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Palabras de Ceniza

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Supongo que si de tiempo se trata, este es el tiempo donde existo. Aunque podría ser la conciencia de ello lo que realmente persiste como tiempo.

Estaba en ese tiempo. Te decía que las palabras huelen a hojarasca. Abrí la puerta de atrás y recordé ese aroma olvidado, sentí el crujir de mis palabras que se desmoronaban en el polvo, y oí romperse el cuerpo del misterio. Su aroma era el de las hojas quemadas, y no sé porqué pensé en los pétalos de las rosas secas que he ido guardando cada aniversario, están sobre la mesita de las cartas.

Las palabras minerales sueñan con ser estrellas, pero por el aroma, sospecho que son cenizas a millones de años luz. Lo que vemos brillar es la luz milenaria de un tiempo sin memoria.

 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de Pinterest.

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Micros Prosa Poética

Conexiones

Se habían convertido en superstición mutua. El mundo sólo era hermoso en presencia del otro. De allí las frases que se dicen y que en la realidad resultan imposibles. “las estrellas brillan por tí y por todo lo que haces” una frase sabrosa que he encontrado entre las canciones que estoy escuchando. Coldplay es el orígen de ésta. Pero en serio, cuando escuchamos hablar a los amantes ¿no nos parece que algo raro les está pasando? por todos los cielos. Lo peor es que muchas veces esas palabras encuentran resonancia aquí. 

Debe ser que se llenan de infinito, y entonces ya valió queso porque fuera de ese infinito, los amantes sienten que les falta la respiración, que descienden al mismísimo infierno de Dante.

De ser por ese infinito que hoy me habita,  encuentro conexiones entre la música y las letras. Pero lo que es yo, tengo ganas de que antes de que llegue mañana, tomar las cosas que he hecho y hacer algo con ellas, algo lindo, una canción, un poema, o un cono para helados. 

Tengo ganas de beber unos tragos con J, mi hermana, fumar un camel en el cuarto oscuro, con sólo su voz de fondo, y el humo, y cada mueca suya.

¿Y tu día cómo va?

Ya sé, no es forma de terminar un texto, colgando de una pregunta, así que voy a sugerir que es sólo un escalón para escapar al infierno dantesco, pero si quieres salir o entrar, es cosa tuya.

 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de Pinterest.

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De Sus Sueños Micros Poemas Prosa Poética

En nombre del cielo

Vendrán otros meteoros a parecer estrellas,

a que les dediquemos una mirada donde llueve luz.

Entonces, nosotros los hombres de ciencia

quizá desaprendamos todos los nombres del cielo,

y aprendamos a llamar al cielo, cielo.

 

 

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Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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Interes Social Prosa Poética

Pequeño Inventario

Nos queda la imaginación que a veces apacigua las dudas.

Nos quedan los barcos de vela, el licor, las orquídeas.

Nos quedan majestuosas ciudades de cristal y de cantera.

Nos queda el recuerdo, aunque no sea el mismo de ayer, y a veces se parezca a las ruinas.

Nos queda la calidez de mil saludos, y una que otra mirada furtiva. El rock, Silvio, los otros, el tren y la lluvia.

Nos queda Sabina, las Brontê, Alejandra, Cortázar, Sartre y Virginia. El fuego de Prometeo y el de la tierra.

En los primeros pasos siempre la imagen de mamá nos guía.

Nos queda una sombra en el wiskey, un desierto en el vaso, y un jardín en la sala.

Una Mujer con Sombrero, El cielo Estrellado de Vangohg para las meriendas.

Nos queda Chagall, Klimt, Egon y Toledo.

Una comunidad en trazos con una sola calle de concreto, Cezanne, los días de mercado, el mezcal, Rufino, Siqueiros,

los listones en el pelo de la infancia, los alebrijes en Oaxaca, los diablos de Ocumicho. En la mesa el pan de cada día.

Nos queda la distancia para quejarnos de tardes frías que no se ponen el velo. Renoir y su aire bajo el agua. Muerte Sin Fin, Piedra de Sol, esperanza nuestra.

Las esperas y los encuentros; un papel arrugado. La poesía que le prometimos al mundo, el deseo, la miel, el desnudo.

Nos queda papá, y esta casa que a fuerza de vivir se siente nuestra.

Nos quedan los crepúsculos, las horas, los cafés, la nostalgia.En el relieve de la cara ¿Cuántas sonrisas? El Garabato, los poetas malditos.

