DIOSES AMERICANOS

 

“Solo tienes que agarrarlo en tu mente y es tuyo, para tomarlo de ti”

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De principio no estaba muy convencida de que disfrutaría este tipo de historia fantástica, desarrollandose primordialmente en un tiempo presente, con personajes contemporáneos como Shadow (Sombra) un reo que está por salir un poco antes de cumplir su condena por el crimen de robo que su esposa Laura y un grupo de amigos le instigaron a cometer. Una semana antes de la fecha fijada para su salida, Sombra es llamado ante el director de la cárcel, el cual le informa que saldrá de inmediato, debido a que recibieron noticias de la repentina muerte de Laura, su esposa. De allí se desenlazan una serie de encuentros y eventos de Sombra con extraños personajes que le van empujando a mundos suprahumanos.

Con su particular narrativa clarividente, Nail Gaiman, nos permite entrar facilmente en el mundo de este libro, donde es simple asociar a los personajes con la vida real. De tal modo que el lector es parte hasta de sus sueños, paseandose con naturalidad por esas delgadas líneas divisorias entre la realidad y ficción, entre la realidad y el sueño, entre el presente y el pasado, entre lo mundano y otros mundos, entre hombres y dioses.

“Una vida entera en oscuridad, rodeado de suciedad, fue lo que Sombra soñó su primera noche en la casa del lago. La vida de un niño, hace mucho tiempo, lejos, en una tierra al otro lado del océano, en las tierras donde sale el sol. Pero esta vida no contenía amaneceres, solo opacidad de día y ceguera de noche” (…) Recordó aquel momento y lo atesoró, así como recordar la dulzura del corazón de una col, el sabor a tarta de ciruelas, el crujir de las manzanas, la grasosa delicia de un pescado rostizado”
“Sombra abrió los ojos y se dio cuenta que tenía hambre y frío, estaba en un apartamento con una capa de hielo nublando el interior del vidrio de la ventana “su aliento congelado” pensó (sobre el niño del sueño) Trató de recordar su sueño, pero no se acordaba más que de la miseria y la oscuridad”

El tema de los sueños es un tema recurrente en American Gods, lo cual viene bien para aquellos que tengan ese tema entre sus intereses principales, seguro que American Gods es entonces más que una verde llanura para la ensoñación.

“Era un sueño y en los sueños, no se tienen opciones: Ya sea que no haya decisiones que tomar, o ya fueron tomadas por ti mucho antes de que comenzara el sueño”

Así se refiere el autor a los sueños, esas otras vidas que nos toca vivir.

El manejo de los diálogos es otro plus para esta novela contemporánea, escrita, mejor dicho, publicada en el año 2001.

Laura es un personaje fascinante porque tiene licencia al diálogo con Sombra después de morir, a quien ella metiera en problemas legales convenciendolo del robo que lo llevó a prisión, al parecer después de muerta sigue siendo una buena o mala influencia para Sombra, quien la ama a pesar de todo. Ella también ama a Sombra y lo protege en el submundo mejor muerta que viva:

“Oh, no he ido a Chicago en un buen, cachorro, me dirigía al sur. El frío me estaba amolando; pensarías que me vendría bien, pero es algo que tiene que ver con estar muerto, supongo. No se siente tanto el frío, se siente como una especie de… nada, y cuando estás muerto, pienso que la única cosa que da miedo es la nada”

En cuanto a los personajes, el mismo Sombra, tan enigmático es la espina vertebral de la narración, y su relación con los demás personajes forman un perfecto follaje en el árbol sagrado de las deidades, principalmente nórdicas, las cuales se vienen a encontrar en América (Norte) con antiguos dioses egipcios e indús, donde unidos se disputan la nueva tierra con los dioses emergentes. Según la novela, esta tierra es buena para los hombres pero no para los dioses.

