Déjá Vu

Es posible que  en esta letra

de carbón inscrita

reconozcas una voz querida

endeble línea

enarbolada

veta de madera en fuego

 

Que adentro quieras

es posible

como yo

en el cóncavo de la hoja

oquedad de vientre vivo

palpitar

 

Es posible que no muera

el olvido

 

Que afuera oigas del trigo

cantar al aire las espigas

que distingas las vibraciones

del dedo contra las cuerdas

del viento

ya lo hemos vivido

 

Es posible que salgas de ti

alcances un paraguas

y vayamos a caminar

mientras yo escribo

lo que no se ha dicho

porqué no

 

que silben los trenes

a esta hora donde estés

que te haga ilusión algún regreso

alguna sombra de pérgola mojada

me verá venir a lo  lejos

 

Es posible que las calles

se nos abran de brazos

 

¡ Corramos a encontrarnos!

 

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Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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LUGAR DE ENCUENTRO

 

En la pequeña curva

de tu nombre

encontré refugio.

Se abre

cada tarde,

y deja que el ámbar

sea luna.

 

Los pájaros

juegan en tu nido.

Algunas veces,

los gatos salvajes

te devoran,

y ya eres tú también

uno de ellos.

 

Tu casa abandonada

está en la montaña,

en la cima del frío.

A veces vuelves

con tu literatura nueva.

 

Yo fui de los pájaros

que juegan en tu nido, yo soy tu casa,

la que se abre cada tarde

para que la luna

sea ámbar.

 

Estoy

en la curva de tu nombre,

esperando que vuelvas

a mi nombre.

 

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Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

Una Mujer tan Dulce

LA PRINCESA CARAMELO 

  

A siete días de su abandono:

Se fue por mi propia voluntad

Y la dejé volar igual que un papalote al viento

Pero siempre conservé la cuerda entre mis manos.

 

A catorce días de su abandono:

Me falta la venenosa dulzura de sus besos

Y mi sangre hirviente no busca quien la sustituya

Todos afirman que su abundancia me enfermaba

 

A veinticinco días de su abandono:

Estoy perdiendo peso con su ausencia

Los ángeles blancos también se congratulan

Solamente yo la sigo extrañando

 

Y el mundo ya no me sabe igual       tan desabrido

 

A tres meses de su ausencia:

Me siento mejor pero no logro olvidarla

Miles de cosas me la traen a la mente y al paladar

Todavía tengo en mi boca el diario café

que endulzaba mis mañanas

Y todos los postres que a la postre me mataban

“Pues a pesar de ser tan dulce

Tenía amargo el corazón…”

 

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Texto: Francisco Javier Larios. Imagen de la red.

 

Mi gratitud para el maestro Larios que compartió conmigo este poema, y me gustó tanto que le pedí permiso para compartirlo aquí. Espero que lo disfruten tanto como yo.

Fuera de Tiempo

 

Salió en medio de la tarde/  dejó la casa

la terraza con los ojos cerrados contemplaba ya la noche,

y los astros aún dormían como gatos a la sombra de las nubes.

A ella siempre le gustaron los ruidos nocturnos:

el eventual motor de carro que se va acercando precipitado

de la nada, rascándose la cabeza

para desvanecerse distraído en la distancia,

un grillo.

 

Estando allí sin estar, estallar

salir de casa y entrar a ser,

cuando un ala de cicada canta, es cantar

la oscuridad imaginada,  ser… y llave en mano

olvidar.

Ya no es posible querer así, con la tenacidad de un guerrero

ni defender a diario los cubos de hielo bajo el sol.

 

Tanta felicidad para qué, si es solo  aire

bilateral, rumor,  hoja desprendida… árbol y  nada…

a pesar de este pensamiento antagónico, tiende

su manga a la lluvia dorada, y es hora cuando es.

Tirar la llave en el lugar más hondo de  nunca más.

 

La hora es, el tiempo no, el tiempo es río

que fluye por las horas y las va dividiendo

como flecha al blanco.

 

Luego intenta volver sobre sus pasos  

pero el cerrojo de la puerta está corrido,

manipula, piensa, recuerda… silencio, oscuridad…

 

¿Es posible que haya cerrado la puerta sin darse cuenta? o nunca fue

más que un sonido, motor de auto,  paralelo en marcha por los ruidos de

la noche… más allá de la tarde,  su calor y su escape huelen a tiempo

fuera de tiempo.

 

Beatriz Osornio Morales

Sin memoria no hay olvido

 

No queda ya nostalgia entre las horas,

de esta edad sólo quedan

manos agitadas por el recuerdo de la tierra.

 

Ni en mi carne florecida quedan raíces

ni semen de palabras en mi boca.

 

Preguntas cómo  sobrevivo…

Por el sudor que nos conjugaba

de  amantes puros, agua miel deseo,

trepidar  febril de labios deshojados,

abrazo desnudo y

desnudo verbo,

es un escándalo,

una sonrisa tu gemido.

 

Se nos partió la semilla en otro beso,

echa nuevas raíces, algún día frondas,

hoy  manjar de

entreabierto muslo,  página en blanco.

Mientras tanto,

transitamos con el corazón entre labios

esta alegría inoportuna,

sin tristeza en la piel, sin dolor…

en mis ojos la memoria

de los tuyos, nos ignora,  y

sabes que sin memoria no hay olvido.

 

 

 

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Beatriz Osornio Morales. imagen de la red

Para Celebrar la Existencia

 

Dos días…

No, un día y una noche.

