportar el hallazgo o quedarse callado, era imposible decidir en esas circunstancias. Deseó con todas sus fuerzas que  se tratara de una pesadilla de la cual, en cualquier momento va de despertarse, pero finalmente se quedó dormido.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red

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El trayecto-parte final

  

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Ya regresa Lucy, por lo que se ve, el plan improvisado no dio resultados con el viejo. Eso pensamos al verla salir del mostrador con una expresión de pena, parecía habérsele desmoronado el mundo de una vez, pero nos equivocamos, cualquiera que haya sido su argucia le sirvió no sólo para usar el wc, después de todo, tuvo tiempo de levantarse el cabello dorado en una colita de puerco y de retocarse el maquillaje.

  Fue la historia del payaso lo que la ensombreció. Maneja un trailer, se oyen rumores de que anda por la zona, había dicho el indú. No se la habrá creído,  el payaso asesino, el trailer y…la mala sangre del viejo!. Me exaspera la crudeza con las mujeres.

  Qué falta de sentido del humor!. Te jugó una broma. Nos echamos a reír Julian y yo para ver si se le borrara la miseria de los ojos, pero dijo que cerrarían pronto la gasolinera ,  precaución contra el trailer asesino.

  De pronto la broma se invierte, de golpe se nos acabó la risa, cuando vimos entrar un camión de tres vagones y empezar a servirse gasolina… el conductor vestía un overol cuadrado y sucio,  zapatos de plataforma y el cabello era una sombra de afro. No pudimos verle la cara, pero entró al establecimiento del indú. Nosotros supimos inmediatamente lo que había que hacer.

  La desaparición del Altima de Xavier sigue siendo un misterio,   haberse cruzado con la casualidad del trailer y el payaso? . Esperemos a mañana para leer los diarios. El resto del trayecto, también es especulación, sólo diré que ya entrada la madrugada llegamos  a un hotel de carretera. Nos quedarían pocas horas de descanso, pero al menos, podríamos volver a replantear el  trayecto.  

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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El otro lado

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-¿A dónde vas pintadita niña, como payasita?

-¡uuuy!, habla la estilista o qué…

-No es para tanto, el maquillaje te sienta muy bien. Pero podrías bajarle un poco la bastilla a la falda, en una de esas que bailas quebradita se te ven las calzoneras…o a la mejor otra cosa.

Risas.

-¡Ay! pues ni falta que hacen calzoneras. Además dicen que hoy van a tocar corridos, para que ni te rías antes del chiste.

-Ya en serio Marisa ¿A dónde vas?

-Nos invitaron a un reventón en el otro lado.

-¿Con quién vas? y sin papeles.

-Lupe y sus primas, esas sí que son entronas, no como las persignadas y miedosas que abundan, no quiero decir nombres pero estoy viendo una.

-hm, Pues una de dos, los que las invitaron son influyentes o narcos, para pasarlas por la línea así, sin papeles y sin pedo.

-¡Oye tú! no eres mi mamá para los choros, y pa confesiones…los curas.

-No, pos así ni qué decir…

Silencio.

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B.O.M. imagen de la red.

Nota: De la micro novela «Borderline»

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Lo mismo que los zapatos

Ya casi termina noviembre y el Día de los muertos quedó hecho. Yo por razones de tristeza (perdí un ser muy querido a fines de octubre y todavía me atenaza la nostalgia a ratos) perdí la oportunidad de colgar este relato en su momento, pero nunca es tarde, espero que les guste. Si es así, compartan por favor.

Dije que hablaríamos después. Acepto que quizá fue solo una forma de decir que no me importa lo que podamos decirnos. Los problemas parecen más grandes si nos empeñamos en mirarlos con una lupa.

Claro que te creo, no seas tonto niño, pero no está en mis manos intentar arreglar los enredos en los que te has metido con Sofía.

Ella tiene razón, eres un irresponsable. Porque sí, podrías hacer el intento de comprar una casa antes de querer que se embarace.

Parece mentira que traigas eso a cuento.

Pues sí, pero ella es tu prometida. Yo no soy nada. Yo soy… polvo.

Que ¿te importo? …lo mismo que los zapatos a un muerto.

Ya, ya… prende la vela que está muy oscuro. Necesito otro camel.

Está bien, sirve me una copa, a ver si no veo doble, con un bueno para nada es suficiente.

El ebrio eres tú, no creas que no me doy cuenta que se te ha venido haciendo costumbre tomar solo. No me sorprende que… ¡cómo un demonio! te digo que yo no cuento, estoy muerta, pero ya que insistes, habla, soy toda orejas.

Una mujer claro… pensará que si estas en deudas económicas nada bueno le espera contigo, hasta Ergo, mi bolita de pelos está de acuerdo.

Según mis matemáticas, en un año no pagarás esa cantidad…no con lo que ganas.

En seis meses lo ganas, sí, pero no olvides los intereses del banco, ¡ son unos malditos parásitos!

Ella gana y lo que gana es suyo, así son las mujeres. Si no dime, ¿Qué tonta va a querer trabajar para que tú te pongas a gastar como niño rico? Yo por eso no trabajo.

