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11.00 am

Pavel Bergr nacio el 30/11/1957 en Usti nad Labem, República Checa. Pasó su  infancia en un castillo gótico en Střekov y un palacio… | Surreal art, Art,  Art gallery

Un día no es como otro día… hay que quitarse los lentes, o ponerlos para ver, depende del día anterior.

Tras estos lentes, el filo de las formas desaparece, se difumina en niebla personal, una neblina que sólo tú puedes ver. -¡Pero qué dices, hombre!- la neblina es lo contrario de una visión, y con la edad las cosas toman o pierden, mejor dicho, pierden enfoque en un estremecimiento producido por sabe dios qué decrepitud, un fenómeno que se empieza a sospechar pasados los cuarenta, el mismo fenómeno que afloja las carnes irremediablemente.

Un día no es igual a otro, ¿viste?

Desde donde estás todos los días parecen igual, pero si te fijas bien, si eres miope y te pones los lentes para remediarlo, te darás cuenta  que cada día, el número de líneas simétricas varía de acuerdo a tus ojos, esos ojos que se ha de tragar la tierra con todo y sus días, sí, y nadie pone atención a unos ojos callados. Así que habla con los ojos y haz una obra maestra antes de quedarte verdaderamente ciego, irremediablemente ciego.

El secreto es, si eres ciego, tienes el oído para ver, las manos, la lengua para hacer ver, el olfato, el gusto, la piel, la entraña. La devastadora ceguera es cuando se apaga la luz en la cámara de tu mente, cuando se acaba la memoria y ya no encuentras las palabras, sería como pararse en medio de un desierto donde lo único que hay es arena caliente y nada, ya ni espuma, ni el recuerdo de la espuma, sin ello, la palabra espuma deja de tener un significado. Esa es la irremediable ceguera. Lo demás son borrones de la vida, metidas de pata de la genética, o qué sé yo. Pero hoy por hoy, aún puedes ver a pesar de la miopía.   

B.O.M

Estimados, con este texto comienza la serie «ciertas horas del día» ¿Qué les parece?

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El Lector Común

Cuando termine de leer este libro lo primero que pensé fue:

“¡Cielos! He terminado “El Lector Común” ¿Y ahora Que voy a leer?”

Ginia es una excelente compañía. Leer sus cosas es como tomar una taza de café acompañada, aunque quizá en vida, ella hubiese preferido una taza de té, costumbre de ingleses. Las tradiciones, tengo sabido por experiencia, son difícil sacudirse, y no hay de qué sorprenderse. Los mexicanos por ejemplo, no podemos vivir mucho tiempo sin consumir los productos del maíz, los frijoles y la salsa; unas semanas de privación de alguno, y estamos a punto del colapso emocional.

A veces cuando leo a Virginia Woolf (Ginia) tan despacio para no quedarme pronto sin su compañía, tengo que renovar el préstamo de sus libros a la biblioteca, y me pregunto si en su vida hubiésemos compartido algún encuentro por breve que fuese, no solo yo leer sus libros y sentir que platico con ella: ¿Habría sido posible algún tipo de amistad? Le aprendo mucho. Espero que no sea molestia la familiaridad de llamarla como la llamaba su hermana Vanessa, a quien no me atrevo a llamar “Nesa” porque conozco poco de ella, lo suficiente quizá para saber que era pintora, y para admirar el gran cariño que le tenía “Ginia”

Y ahora sí, al grano con el libro.

“El Lector Común” es un libro mucho más maduro que la versión de los primeros ensayos de su autoría, cuyo contenido es un compendio de ensayos breves y revisiones de libros de otros autores. Dichos ensayos fueron publicados en su tiempo en periódicos, y recopilados posteriormente para ser publicados en forma de libro; una joyita para aquellos que tienen interés en la literatura, no solamente en el género ensayo. Como el título sugiere, bien puede ser leído por lectores comunes, es un libro con temas diversos, por tanto, lectores diversos pueden encontrarlo de interés.

No hay desperdicio en el contenido, sobre todo porque en este volumen Virginia logra una vivacidad en su prosa, que prácticamente mantiene al lector interesado en los argumentos del libro que ella leyó, el tema que le interesó, o la experiencia particular que se encontró en la vida. Es una pena que no puedo quedarme con este libro, comprendo que su lugar está en la biblioteca para que muchos más lectores tengan acceso a su lectura.