Dioses Americanos es un libro excepcional, rico en personajes, la trama es juguetona, tiene sus giros inesperados en los momentos menos esperados. Sentido del humor es algo que no carece esta historia, pero es un humor corrosivo, con el cual Nail Gaiman hace honor a su herencia británica. Así nos muestra directa o indirectamente el concepto o la idea que tiene sobre la ficción.

“La ficción permite deslizarnos dentro de esas otras cabezas, esos otros lugares y ver através de otros ojos. Entonces, en el cuento, nos detenemos antes de morir, o morimos indirectamente, ilesos, y en el mundo más allá del cuento, damos vuelta a la página o cerramos el libro, y retomamos nuestras vidas”

La novela es ampliamente recomendable para aquellos interesados en los aspectos no solo de la ficción, sino en los temas del sueño, la muerte, la magia, la espiritualidad, y la estructura social moderna.

“El tesoro del sol esta en esos momentos en que el mundo hace un arcoiris, está en el momento del eclipse y la tormenta”

Texto y traducción de citas del inglés al español: Beatriz Osornio Morales

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Me Tope con un Beat

 

“¿Big Sur le llaman a esta arena, a estas rocas, este arroyo?”

Un día que visité la biblioteca pública, de esas veces que buscas sin saber lo que quieres, buscas por buscar entre los pasillos silenciosos, y de pronto  gana el bullicio de los títulos, los libros, las portadas cuentan su propio historia. Recorres las letras del abecedario como calles llenas de tráfico que pueden llegar a aturdir. Intentas recordar algún escritor que comience con cada letra, solo reconoces unos cuantos, algunos los has leído, otros no te llaman la atención ahora. El caso es que llegas a la J y casulamente encuentras a James Joyce “Retrato de un Joven Artista” lo tomas. Sigues la ruta, allí está la K y.  entre libros más altos y más gordos que BIG SUR de Jack Kerouac, el tal Beat anuncia su nombre, te suena ¿Jack Kerouac del movimiento Beat?lo apartas. Más tarde encuentras en Big Sur, numerosas referencias a James Joyce, curioso.

 De entre los dos libros, escogí leer Big Sur de inmediato.

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 Jack Kerouac es un escritor norteamericano que nació en Massachusetts en 1922. Vivió gran parte de su vida en New York y San Francisco, así que en el libro existe la dicotomía de elementos urbanos y bucólicos a menudo en disputa. Jack  fue una de las figuras principales de la llamada Generación Beat. Escribió varios libros antes de Big Sur que le valieron el reconocimiento y fama en su tiempo. Entre ellos “On the Road”, el cual él reconoce como el principio de la fama que lo arrastrara a los excesos y abuso de las drogas, más marcadamente el alcohol.

 Big Sur está narrado en un tono confesional, por tanto no tiene pinta de ficción, si acaso un excelente manejo hiperbólico. En la trama Jack decide hacer un viaje del este al oeste, alojandose en una cabaña en Big Sur, California, que le prestara un amigo con el fin de recluirse una temporada en soledad, y tratar de recuperarse del alcoholismo crónico que venía sufriendo. Una especie de busqueda personal.

 Los primeros días encuentra que la soledad tiene sus propias voces, distintas a los rugidos de la ciudad. Descubre que le gustan los tonos del arroyo que da al mar, las voces de cada rama, allí, a veces la noche está hecha de murciélagos y eso no le incomoda. Lo que incomoda en una cabaña es el tiempo y la niebla, y bueno, una cosa que podría mejorar el presente es que la ventanas tuvieran maya anti moscas y anti mosquitos, así tendria la opción de mantenerlas abiertas en un día cálido, para que entre la luz.