Ya, ya, si tienes tantas dudas ¿porqué no la dejas?

“Hace tiempo que lo venimos pensando”… para qué hacerse pelotas. Es la misma historia retorcida y el sueño.

El sueño que estoy perdiendo contigo. Aquí, ahora, hablándote.

Ya está refrescando, el alba debe estar cerca. Sí, sí, sí, siempre hay lugar para un trasero gordo más en ésta lapida.

Tiende la manta, con suerte algún otro muerto del campo santo no tiene donde descansar.

¿Estas… roncando? ¡Borracho de mierda! Tú dormido y yo hablando sola, con frío y tiritando de insomnio. ¡Pásame la botella!

Beatriz Osornio Morales

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Las cosas como son

Un relato publicado previamente en Solo novela negra:

“Escribir lo que salga, lo que fluya de la mano trémula… escribir con firmeza de suicidio”

Ssh!… llevo noches, más bien traigo encima días y noches sin dormir, abarrotadas compuertas de insomnio en la espalda, hace, hago, hacemos tiempo que estoy sombrío a mi propio juicio. “No quiso hablar de sí mismo, no le gusta” Leo en el libro de mi mujer mientras ella da vuelta a la página: “El único juicio final es el de la espera” Debe serlo, al menos esperar a que la palabra diga las cosas como son, murmuro sin darme cuenta. ¿Qué? Pregunta Irma descansando el libro sobre las sábanas de la cama. –Nada, pensaba en voz alta. –Ah. Irma vuelve a levantar el libro.

Lo que me caga es tratar de decir con palabras las cosas, lo que son las palabras, luego viene el arrepentimiento y la urgencia de cambiar los hechos, de poner fin a la ortografía como poner fin a los vicios políticos del país, pura mierda. La corrupción, la mordida y las pretensiones de un sistema transparente, que lucha por arreglar el descontento social, eso, o algo más. O al menos arreglar asuntitos de familia.

La otra noche vino mi compadre Chucho, dijo que tenía un trato que hacer conmigo –Me quitaron el coche. Lo deje estacionado en la avenida mientras compraba unas herramientas en lo de Don Tito, puse las intermitentes y pensé que sobraba tiempo para echarme un trago en la cantina de Doña Lucha. Cuando regresé, el coche ya no estaba. Los de la tienda de celulares de enfrente, dijeron que vino la grúa y se lo llevó. No me preocupe demasiado porque sé que tú, con una llamadita lo arreglas compadre. Aquí está el trato: Si me ayudas a sacar el carro, nos alistamos el pavo y una de Herencia, tu favorito, ¿qué dices compadre?

Inocentemente, y para no hacerla larga con los trámites burocráticos, llame al oficial principal de Tránsito, estamos acostumbrados a eso, nadie iba a sabotear mi puesto de Director de Asuntos Internos, no por eso. El dio la orden. Mi compadre ya estaba afuera esperando su coche, y sin más, todo quedó allí.

Desde entonces, hay algo que no me deja tranquilo, a pesar de que mi compadre se puso guapo con el tequila y la comadre se lució con el guajolote, y a pesar de que a Irma le hiciera gracia mi solidaridad de burócrata en situación de poder; -No esperaba menos de ti, era el compadre y a la familia no se le abandona en medio de los problemas, imagínate por todo lo que hubiera tenido que pasar, de no haber sido por ti… me haces sentir orgullosa. Luego me cubrió la cara de besos, pero algo, no sé qué sea, ni que fuera la primera vez que lo hago, y tampoco es la primera vez que me atormenta la necesidad del cambio, hay algo, algo que no me deja dormir.

Por si las dudas y sin decirle a Irma, que se las anda queriendo dar de psicóloga, le llame a una vieja amiga. Nos vimos en el bar, y después me invitó a su casa. Hablamos, fumamos, hablamos…Me recomendó escribir. -¿Escribir, qué jodidos quieres que escriba? –Lo que salga, deja que la mano se mueva y verás que acabas encontrando lo que buscas, a mí me ha funcionado. Me paso la mano por los hombros, deslizándola despacio, hasta desabrochar el primer botón de la camisa. –Verás que funciona. Muerde cariñosamente el lóbulo de mi oreja izquierda. -¿Con que funciona, eh?…vamos a ver si es cierto, dije, y la jalé hacia el sillón donde yo estaba sentado, allí acabó la conversación, de la mejor forma.

Los siguientes días trate de escribir, pero como nunca escribo a cerca de mí, no me gusta, la tarea resultó imposible. Decidí volver a lo de mi amiga, otra vez, y otra vez pensando encontrar alguna clave para la escritura que será el cambio, un signo al menos. El único signo encontrado fue su cuerpo, siempre dispuesto, y disponible al olvido; su cuerpo era distinto al de todas las mujeres, al de todas las visitas anteriores. La historia se repitió pero, la realidad siempre gana. No hablo de mí, no me gusta, no escribo de mí mismo. Sin embargo, se necesita una respuesta, un cambio en la vida, es necesario decir las cosas como son, por eso, después de las primeras líneas escritas a medias, busque a mi compadre Jesús Barracuda, y le propuse que se encargara él de la escritura, al fin y al cabo me debía una. Mi compadre, dueño de “Lavado y Encerado de Autos Chucho” siempre fue optimista, cree en el futuro, cree que todo problema tiene solución. Después de su observación: -¡Cómo ha cambiado compadre! Sin ofender, quién diría que Rómulo Palacios, Director de Asuntos Internos necesitaría de este pobre ex mecánico, a veces alcohólico… debe ser el estrés que viene con la importancia del trabajo, pero déjemelo a mí y ya verá como todo se arregla. Enseguida se dispuso a la tarea. Y yo espero saber lo que resulta.