Lo que particularmente me maravilló no solo por su calidad narrativa, sino también porque lo encuentro instructivo, fueron los dos últimos capítulos: “The Patron and the Crocus” y “How It Strikes a Contemporary”

El primero, no estoy segura si hay una traducción al español hasta ahora; su título tiene un sentido figurativo, y sería casi imposible una traducción literal que conservara el sentido que encierra el ensayo. “El Mecenas y el principiante” sería el sentido apropiado (“Patron” se traduce en este caso como mecenas y “Crocus” es literalmente “azafrán” así que sería “El mecenas y el azafrán” lo cual estaría completamente fuera de lugar, pero al parecer hay en Inglaterra un tipo de flor que florece muy al principio de la primavera, eso explicaría perfectamente el uso del término “principiante” aquí). Este ensayo delibera al respecto de cómo el mecenas, o los maestros experimentados aconsejan al joven escritor en sus comienzos: El joven escritor debe escribir de forma directa y espontánea, sin más ni más que para sacar lo que hay en él. Después de esos comienzos, el joven escritor se va formando un estilo propio, que busca no perder el primer contacto con los mecenas, y a la vez busca establecer relaciones con más lectores, pero siempre con la conciencia clara de para quien escribe.

En el caso de “How It Strikes a Contemporary” “Cómo le llega a un contemporáneo” trata un estudio bastante sustancioso sobre el valor de la literatura moderna en comparación con los clásicos, y lo difícil que es para la crítica de la modernidad, analizar lo recientemente producido, quizá por su cercanía en la realidad actual, pero también porque en la modernidad se ha ido personalizando -subjetivizando- la visión de la literatura, lo que complica dar o analizar con el mismo valor que se hace en referencia de los clásicos.

Este ensayo básicamente una comparación de la crítica contemporánea con la de otros tiempos, y a la vez, de la literatura moderna con otros estilos del pasado, pero no solo eso, sino que abarca también las distintas formas en que la situación social, ha influido y sigue influyendo al momento de escribir. Virginia Woolf diserta en este estudio, que si a los autores modernos, muy estudiados en cuanto teorías y estructuras, en cuanto al arte en sí, les hace falta creer mejor en lo que escriben, será difícil transmitir con fuerza algo que perdure. No solo hace falta saber que se escribe bien, sino que hace falta creer lo que se pretende comunicar. Necesitamos creer nuestra propia historia.

B.O.M. imagen de la red

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La luz y Sartre

La luz viene de donde viene, y Sartre la ve desde el café de los gatos negros; se maravilla por la parte que ésta (la luz) revela de las cosas. Al mismo tiempo le contraría mucho la parte que se oculta. Contraría tanto al grado de la náusea de Antoine Roquetin; quizá la misma náusea que a mi me produce ver una tortura con fines de milicia o de cualquier tipo.

Es sorprendente todo lo que ve Sartre y cómo lo analiza, pero me sorprende más todo lo que imagina, y cómo le atribuye a lo imaginado el conocimiento que tiene sobre ello.

Me acuerdo de Sartre en el libro de La Náusea, recuerdo que a veces me sentaba con él  en el café, y volteaba a ver cuando señalaba con la mirada (seguía su mirada). A veces se obsesionaba observando algún personaje desconocido, ya fuera comensal del mismo café, o de paso en la calle, otras veces, se quedaba abstraído  por horas ante un objeto; podría tratarse de cualquier objeto, pero para él ningún objeto atrae la atención accidentalmente. Le gustaba estudiar el objeto, la forma, el color, el espacio y la distancia, fuese como variantes o como constantes en relación unos de otros. Algunas veces concordamos en que visualmente, el objeto no es totalmente objetivo, pues no es posible ver todos su ángulos desde un punto de observación, intentar hacerlo sabiendo que la parte que no es posible ver desde aquí, tiene que ser completada por el cerebro,  produce náusea, la luz produce algo de eso también.