Un día, 44 es nada.

Sumar o restar qué más da

si la luz de Agosto es filosa

e invasiva, inoportuna

y yo nací en una de sus trepidaciones.

Otros años escribí cumpliendo

y cumplí escribiendo.

Hace dos años escribí cuarenta y dos veranos;

hace un año, soy lo que soy.

Este año no hay eclipse…

tampoco me gusta transcribir la edad

pero acepto sus cumplidos con disimulo.

 

Otros años, estas horas fueron

algo significativo,

ahora riñe el silencio en mi piel sudorosa,

y mi alma trémula, ese hueco

que a veces se llena de voces

con todo lo que ocurre,

para contarme lo que ven mis ojos,

lo que tocan mis manos,

murmura las múltiples fragancias del día,

descifrando las conversaciones y las voces

que escucho, me señala

la proporción incalculable de una canción que suena,

incluso la complejidad de la sociedad,

lo que solía saber y ya no existe…

pero aun extraño.

Las palabras prueban con mi boca las especias, y saben

a mole, a fruta madura, al vino de la  dulce tierra.

 

Esta alma mía que ha sido vaso…

receptáculo de la poesía que en el principio

embriagaba al mundo,

hoy está semi dormida;

imagina que escribo y  no siento

ni el peso de la pluma,

que se desliza diestra por la página

bailando un garabato.

 

Se repiten las palabras, sorbo a sorbo, trazo

se levantan soñadoras del deseo…

el deseo de escribir, mil veces derribado.

Pero hoy no soy yo la que escribe, porque aunque

duelan, bajo la luz de Agosto,

no soy la mano, ni el oído, ni los ojos,

son las palabras las que sueñan, y yo

escucho su sueño inquieto, exquisito…  

entonces,  existo. ¡Brindo por la existencia!

 

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Beatriz Osornio Morales, Agosto 21, 2018.

Imagen de la red.

EL SILENCIO NO ES LA NADA

 

Del bullicio al eco…

entre labios rojos

juegan los vocablos.

 

De la brisa de éste mar

a otras orillas…

izadas las velas navegan nuestros barcos.

 

Del centro de la tierra a las estrellas…

minerales inaudibles

sueñan nuestros cuerpos.

 

De tu lengua a la mía…

a pies descalzos,

brotan sílabas que  unen.

 

Del beso blando a la roca…

y abordando  trenes,

llegan nombres de ciudades

lejanas.

 

Del silencio a la nada…

en aeroplanos,

viajan las palabras de los que se aman.

 

 

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Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

Reversos (Ùltimas Dos Partes)

 

 

IV

 

New York, cisne de cristal.

En una punta, el océano te nada

manto gris, donde los  titanes

hundidos por un puño blando al

Triángulo de las Bermudas, añoran

otro destino,

en la otra punta, la bolsa de valores vencidos,

vecinos subterráneos de

la Gran Manzana.

 

Ciudad de vidrio y

derrumbes en china town…

arte caro en los museos,

a pesar de los artistas

muertos de hambre…

 

Tu verde central park

florece dos veces por año,

sin tomar en cuenta

los roedores de cañería

ni las tiendas de importaciones,

fortuita mitad;

Floreces también en el otoño.

 

Maravillosa New York…

parecida a tus torres, el Chrysler building

las siamesas, derrumbes

ascendentes y subterráneos;

de ascensores múltiples

e infiernos multiplicados,

así te quiero.

 

 

 

 

V

 

He querido escribir a mister Cole,

escribirle cartas de poesía sencilla;

hablar como si yo también viviera

en un departamento alto

de los rascacielos, contarle

pájaros negros y lobos en los barrios newyorkinos

… decirle que abundan

aquí, como a él le gusta, eso he querido

pero pienso en ascensores

y puentes de vidrio, rotos

por aterrizajes bien planeados….

 

El señor Cole no entendería,

o quizá sí, que vivimos lejos

puerta con puerta.

Leo su libro en la misma planta,

eso lo entiende…

lo que no entendería es

lo que escribo, como lo escribo.

Pensará que solo sé cortar

flores negras de New York,

cómo es posible,

es la ciudad perfecta

para reproducir luz,

pero nuestra complicidad

aflora, nos flota en el aire.

 

Si lo piensa mejor…el poeta pensará

que quiero ir con la mano atada en el bolsillo,

colgando de la horca, y en otro bolsillo,

un grito para

pedir auxilio, pero,  mister Cole,

eso creería el señor

viviendo en las alturas,

nosotros no,

nosotros, usted y yo

presiento que somos disidentes.

 

Mister Cole tiene

unos ojos claros que no dejan ver más

que un New York reluciente,

con unos cuantos pájaros negros,

eso es lo que yo no comprendo.

 

 

Beatriz Osornio Morales, Hampton Virginia, Octubre 2010-Abril 2014. Imagenes de la red.

 

 

REVERSOS (Tercera Parte)

 

III

 

Trece años más,   menos

el azar del presente nos une y

nos separa, hermana

urbe y corazón sin vela ni bandera.

 

Una sonrisa nos delata, tú

y yo, hablando lenguas extranjeras;

tú por Ich Being de Ramstein,

yo, por una alquimia

que no rima en las palabras.

 

Creciendo vamos con las putas;

creciendo hermanas

del crimen y el romance,

de la letra que se humilla

por un traveling en Brooklyn y la maternal

caricia de lenguajes, ya ausentes, ya exhaustos.

 

 

 

Beatriz Osornio Morales. Video de YouTube.