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Del Ciego Que Midiò el Tiempo en Pasos

 

XI


Te lleno los ojos


                         de invisibles cuerpos…


                ondulando con


             un dedo


tembloroso


                     tu voz,


invento una piel a su luz


en las tinieblas,


                    y es mía,


 tu lengua que alumbra en mí


visionarias palabras:


                                            Es un deleite de amar,


desde el ojo-corazón agónico
del ciego.




Beatriz Osornio Morales,

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Primera Luna

Todavìa estaba de moda hablar de comienzos. Yo escribì la fecha cuidadosamente para no equivocarme, como la primera vez. Era la segunda vez que escribìa la fecha en lo que iba del año. Ayer no escribì para nada.

De camino al trabajo colgaba una enorme luna a mi izquierda. No pude tomar foto porque iba manejando, solo se plasmò en mis ojos, en mi mente aun persiste la gran luna, la inusual esfera de cara luminosa hacia la tierra. La vi y seguì manejando.

El mapa de la luna estaba màs claro que nunca, a pesar de que ya eran cerca de las 7 de la mañana, distintos tonos de luz y sombra dibujàban su figura grave en el fondo de la luz opaca, un color entre el blanco y un apenas sospechado àmbar. El cartògrafo habrìa estado encantado de reproducir el mapa de la primera luna.

Hubo que corregir, obvio. Escribì el 2 sobre el 3, Enero y el 2018 se dibujò plàcidamente en la pàgina. La otra pàgina, èsta no. Aquì escribì la fecha cuidadosamente.

Dìcen que la luna no habìa estado tan cerca de la tierra en mucho tiempo, que es un fenòmeno natural que no se observa a menudo, y puede que sea cierto, yo nunca habìa visto una luna asì de grande, y vaya que ya tengo mis años. En las redes sociales polùlan las lunas de aquella noche, pero nada se compara con la primera luna que yo vì de camino al trabajo; asì, redonda, perfectamente encendida, ni blanca ni àmbar pero luminosa, cerca de los techos para velar el sueño de los niños que aùn duermen, o los pasos de los que se dirigen hacia algùn sitio, como yo.

 

Beatriz Osornio Morales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Incontables Pasos

Cuando ya no estès

contarè tus pasos ausentes

los medirè con mi dolor

quizà entonces la distancia

se quiebre

y un fragmento

te dibuje el nuevo cuerpo

el garabato de Paz

que te gusta como poema

la parafernalia del cine

es otra cosa

 

Intento entender porquè prefieres

a Spielberg y Del Toro

no son Burton

cuestionamos cada dìa

pero cuando te hayas ido

medirè  tu ausencia de memoria

y quizà entonces me llene de ti

en tus incontables pasos.

 

Beatriz Osornio Morales

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Espejo Triste

 

 

¿Te permites demasiada tristeza?

La tristeza no pide permiso, lo sè, pero tampoco tienes que invitarla a sentarse contigo, a comer, a dormir, a bañarse contigo, mucho menos a que te peine el cabello mojado.

A algunos les funciona estar tristes, ver al espejo y acusarlo de nostàlgico, demente, y asì van por los dìas con su traje de reflejo impenetrable. Y no sè porquè los tristes son tan concurridos, la gente los compadece. Ese es solo el comienzo, pronto, el reflejo se multiplica.

En el otoño no me permito estar triste, es demasiado bello. La belleza extrema duele tanto o màs que la tristeza asì que… elijo la belleza sobre lo triste.

Pero hay cosas, situaciones; una canciòn, un poema triste que puede tambièn ser bello. El niño perdido en Coco. Algunos buscan un sendero de flores para volver, pero a veces la memoria no florece y ellos son olvidados. El mundo olvida.

He tratado muchas veces  escribir sobre el otoño, describir detalladamente, pero no hay tristeza y encuentro que tal acto, tal intento suele achatar la experiencia de lo bello, los detalles a veces achatan.

No me permito tanta tristeza, solo un poquito para describir autènticamente lo bello. Tienes que ser osado si quieres hablar de eso y renunciar a su experiencia total. Solo asì se puede captar la belleza extàtica. Solo asì florece la memoria y el reflejo deja de ser impenetrable.

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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Palabras de Ceniza

Supongo que si de tiempo se trata, este el es tiempo donde existo.

Aunque podrìa ser la conciencia de ello lo que realmente persiste como tiempo.

Hace un momento estaba en ese tiempo.

Te decìa que hoy mis palabras huelen a hojarasca.

Abrì la puerta de atràs y recordè ese aroma olvidado,

sentì el crujir de mis palabras que se desmoronaban en el polvo,

y oì romperse el cuerpo del misterio.

Su aroma es el de las hojas quemadas, y no sè porquè

pensè en los petàlos de las rosas secas que he ido guardando

cada aniversario,

estàn sobre la mesita de las cartas.

 

Las palabras minerales sueñan con ser estrellas,

pero por el aroma sospecho que son cenizas a millones de años luz.

Lo que brilla es la luz milenaria de un tiempo sin memoria.

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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La Llamada

 

A esta hora busco algo que me mantenga despierta, veinte minutos, no màs, solo veinte minutos robados al sueño que ya pesa.

Sonarà el telèfono, lo sè. Escucharè tu voz con el corazòn en la boca.

Quiero estar alerta y quiero dormir tambièn. Pero espero, solo hoy. Hace mucho tiempo que no hablamos… ni existo en tus sueños como antes. Veinte minutos solamente, el suficiente tiempo para escribir en prosa, llenar pàrrafos bien nutridos de… todas las cosas que nos han ocurrido durante ese tiempo, los entre parèntesis de la conversaciòn continua que solìa ser nuestra relaciòn, y eso, hablar hasta quedarnos dormidos, yo junto a ti, tù junto a mi. Mañana serà otro dìa y me reclamaràs haberme perdido como siempre en la misma plaza concurrida, en algùn lugar de Italia, entre gente desconocida. La diferencia serà que esta vez, escuchè tu llamada y acepte existir en tus sueños con todo y la angustia que te hace despertar.

-Sì aquì estoy.

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

Beatriz Osornio Morales