Del Ciego Que Midiò el Tiempo en Pasos

 

XI


Te lleno los ojos


                         de invisibles cuerpos…


                ondulando con


             un dedo


tembloroso


                     tu voz,


invento una piel a su luz


en las tinieblas,


                    y es mía,


 tu lengua que alumbra en mí


visionarias palabras:


                                            Es un deleite de amar,


desde el ojo-corazón agónico
del ciego.




Beatriz Osornio Morales,

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Sol Verdadero

 

 

Cuando volteo hacia adentro

reconozco la poesìa

se parece un poco a ti

(algo divino) y a la esquizofrenia del amor.

 

No te sorprendas si escuchas voces

de la nada

¿Acaso no tiene mi dulce voz? ¿la nada?

a esto hemos llegado

 

Ayer a la hora del cafè

descubrì el escondite de tus ojos

y no sabes cuanta nostalgia sentì

cuàn càlidos me miraron

 

Al darse cuenta del extravìo

que formula cada dìa

recurrieron al puente

què locura

dices

hay puentes que separan

 

como el salto de esta lìnea que

estalla                    se rompe y

se une  en las  palabras

 

y sin embargo

es el mismo rìo que lleva a ti

como  todos los caminos

que conducen a Roma

 

A veces

cuando miro hacia adentro

solo hay oscuridad

tu voz no tiene cara

es un sol negro tu voz

 

poderoso e inmenso

sol sin cielo

ni vacìo

sol inexistente

dentro de mi

verdadero.

 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

Incontables Pasos

Cuando ya no estès

contarè tus pasos ausentes

los medirè con mi dolor

quizà entonces la distancia

se quiebre

y un fragmento

te dibuje el nuevo cuerpo

el garabato de Paz

que te gusta como poema

la parafernalia del cine

es otra cosa

 

Intento entender porquè prefieres

a Spielberg y Del Toro

no son Burton

cuestionamos cada dìa

pero cuando te hayas ido

medirè  tu ausencia de memoria

y quizà entonces me llene de ti

en tus incontables pasos.

 

Beatriz Osornio Morales

Palabras de Ceniza

Supongo que si de tiempo se trata, este el es tiempo donde existo.

Aunque podrìa ser la conciencia de ello lo que realmente persiste como tiempo.

Hace un momento estaba en ese tiempo.

Te decìa que hoy mis palabras huelen a hojarasca.

Abrì la puerta de atràs y recordè ese aroma olvidado,

sentì el crujir de mis palabras que se desmoronaban en el polvo,

y oì romperse el cuerpo del misterio.

Su aroma es el de las hojas quemadas, y no sè porquè

pensè en los petàlos de las rosas secas que he ido guardando

cada aniversario,

estàn sobre la mesita de las cartas.

 

Las palabras minerales sueñan con ser estrellas,

pero por el aroma sospecho que son cenizas a millones de años luz.

Lo que brilla es la luz milenaria de un tiempo sin memoria.

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

TENGO QUE DECIRTE ALGO

Tenía pensado renacer con el día

asomarme al cementerio del alba

y pensar en ti

En ti que renacías de las aguas

de las mujeres calladas hechas una fiesta

por dentro, sus ojos eran la primera señal

de lo que había bajo la piel de las manos,

y entre la línea de sus carnes más suaves.

Eras experto en mirar donde pocos miran:

su cabello hecho una montaña, cayendo

Puna cascada hacia la red subterránea

donde trenes llenos de niños y tigres

y albatroses emigran;

me cantabas a la orilla de aquel río

en la avenida.

 

Tengo que decirte algo:

Yo hace tiempo que vengo muriendo

con cada noche eterna a cuestas,

muero del olvido a tus alas ausentes;

A ratos imagino que todavía existes

y que con solo pensar el morir se revierte,

 

es posible renacer en el pensamiento

en las pasiones más ocultas

en el deseo que se quiebra

bajo la rama de un árbol.

 

Tenía pensado renacer la mañana

asomada a las tumbas abiertas y

cerradas con las horas del día:

Ahora solo tengo que decirte algo;

Los niños se han peinado ya para la escuela.

 

 

Beatriz Osornio Morales