 Como Jack escucha todo lo que encuentra a su paso, incluido el mar que está cerca, se puede decir que Big Sur es un libro auditivo en gran parte. Por su naturalidad narrativa es fácil creerle cuando describe cada sonido, cada sensación, cada idea, cada visión. Yo le creo cuando me enseña las voces de las olas como si distiguiera una de otra, el léxico del río es vasto, las voces de las moscas sumisas al frío, los murciélagos que hacen la noche, hay que creer todas esas maravillas que él a veces llamaba necedades. Pero también hay que creerle a Jack cuando sospecha de su propia locura. Entre los delirios de la adicción y la sobriedad de la abstinencia, escribió religiosamente, transcribió las voces del mar casi por obligación, porque según él, James Joyce ya no estaba, así que alguien tenía que hacerlo. “Y me siento allí, escuchando las olas hablar de un lado a otro en la arena, con distintos tonos de voz: ka bloom, kerplosh, crowsh, ¿Son cuerda los ángeles en todo el mar?” Por esos días su trabajo era escuchar, escuchar en la luz y en la oscuridad, escuchar hasta el hartazgo que lo haría volver aliviado a la cabaña.

 “De hecho siempre es tan maravilloso alejarse de eso, y regresar al bosque más humano, venir a la cabaña donde el fuego aun está rojo, y  ver la lámpara de bodhisattva, el vaso de helechos en la mesa, la caja de té de jazmin cerca, todo tan amable y humano después de ese diluvio allá afuera”

 La parte más difícil del libro es cuando cede a la debilidad de volver al círculo vicioso de la auto destrucción. Vuelve a la ciudad a encontrarse con amigos en cuya compañía no es fácil mantenerse sobrio, con todo lo difícil e insoportable que llega a ser la soledad de Big Sur al final de tres semanas, no se compara con el gran vacío que puede experimentarse con el conflicto de las relaciones humanas. Se convierte en el poeta que bebe hasta la inconciencia, hasta el delirio y las explosiones mentales que él describe así: “Primero las había visto en Peyote y mescalina, entonces yo habría dicho (cuando aun inoscente jugaba con las palabras) -Ah! La manifestación de la multiplicidad, de hecho puedes verla y no son solo palabras, (…) hasta que el alba finalmente llega, mi mente es solo una serie de explosiones que se hacen más estruendosas y más se multiplican en pedazos rotos, algunos de ellos grandes y orquestrales, luego, explosiones de arcoiris de sonido y vision mezclados.”

 Paradojicamente, el aislamiento puede ser tan extremo e insómnico, que empuja tarde o temprano   a buscar desesperadamente refugio en otro cuerpo humano que duerme en el piso.

 “Ahora que Biellie está dormida, tan quieta y pacífica, me pregunto si podré dormir junto a ella, abrazandola. Eso hago, gateo con mi ropa puesta, la cual me puse porque tengo miedo a enloquecer desnudo, o a no poder escapar de repente de todo, con mis zapatos. Ella se queja un poco en su sueño, y continúa durmiendo mientras la abrazo con estos ojos quietos y rígidos”

 Este párrafo es un ejemplo de las muchas alusiones a la muerte en el libro Big Sur, las cuales dan un tinte de necrómago, como sugiere de paso mi amigo Marco Antonio Regalado al respecto.

 En algún momento de delirios y paranoia, propiciados por la abstinencia en un alcoholico,  hasta las palabras que habrían sido su pasión llegan a convertirse en verdugos: “Las palabras que había estudiado toda mi vida, de pronto me han llegado con todas sus más serias y definitivas facturas. Nunca más seré el “poeta feliz” “cantando” “sobre la muerte” y aliados asuntos románticos”

 En la novela, entonces viene un final que yo consideraría feliz por tratarse de un despertar después de largas torturas físicas y mentales, y después de una siesta de gato, o ¿después de morir?  la interrogante apenas sugerida por las numerosas referencias a la muerte a lo largo de la narración.

 Al final del libro viene impreso el poema MAR que nació de todo el dolor de Jack en Big Sur, tras sus días en la cabaña. El poema también trae referencias a Joyce, así que asumo que fue una gran influencia en la carrera literaria de Jack Kerouac, y casulamente me tope con los dos el mismo día. Sobra decir que el poema tiene la musicalidad del mar, así como sus abismos que entierran tumbas. Su musicalidad consiste en el uso de lineas, frases entre el delirio ininteligible del mar, las palabras existentes, y sonidos inventados si no por el mar, por Jack Kerouac

 “Algúna  vez le he contado sobre el agua que se junta con el agua”

 

 

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

¿Cómo te Atreves a Elucidar Mrs. Dolloway? O Un Miercoles de Junio.