A los quince días se apareció en la casa y me entregó un folder con papeles, en el frente del folder se leía con letras mayúsculas. LAS COSAS COMO SON.

Beatriz Osornio Morales, México. Imagen de la red

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Líneas de polvo


Ausencia es lo que reina en este vasto territorio de batallas sin cumplir. La falta de alguien cercano es lo que peleo a diario. Su escasez es la escasez de la ciudad que no se ha construido y esta en guerra. Yo me convertí en un guerrero para salvaguardar a los habitantes de nuestra urbe.

Ven esas líneas en la pared?, es decir, en el papel?: Son cenizas de cuerpo quemado. La estupidez ha sido la causante de miles de crímenes, levantamientos en armas contra el mundo de los que también tome parte.

Si les consuela, ya no peleo, ahora soy disidente. Pero cuando colgué el teléfono aquella noche, quedaron las palabras resonando en el hueco de la habitación, del mismo modo que aire en una botella vacía. Con la voz quebrada, repetí las palabras que dijo. Y me propuse no olvidar, sí, es cierto.

Dejarme por otra persona, eso acalora. Pero pedirme consejo a dónde llevarla para celebrar el día de San Valentin, y dejarnos de ver para ofrecer estabilidad, luego hablaríamos…eso convierte a cualquiera en incendiario.

No, no cancelé el viaje a Chiapas, yo soy fuerte y no puedo permitir algo así. Con todo y el sabor metálico del dolor, me obligué a sonreír cada instante, hasta que la tristeza se hiciera más honda, más oscura, hasta que se pareciera más a mi o al fuego, lo mismo da.

Pensar que me tenía en la palma de la mano, pero pasaron meses sin que supiera de mi.

Cuando murió su padre estaba desamparado, desarmado contra cualquier aparición repentina. Llegamos al funeral unos amigos y yo; le soltó la mano a su novia en cuanto nos vio llegar y toda la noche la ignoro, sintiéndose fuera de lugar, la mujercilla gorda se fue, junto con la madre alcahueta. Más tarde, hablamos de cosas sin importancia, mencionó un poema que publiqué seguido al rompimiento. Que bueno que llegó a ti, pensé. Era parte del plan.

Le di mis condolencias y abracé a su madre con sinceridad.

Después fue él quien me buscó por cielo y tierra. Yo, parada en el marco de una puerta inexistente pero abierta, en la cima piramidal de los dioses, lo vi claro, el dios del fuego, ha de ser el fuego el final de todo.

Cuando la nada se hizo insoportable le seguí los pasos. Un día sin querer se nos cerraron las avenidas y las laterales de las avenidas, sólo quedaba una salida, retroceder. Y así fue. Andamos en dirección a mi casa como antes. Hizo insinuaciones a cerca de lo que paso, yo fingí mala memoria pero no se dio por vencido, escarbó las brazas hasta que se reavivó la llama.

Hicimos el amor por última vez. Allí al cerrar la puerta en la oscuridad, no tuve tiempo de encender la luz. Contra la pared, resbalé hacia el piso, tendí mi cuerpo sobre los azulejos fríos. Ni una palabra, ni un te quiero, sólo gemidos, murmullos y adivinanzas. Todavía semi desnudos, me dejo para ir al baño. Estaba satisfecho, no tomó importancia en lo mojado del piso ni el aroma inflamable, cerró, yo, tras él, aventé el cerillo encendido por la abertura de la puerta. Oí el bufar del fuego. Oí sus gritos. Logró abrir la puerta cuando ya estaba envuelto en llamas. Corrí a la calle, él trató de seguirme. Pero ya no era un hombre, ni un fuego, era una multitud de fuegos.

Se quemaron todos sus miembros; la nariz que me regalo alguna vez en la azotea de su casa, las orejas que le di contando estrellas, las manos que me dio el día que jugamos a la gallinita ciega, la boca se hizo de una sonrisa quemada, el huequito en su estómago que siempre lo delató en la cama, se quemo. Se quemo su cuerpo, su piel macerada por el sexo, los pies, las piernas de cumpleaños, los ojos también ardieron en su visión de París. La casa quedo cubierta en cenizas, el aire huele a quema dura.

Ven esas líneas de polvo en la pared? es decir, en el papel?. Son cenizas. Todo lo que queda en este vasto territorio sin nombre, en este pedazo de papel arrugado, son cenizas de ausencia. El único acercamiento posible entre nosotros.



Texto e imagen: Beatriz Osornio Morales.