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La magia del Momento Literatura Poemas

Salamandra

Largo…el día…
me carcome el orificio de la piel.
Sabe a nada y sabe a sueños.

Quisiera que te acordaras
de la estupefacción remota al olvidar,
que a los días les crecen los extremos,
como a las salamandras una pata
que ya nunca recuerdan.

A final de cuentas, el día
nunca deja de ser un desconocido,
reconociéndose a diario
en el vaivén de las palabras,
un rancio lirismo involuntario
en la piel.

El tiempo es un agujero negro
por donde se  escapa el universo,
pero a veces, vuelve la certeza 
de vivir una vez más, para siempre.

Póster de pared submarino de renacuajos de salamandra Newt vintage en venta  en Pamono

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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La magia del Momento Literatura Poemas

Iconografía de otoño

ARTE e ICONOGRAFÍA: EL SEMBRADOR
Hoy vi una hoja que se iba
del árbol al vacío,
y ya no era solo hoja,
sino un dorado abismo…
¿Sería la luz,
o la mano gentil del viento
que acunó  su alma?
 
La observe, alma  multiplicada
hable con ella....
me despedí.
¡Adiós hoja! ¿Volveras?
espero reconocerte 
 en el árbol .


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.
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La magia del Momento Literatura Poemas

Lloro cuando el frutero esta vacío

BB: Surrealismo
A veces me pongo a observar atardeceres 
al amanecer,  y amaneceres al anochecer. 
Contradiciendo la imposible organización del tiempo, 
hoy  se ha quedado el frutero vacío,
y  preguntas por qué las lágrimas.

En otoño caen crepúsculos de los árboles, 
uno tropieza con ellos en las aceras, 
se siente el crujir de la luz bajo los pies.

Vi uno muy peculiar en la ciudad de México
al amparo del ángel de la independencia, 
las malvas rodeando el cielo de su cuerpo dorado,
en el espacio contiguo crecían 
violetas emplumadas y catrinas monumentales.

Hoy me di cuenta que a pesar de todo
no he visto suficientes crepúsculos,
que lloro al ver el frutero vacío, 
cuando está lleno 
la mirada saborea soles maduros.

La boca, como la piel,  tiene su propia memoria.
la lengua recuerda las frutas maduras, aunque 
se resistan las formas en la hambruna, la sed y el placer.

Donde se vio una serpiente, cae la noche, el fruto
y un tren escondido entre las sombras; sólo un perro
con ojos de abandono me reconocerá de inmediato.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red
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Elegía – a mi padre

Hace un año ya:

Por Beatriz Osornio Morales

No tengo fuerza ni palabras acertadas;
a tu cuerpo esta noche lo recibe la tierra,  
confiado en su cálido abrazo te acuna.

Sabes que al espejo se llega en el otoño, 	
y tras la nieve arrasada por el viento,
crece la vacuidad del prolijo invierno,
pero tu ya duermes placidamente.

No pude despedirme en persona, a tiempo 
con el resto de tus hijos, a ciencia cierta
tengo un hoyo clavado en el corazón,
como estocada a los  suspiros .

En este lado,  lejos de todo, menos de ti, 
enterrada en un chillido que nadie escucha,
supurando latidos, el corazón delator
cuenta nuestras historias,

pasando las palabras entre mis dedos,
atisbos de tristeza, cuál cuentas del rosario, 
donde tus alas levantan vuelo.
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Renoir

Slow and silent,
I come back to you
from a desert,
the fear of losing 
your voice in the sand.

You are lying down 
on a blanket.
A  blue dream covers 
your rest,
like a shivering cheek 
under a hat.

A liquid hand 
redeems Narcissus. 



B.O.M
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Donde la calle muere II

El "poder secreto" que esconde un beso - Infobae
Brota agua de mar
en tu orilla,  la luz se antepone 
al ruido de las máquinas de lavado,
pero otras voces como las moscas,
prevalecen, riñen
listas para comerte el corazón y caducar,
el tren pasa por el tiempo
como el invierno, al final,  la primavera.

Aquí, donde la calle muere
y quizá todo lo que toque,
tarde o temprano también muera,
he colgado alpiste en una casita roja
para los pájaros,
techando  con mi nostalgia,  un refugio
donde guarecerse de las tormentas,
y de los cerdos,
hasta que pase el próximo tren
y podamos besarnos, 
donde la calle muere.


Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red
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Literatura Poemas

Donde la calle muere 1

Fondos de pantalla : mujer, Arte fantasía, Chica de fantasía, alas, ángel,  mitología, ala, Papel pintado de la computadora, personaje de ficción,  Mujer guerrera 1920x1080 - pablo84 - 211106 - Fondos de pantalla - WallHere
donde la calle muere,
y las voces sofisticadas nacen de los  pantanos,
(no se trata de voces audibles, 
son voces de silencio, crustáceos y cocodrilos) 
también se erigen de la cloaca
los pensamientos, mi propio animal
 sube por las patas de la mesa donde tomo café.

Descabelladas,
escurren por  las paredes
 las  palabras,
 los cajones cerrados de mis ojos,
se desbordan
al final del mundo. 
Las audiencias pendientes
 de entre semana, 
siguen en la nevera.

Tus palabras, cada vez más oscuras 
hacen de la noche prematura, 
una majestuosa estatua
con protectoras alas de ángel.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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De Sus Sueños Literatura Poemas

Fábula del ave nocturna

La creación de las aves - Remedios Varo - Historia Arte (HA!)
Ella esperaba
en incesante crepitar de horas
en la mazmorra de un miércoles nocturno.

Prendió sus alas a la noche
para no dejarla ir,
suspendió latidos de reloj
encendió los ojos,
perfumó agonías de la espera
como escenario donde germina luz.

Esa noche
en derrocamiento de alas,
el ave se fue desvaneciendo.

En el instante mismo
que la luz germina,
la noche emprende vuelo
llevándose consigo las cosas,
y el ave duerme
al extravío de aquella noche.

En la ventana, a primera hora del viernes
donde deambula el rescoldo del silencio,
alguien llama

es El
mismo a quien esperaban 
el ave nocturna
y el incesante crepitar de horas,

sus ojos caen
al ver que ya sólo una sombra 
espera en la luz de la mañana,
y una voz doliente
en el reloj suspendida.


Beatriz Osornio Morales. Imagen de Remedios Varo. 
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Poemas

Al que madruga…

Te lo digo de una vez:
Llegó la noche al árbol antes que tú.
Llegó a la pared,
y aunque blanca, es una lápida
de cementerio.

Llegó al asfalto antes que los autos,
llegó al baldío.

Nadie ve las espigas negras
mecerse en las carrocerías,
eran rojas, azules, borgoña
de día, el río era dorado.

Llegó a la casa antes que tú;
la impregnó de un oscuro musgo,
hasta que prendí la lámpara
que te esperaba. 



Beatriz Osornio Morales