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Su único don era conocer a la gente casi por instinto, pensó mientras caminaba

 

Ahora puedo decir con certeza que a cada libro le llega su momento. Habíendo leído otros libros de Virginia Woolf, pospusé Mrs. Dolloway intencionalmente, aunque las razones no estaban claras para mi entonces. Finalmente decidí afrontalo y con deleite. Cosiderando que se trata de Virginia Woolf, pero no solamente Virginia Woolf la escritora, ensayista, pensadora universal en la que se ha convertido con el tiempo, sino la Ginia cercana a mi corazón, que se convierte todos los días en la mejor escritora que podía ser, las mismas razones quizá que la han hecho universal, desisto a la idea de hacer una reseña per se. Por unas cuantas afinidades, puntos de vista en a la forma creativa, lo menos que podría resultar de este intento, quizá sea una eulogía, no muy alagadora, espero.

Virginia se ha convertido en un punto de referencia para mí, pero… ¿Cómo te atreves a elucidar La Señora Dolloway? me dije y aquí está la pregunta al aire, sin categorizar el libro.

Puesto que estoy tratándo el libro desde una cercanía quizá peligrosa para una reseña objetiva, usted trate esto como una experiencia de domingo en la tarde, o como el mismo miércoles de junio donde existe La Señora Dolloway.

Es una novela con aliento de continuidad. Más allá de la división de capítulos que para nada ejercen un cambio de voz o escenario predescibles. La aparición de uno u otro personaje puede ocurrir en medio de un párrafo, inclusive a la mitad de una línea. Un libro que además de su efervesencia interor, cuenta una historia en tal forma inteligente, que mantiene atento al lector. Nos desviste el mundo de Clarissa Dolloway, un Londres con relojes, cuyo fin principal es unir a los distintos personajes.

Lo curioso de regresar a Londres después de cinco años, era la forma que esto hacía, aunque fuera los primeros días, que las cosas sobre salieran, como si nunca antes las hubiése visto: Los amantes discutiendo bajo un árbol, la vida doméstica de la familia en los parques. Nunca había visto a Londres tan encantador; la suavidad de las distancias, su riqueza, el verdor, la civilización después de India, pensó”

Es inevitable, al leer el libro, no contagiarse de su efervesencia interior. Está la visión de Peter que se fue y ha vuelto de la India, y anda por las calles de Londres después de saludar a Clarissa, el antiguo amor de su vida. La visión de Clarissa es la visión del que se queda y ha encontrado en esta ciudad lo que da sentido al instante.

Lo que amaba era esto, aquí, ahora, frente a ella. La dama gorda en el taxi…¿Importaba entonces -se preguntó, caminando hacia Bond Street- importaba que ella inevitablemente deba cesar copletamente? Todo esto debe continuar sin ella ¿Lo resentía, o acaso no se convertía en consuelo creer que en la muerte terminaba absolutamente todo? Pero eso, de alguna manera en las calles de Londres, en el estar y flúir de las cosas , aquí, allí, ella, sobrevivía, Peter sobrevivía, vivían el uno en el otro, ella, siendo estaba segura, parte de los árboles, de esa casa así fea, cayendose a pedazos como estaba, parte de la gente que ella nunca había conocido. O ella, allí afuera como una llovizna entre la gente que mejor la conocía, quienes la sostenían en sus ramas como había visto que los árboles sostenían la llovizna, pero se extendían tan lejos, su vida, ella misma”

En este libro se exploran la mente y las emociones, y los sucesos que las propician no son secundarios.