Y mientras yo degustaba un plato de tomates fritos en aceite de oliva, él advertía que al perfil de la señora gorda de la mesa de al lado, le falta un lado, y él que nunca antes ha visto esa cara, tiene problemas en completar el rostro. Qué bizarro me parece imaginar un rostro incompleto, pero volteo a ver y sé de lo que habla, tantos rostros incompletos; esto sigue siendo bizarro porque mi cerebro imagina la parte que no se ve ¿y si es distinta? me asalta la inseguridad,  sin embargo, la ignoro porque Sartre continúa sopesando posibilidades, ¿cuántos nuevos rostros habrá inventado? en realidad con la náusea he aprendido a ver, no solo hacia donde Sartre apunta, sino hacia donde las cosas mismas señalan.

50 años sin Magritte, el artista que desconfiaba de la realidad - Infobae

B.O.M. imagen de Magritte, El Hijo del hombre

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El Abordaje

En el acto de la escritura, hay veces que uno se sienta como escritor de películas, desechando hojas a cada palabra, indeciso respecto a la palabra que da comienzo a la historia, en mi caso, al poema. Indeciso respecto la palabra que continuará la frase, el adjetivo que describirá la noche, o el tiempo predominante del poema.

“La noche estaba húmeda…” La humedad es una condición más común en el verano y se asocia con la calidez. Aquí hace frío. No quiero hacer remembranzas definitivas, mas el tiempo del verbo es clave.

“La noche fría..” demasiado directo, no, el abordaje en la Poesía ha de prolongar la expresión, como un velo que descubre las cosas de a poco en su transparencia. Algunos poemas requieren un trato directo.

La palabra, el adjetivo que sirva de nexo entre lo que precede y la continuación del verso, es la fuerza que impulsa en la lectura, a la siguiente línea, pero sin desconectarnos del verso anterior.

“La noche, cubierta de una humedad distinta…”, mejor opción, más no del todo convincente.

Regresando al caso de “La noche fría…” tal vez deba pensar una palabra que le anteceda a la frase, para no saltar de golpe al frío, una acción tal vez.

“Llegada la noche fría…” aunque expresa una acción terminada, sugiere que hay más, crea expectación y la noción de un tiempo. Ese podría ser el principio de un poema o una historia.

Demasiada teorización puede terminar en problemas, y yo terminaré desechando otra página.

En la narrativa, particularmente la novela, el relato y el cuento, lo importante es la claridad de la historia, la unidad se resuelve dando una secuencia a los hechos.

En la Poesía no hay necesariamente una historia, si no varias, hay ensueños, brotes, ideas, matices, imágenes. La sustancia del poema es de un néctar extraño, y las variantes en su forma de ideología, no tienen la finalidad de contar, si no de sugerir, abrir puertas para que el poeta y el lector creen un mundo juntos.

El uso del lenguaje poético comúnmente conocido como metafórico, es una herramienta que encontramos con mayor frecuencia en la escritura de poesía. Pero actualmente, en la búsqueda de nuevos géneros literarios, el lenguaje poético puede también encontrarse en la escritura de narrativa.


Insisto en que la teoría puede volvernos incrédulos, intelectualmente se dice mejor escépticos, y lo que no tenga fundamentos basados en lo que dijo algún escritor, historiador, poeta, filosofo reconocido, crea sospechas. Por eso encontramos escritores que justifican todos sus escritos con el uso de epígrafes de otros escritores, algo enteramente aceptable, si la calidad del trabajo no es mediocre, esto puede ser con el fin de dar a la lectura una orientación más específica.

El verdadero poeta, se preocupa de la originalidad (realidad) del poema, así que se re usa a creer las sentencias de que “no hay nada nuevo bajo el sol” “Ya todo se ha dicho” El poeta busca en su acto creativo, una forma distinta de expresar, pero quizá lo único que haya por descubrir es la forma de abordaje, tan particular como la individualidad de cada persona, eso también es originalidad y es un acto innovador.

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

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Gustavo

Taza de café con un libro

Algún día del mes de julio de un año que ya olvide, conocí a Gustavo. Me encontraba sufriendo por las cosas tiradas a la basura debido a otra crisis de aprehensión. En seguida me sorprendí haciendo confesiones a un completo desconocido, hombre atractivo por cierto; alto y fornido, llenaba perfectamente el pantalón casual que traía, el suéter beige y hasta los zapatos café oscuro que calzaba.

La gente quiere deshacerse de lo usado, tirarlo, reemplazar todo como si todo tuviese que ser siempre nuevo.