El lado Oscuro del Corazón…Bolaño, un mundo disfuncional y aromático, …a esta hora, nos queda una señal con el dedo en los labios, de día, el grito y la mano extendida, la compañía, el amigo.

 

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

 

Nota: Este texto lo escribí hace tiempo, pero hoy, en tiempos de crisis lo comparto por pura nostalgia, para tender una mano amiga. 

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Mi Lado Niño Prosa Poética

LADO NIÑO

A Kristian y Markos por llenar mi mundo con su magia.

Primera Parte.

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Tengo tres años y medio; juego al fuego que salta en la chimenea. A veces, brinco fuera, y brinco adentro.

Otras veces, cuando brinco me crece una mariposa en los labios y otra en las piernas, luego se van volando. Les he puesto el nombre de los colores. Me siento, doblo las rodillas, las abro y salen más mariposas amarillas, las cierro y las mariposas violetas salen volando, digo azul, la llama crece, roja la risa que frecuentemente me temo se agote, repito el movimiento hasta llenar el jardín de colores.

 

Texto e imagen: Beatriz Osornio Morales

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De Sus Sueños Literatura Micros Prosa Poética

Encuentros

        Siempre tienes una sonrisa de sueño cuando te veo dormir a mi lado, mientras leo y redimo de algún paraíso de letras una historia un tanto hermosa, sonrisa de sueño. Duermes hacia mi costado derecho, un brazo inmóvil sostiene la hoja anticipada y ese sueño tuyo antes de voltear la página.

        Me pregunto al mirarte de dónde es que le viene tanta paz al cuerpo vertiginoso. La sangre sigue su cuenta de misterios, dispersando las formas de la mente en aluvión, deshaciendo la cordura de voluta en voluta, la congruencia no existe, el conocimiento es delirio, la lucidez del corazón es más aguda en los sueños. Si es que sabes que sueñas, lo que sueñas, cuando sueñas, debes saber que decidí ir a tu encuentro, como a una cita sin concertar, de imprevisto, has de saber que duermo para ir a donde estas tan plácidamente sonriendo. Hasta ya.

        Por la mañana recordaremos lo que hemos estado haciendo toda la noche, o quizá no; de sueño en sueño, entre la lluvia que moja la ciudad iluminada por faroles, o sentados en un parque de fuentes aéreas, corriendo por mitad de la calle para alcanzar el metro juntos, yo con la blusa replegada de lluvia y tú, con la cabellera escurriendo. Y si en esa travesía de seres que sueñan, nos perdemos, si alguna distracción malograra nuestra ilusión de que tú me llamas al sueño y yo te sigo, el amanecer nos traerá de regreso a reencontrarnos en el despertar del día.

 

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de Marc Chagall

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La magia del Momento Literatura Prosa Poética

De la Leyenda del Arcoiris

Yo no quería marcharme. De mis ganas, me habría quedado allí camuflada como el índigo en el azul. Pero estaban todos alrededor nuestro, inquiriendo con miradas silenciosas por qué habíamos hecho islas de ellos.

Quería verte siempre con la esperanza del verde que retorna vivo tras el invierno. Y debí haber hecho algo que me delató, decir sin decir como sucede en esos casos en que tratas de ocultar el rojo con un lienzo blanco.

A tu madre se le endureció la mirada al instante. Tu mujer, incrédula preguntó respecto de otras cosas, como para corregir una frase en la línea morada de aquella tarde íntima. Nunca pensé que lo fuera, íntima, hasta hoy que la memoria despierta y el corazón se exprime como una naranja que reconstruye la pasión en el zumo dulce amargo de nuestras palabras, muecas deliberadas.

Así como cuenta la leyenda que siete gotas de lluvia, mientras caían se amaron hasta formar un arco iris en el cielo. Al verse separadas por los granizos, enterraron su corazón en la tierra, y cada vez que llueve y la tierra se ablanda, los colores de las gotas se traslucen, su resplandor se levanta con los rayos del sol, entonces sus almas de color se extienden hasta tocarse pero sin confundirse, acto que sólo dura lo que dura la humedad tocada por el sol.

Ahora que los bordes de aquellas palabras alcanzan a rosar mis manos y salpican la mejilla, quisiera inventar otra tarde, sin despedida ni nubes grisáceas en la voz. Una tarde sin islas en el atardecer, solo arcoiris que muestran el escondido tesoro de los amantes, sus colores alcanzándose y tiñendo el ascenso a los sueños. El oro al final del arcoiris es una secreta promesa. Quisiera verlo siempre, siempre.

Yo no quería marcharme

 

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.