Como había sido tan infeliz ahora ya por semanas, Rezia le daba significado a las cosas que ocurrían, casi sentía a veces que debía parar a la gente en las calles, si se veían bien, gente amable, solo para decirles “soy infeliz” Y esta vieja cantando en la calle “Si alguien viera lo que importa” de repente le aseguraba que todo iba a estar bien. Irían a ver al Sr. William Bradshaw, pensó, su nombre sonaba bien; él curará a Septimus en seguida”

El tiempo de la novela, aunque es la médula principal del libro, en la visión de los personajes es importante a lo largo de su trayecto un miércoles de Junio, por la trama, donde Clarissa Dolloway planea una fiesta, y sobre todo por los relojes, esa cronometría trasciende, termina convirtiendose en un tiempo sin noción de tiempo. Las cosas son otra cosa, el sonido de los relojes, las sirenas de la ciudad solo son una forma de recuperar o conectar a un personaje con otro:

Animado, casi alegremente, el hilo invencible del sonido termina en el aire como humo en la chimenea de una cabaña” Exquisito lirismo de este tipo a lo largo de la novela.

Los personajes a veces son el caso de la frontera, ni una cosa ni la otra, ante la vida de la ciudad y las denigrantes condiciones de la guerra. Como en el caso de Sally Seton, amiga de Clarissa de quien en un tiempo estuviera desesperadamente enamorada, ahora está casada con un hombre, del cual Clarissa piensa que es inferior a Sally. Evans, amigo de Septimus, quien muriera en la guerra y ahora convertido en fantasma que se encontraba Septimus en cualquier parte de la ciudad, Rezia, su mujer a quien había conocido en Italia y ella había dejado todo para estar con él en esta ciudad que no termina de ser suya. Clarissa, la protágonista de la historia, una mujer que parece muy segura de sí misma, pero en realidad, batalla constante mente con sus inseguridades. Los personajes a veces se sienten difusos en la diversidad de la metrópoli. Lo mejor del estilo de Virginia Woolf, es que crea personajes autónomos y sus emociones son propias. Para nada siente el lector que los personajes son manipulados, existen con naturalidad.

Londres ha tragado a muchos millones de jovenes llamados Smith, sin cosiderar fantásticos nombres cristianos como Septimus”

Nadie queda exento a los rigores de la guerra aun en la ciudad“Tan impertinentes e insidiosos eran los dedos de la guerra europea…”

Clarissa es una mujer auténtica con todo y sus inseguridades, y no la mujer superficial que muchos en la novela piensan que es. Ama la vida, ama organizar fiestas, invitar distintos círuculos de la sociedad aunque haya algunos que no la convencen, ama a su hija Elizabeth, a Richard, se extasía ante las flores. Me encanta como es consciente de las deficiencias del gobierno de su tiempo a pesar de que Richard su marido es parte de el.

Una cosa curiosa que me pasó con Clarissa en el libro, es que todo el tiempo estuve viendo la cara de Meryl Streep, oyendo su voz y atajando sus manerismos, supongo que habiendo visto la película de Las Horas antes de leer La Señora Dolloway, es comprensible y absurdo al mismo tiempo, pues se trata de dos distintas Clarissas. En fin, la película es materia de otro tema rico.

En el libro mucho se dice sin decirse, lo cual es un alivio: “No dijo te amo, pero le tomó la mano” de tal forma se van dando las relaciones entre los personajes.

El conflicto entre los humanos y consigo mismos es otro aspecto latente de la novela, si no me equivoco el más importante: “El no quería morir. La vida era buena, el sol caliente, solo los humanos ¿Qué querían?”

El libro termina en el cúlmen de la fiesta, donde Sr. Bradshaw comenta sobre la muerte de un joven soldado, Septimus, que sufría desorden post traumático a consecuencia de ser sobreviviente de la guerra europea, como se refieren a la Primera Guerra Mundial. Siendo este conocimiento, el único encuentro entre Clarissa y Septimus Smith. A ella ¿le incomodó o dolió saber de su muerte como si lo hubiése conocido? Descúbrelo.