Yo le dije a Gustavo que sufro por las prendas que han sido parte de mi piel, como tu recuerdo, pedazo de trapo rojo, raído si quieres, pero lo atesoro junto con la blusa que llevaba cuando lo conocí a él. Con esa blusa azul marino que deja ver el cuello sin obstáculos y traslucir otras partes del cuerpo, me subió el color a las mejillas, como cuando tus ojos encontraron a los míos, y se quedaron allí mirando, estudiando cada gesto del alma en mi sonrisa.

Conocí a Gustavo tomando una taza de café caliente, no importa cuándo, solo sé que era en Julio y era en casa “y en una banca del parque” la tinta escribe; Gustavo, al principio simplemente miraba por el rabillo del ojo de las letras. Más tarde declaró que la trayectoria de las líneas que escribía yo no era derecha. Cuando las letras buscan defensa, la tinta responde que lo mejor está en lo que no está, como si dos gentes que se extrañan se unieran mejor en donde no están juntas, como si la tinta se moviera atraída por una fuerza de creatividad oculta.

Esto ya lo había vivido, siento como si tus palabras me delinearan, increpa Gustavo.

Las gotas de lluvia caen en el cristal del sueño. Gustavo hace rato que se quedó dormido con la taza de leche (él no toma café) a medias, en la mano derecha, allí junto al sillón redondo donde lo escribí por primera vez. Le he puesto un cobertor para cubrirle del frío. Después recogí la taza, la puse sobre la mesa de la cocina y antes de irme a dormir, acomodé el frutero en el centro del mantel.

Beatriz Osornio Morales. imagen de Pinterest

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LA PALABRA EN LAS COSAS

Ceramic Vase - A hand-sculpted lizard perches on the rim of this wheel-thrown earthenware vase, looking lifelike enough to scamper away at any moment. The artist applies layers of glaze and underglaze to create a richly detailed surface in vibrant colors. Each is unique and may vary. Limited edition of 200.


Como contenedores de forma, las palabras que definen objetos, encierran una vasta simetría de significados, de modo que a veces es difícil acertar en el uso correcto de las palabras, pero hay una intersección entre la forma real y la forma de significado, donde la verdadera forma del objeto o pensamiento se expresa.

La forma externa del objeto puede ser recta, aguda, sin embargo en la percepción del mismo, la simetría es una esfera total o parcial, una vasija contenida.

Palabras vasija, tengo vasijas repletas de laberintos como horizontes en los ojos, caminos en los pies, caricias en las manos, aromas, fragancias, sabores en la boca. El volumen es un arco de viento vasija. El volumen esta hecho por dos manos que ahuecan su escondite a la música de un espacio.

Su forma encierra una vasija completa y una vasija inconclusa. El objeto es y se convierte. La palabra que lo nombra contiene la tensión de lo que ya es, y lo que se hace cada vez que se pronuncia la palabra, lo mismo con el espacio contenido.

Una vasija contiene muchas palabras, tantos sonidos como idiomas en el mundo; gracias a ello pueden decirse en distintas lenguas sentencias como ésta: “Haré una vasija con el barro de mis manos” “El hombre bebió de la vasija entre sus manos. “Ella ofreció de beber el agua dulce en la vasija que sostenían sus manos” “El maestro bebió la cicuta que trajeron los sirvientes en una vasija de barro” con excepción de la última, son frases nacidas de mirar desde distintos ángulos una misma cosa; la acción de beber. El último entrecomillado llegó a mí de la lectura de los “Diálogos de Platón” respecto a su maestro Sócrates.

Decir que el espacio contenido en la vasija es el alma de la misma sería exagerar. El contenido se puede sustituir por un soplo, agua, vino, leche, veneno, muerte. Distinto se dice de la proporción del objeto ¿Será esta la esencia del objeto; la materia, la composición química, las características particulares o la funcionalidad del objeto?

La esencia del objeto es el soplo que siempre queda en la vasija, aunque esté repleta de sustancias. En ese soplo caben la imagen y la poesía de la vasija.