Puedo decir que el libro trata de eso que más que contarles, he intentado insinuar, para no arruinarles la lectura, pero eso no es todo. Neil Gaiman dice en un análisis sobre Farenheit 451 de Ray Bradbury, que un libro se trata sobre eso que nos es evidente a los lectores, pero además, siempre se trata de algo más. Yo agregaría que sobre todo sucede con los buenos LIBROS.

Como en el caso de la gente de una ciudad o de un libro, que a veces solo llegan a cruzarse en nuestra vida por oídas, así espero que con ustedes queridos lectores, nos encontremos, si no en la calle, o en el Londres de La Señora Dolloway, en nuestras mentes al margen de la palabra.

Las citas en cursiva son tomadas completamente y traducidas a mi responsabilidad, del libro Mrs. Dolloway, de Virginia Woolf.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

CAMPANA DE CRISTAL

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En Febrero de este año por fin se me hizo leer La Campana de Cristal de Sylvia Plath, poeta norteamericana contemporánea del siglo XX. Después de querer y por angas y mangas quedarme queriendo, cumplí el deseo de indagar el libro, de discertar en su aire que en inglés “The Bell Jar” me sonaba a jarra de cristal.

Entre otras cosas, leí también algunas opiniones y críticas al respecto. Y entre que si es una novela autobiográfica, o ficción realista sobre la adolescencia y las encrucijadas a las que se tienen que enfrentar los jóvenes, en particular las mujeres al llegar a la vida adulta, o si bien es una novela feminista, un tanto autobiográfica que trata la situación de una joven artista frente al dilema de sus limitadas opciones, la de lo convencional, casarse y tener hijos apostando a perder su lado artistico, o dejarse ir con toda la lucha de la creatividad, renunciar a una vida convencional, rechazar a su prometido y explorar todas las posibilidades como individuo, tanto en lo profesional como en la vida sexual, esto último es expuesto más como una teoría que la protagonista ejercitó solo una vez y con consecuencias horribles, por cierto, pero si escoge renunciar a lo convencional, debe enfrentarse a la soledad y aislamiento. No contaré la trama, lea. Yo me quedo con sus atmósferas.

El principio es un “gancho” tremendo a la imaginación, que poco a poco se va convirtiendo en el mismo impacto, la misma angustia del personaje que lee en cada ezquina de New York, la noticia sobre una ejecución en silla eléctria. De por sí, New York es un escenario perfecto para casi cualquier historia inquietante, y en verano más por los niveles de humedad y calor desquiciados.

Sylvia maneja a lo largo de la novela, una descripción aguda, inusual y detallada de lo que está ocurriendo. Y al mismo tiempo, uno se imagina a la artista cómo va colgando los detalles más inesperados en la trama, uno a uno, como ropa recién lavada en el tendedero, flotan, se airean de la realidad emocional del personaje.

Es sorprendente la naturalidad con que se van distorcionando las visiones de Esther Greenwood, de lo racional e inteligente como una joven poeta que ha ganado varios concursos escribiendo poemas y cuetos , a lo irracional e inteligente hasta el final, cuando la adversidad pone a prueba su sanidad mental y tiene que ser reparada.

Nunca había uno sido testigo tan claro de la postura de un personaje en tiempo presente, un tiempo que recurre a lo largo de la novela, el pasado es apenas mencionado y el futuro, tiene solo una predicción al final del libro, cuando un personaje sometido a tratamientos de electro shocks ve la posibilidad de salir a la calle a tratar de vivir nuevamente una vida normal, lo que es, así como la posibilidad de olvidar, y lo que podría ser, aceptando su realidad de mujer reparada como parte de lo que ella es.

Puedo decir al terminar recién su lectura, que me entretuve infinitamente en observar ese mundo distorcionado pero más claro que el agua. Estuve leyendo con avidez al punto del morbo. Lo triste es que a su término, la convicción más cierta que tengo es que el aire bajo la campana de vidrio, es irrespirable, pero elemental en su dimensión literaria.

Beatriz Osornio Morales, la imagen es de la red.