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Entre Actos de Virginia Woolf

Entre actos (Contemporánea): Amazon.es: Woolf, Virginia: Libros

Este libro tuvo su buen principio y un buen final. No tanto se puede decir del intermedio, la obra de teatro, en lo que a teatro se refiere, la encontré un tanto vana, además está narrada en un lenguaje arcaico, victoriano quizá, (se sabe que Virginia Woolf fue admiradora de la literatura de dicha época de pompa y realeza inquisitoria) con todo y eso, es una obra de teatro llena de lugares comunes, no sé si a propósito. Realmente hay opiniones opuestas respecto a la novela en sí, pues fue la última novela escrita y publicada en 1941 donde reina una atmósfera anticipando la Segunda Guerra Mundial. Hay quienes afirman que el tono apunta en cinismo hacia la historia británica, tal vez de allí que su lectura en otros lugares, a ratos parezca vana.


Lo que sí hace honor al título del libro es la forma en que se descubre la audiencia, en sutiles transiciones se va revelando poco a poco entre un acto y otro, entre reacciones morales y afinidades de personalidad. Alternativamente se va descubriendo e identificando nuevos personajes, que en su lugar juegan prácticamente el lugar de las personas. Un gran mérito a la autora que deja a los personajes expresarse con libertad considerable, dadas las circunstancias.


En este trabajo hay varios elementos sugestivos que tocan al espectador, al de la novela y al del libro, por ejemplo, las palabras que caen desde el escenario en la audiencia como gotas de lluvia, hacen reacción, mueven, impulsan la vida interior de cada persona en la audiencia, de alguna manera la autora nos lo deja ver. Otro detalle lírico que me quedará en la memoria por largo tiempo, es el uso de la imagen de los árboles atestados de pájaros, convertidos de pronto en rapsodias. Sólo ella pudo pensar en eso.


Es un libro con poca trama (como no sea la teatral) pero colmado en detalles de imperiosa belleza, algo que con frecuencia escapa a las palabras.


Podría concluir, de gustarme las conclusiones, que en este libro, la visión de la audiencia es más bella que la de la actuación. Quizá no sea solamente en el libro ¿pues cómo se compara la belleza que percibe el espectador y la que percibe el actor?


Tal vez el hecho de que su publicación sea póstuma y los ajustes necesarios quedaran en proceso, es lo que deja el conjunto un tanto desarticulado, o quizá sea mi gusto personal.


Me gustaron muchas cosas de la novela, pero la parte teatral no es de mis favoritas. Sin embargo no me importaría volver a leerla para re descubrir esa delicada y secreta vía del simbolismo.






Beatriz Osornio Morales, Imagen de la red.

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ENSAYO DE UNA IMAGEN

La primera luz lame

los cuerpos desanudados

-Daniel O. Requelme-

 

Más que un estudio técnico, éste ensayo es un des-anudar las palabras para tratar de profundizar en la experiencia de la imagen poética.

En la primera parte, encontramos “La primera luz” Un génesis, un nacimiento de luz que principia la imagen. Hablamos de una luz joven, tierna que se origina como protagonista de una imagen activa. La luz primera tiene un efecto de verbo sustancial, con el simple hecho de nombrarla transmite luz.

El verbo como centro de una oración, es de una importancia vital en la experiencia que ejerce la imagen; “lame” Tiempo presente de un verbo propio de los seres vivos, lamer. La primera luz tiene vida y toca, lame, lo hace con una naturalidad casi animal, pero con la ternura del recién nacido que acaricia como por instinto, un instinto que revela, una luz que toca como si necesitara lo que toca para existir.

El objeto donde el verbo ejerce su acción “los cuerpos desanudados” Bajo la lengua de la primera luz, las formas se hacen visibles; en los cuerpos desanudados hay un apocalipsis de la unidad, un estado de separación, y una unidad solamente insinuada por el roce de la luz tierna. La luz descubre el des anudamiento y con ello, da origen a la unidad previa.

Hablamos de una imagen poética activa, rica no sólo en sus proyecciones de imagen visual, sino también en su sentido ontológico, con relación a la primera luz y la percepción humana de la primera luz.

A mi parecer se trata de una imagen bien lograda en sus connotaciones expresivas. Una imagen que se completa en sí misma como universo, es ya un poema.

 

Resultado de imagen de lengua de luz

 

Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red

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Los Hijos de Prometeo

Un poema que escribí pensando en la familia, en Pinkfloyd, en ti y en ti…y al final, deshilachando mi relación amor frustración con la música.

Hoy ha salido al aire en la revista  multidiciplinar Tipealia. Aquí el enlace para quien guste leer Los Hijos de Prometeo y un montón de cosas buenas que están publicadas ahora mismo:

Los hijos de Prometeo